De 'Días contados' a 'Maixabel': así ha narrado el cine el terrorismo de ETA
Un 22 de marzo de hace 20 años, ETA anunció un alto el fuego permanente que rompería en diciembre del mismo año con un atentado en la T4 de Barajas con el que mató a dos personas.
Ahora recordamos cómo el conflicto de Euskadi se ha filtrado en el cine español. Las películas han revelado puntos de vista distintos hasta llegar a la liberación por la comedia.

Madrid-
El 22 de marzo de 2006 ETA anunció un alto el fuego permanente en España que rompería meses después, en diciembre del mismo año, con un atentado en la T4 de Barajas con el que mató a dos personas. El conflicto en Euskadi, trágicamente presente en la vida de miles de personas, se había filtrado en el cine desde mucho antes del inicio del proceso de paz, pero el mismo año en que la organización terrorista anunció ese alto el fuego permanente, Manuel Gutiérrez Aragón había comenzado a rodar Todos estamos invitados, un valiente retrato del miedo de la sociedad vasca, cómplice involuntaria en ocasiones por su silencio, desde el que lanzaba una advertencia: "No se puede olvidar".
Fue Premio Especial del Jurado y mejor actor de reparto para Óscar Jaenada en el Festival de Málaga. La película, de hecho, era una inteligente y muy oportuna reflexión sobre el recuerdo y el olvido, lanzada desde la vida de dos personajes: un profesor universitario amenazado y un etarra que sufría amnesia. "El personaje del etarra sufre una pérdida involuntaria de memoria, pero nunca se sabrá en la película si es que no quiere recordar, finge no recordar o realmente no recuerda nada. Y esto coincide con un momento en el que nos preguntamos qué hacer con la memoria, si nos libramos de un peso al olvidar, o si la manera de liberarse es recordar", dice Gutiérrez Aragón.
Pontecorvo e Imanol Uribe
Como él mismo adelantó ya en las semanas de rodaje, la película fue "incorrecta para todos", y como ella, prácticamente todos los trabajos que se han aproximado desde el cine al conflicto vasco han sido oportunos para unos y justo lo contrario para otros. El cineasta italiano Gillo Pontecorvo, que ya había estrenado la extraordinaria La batalla de Argel, contó en 1979 el atentado contra el presidente del Gobierno franquista Carrero Blanco del 20 de diciembre de 1973 en Operación Ogro. Con un tono muy próximo al documental y muy concentrado en todos los detalles del atentado, hubo quienes acusaron al director de romantizar a los terroristas que participaron en el golpe.
Ese mismo año, Imanol Uribe estrenó El proceso de Burgos, un documental sobre el consejo de guerra celebrado por el asesinato del comisario de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, el torturador Melitón Manzanas. La película, que no recibió ni un duro de ayuda oficial, ganó varios premios y lideró una agria polémica. "No se puede ser neutral, se puede ser honesto", señaló el cineasta, que a pesar de los ataques recibidos por aquel trabajo siguió indagando en la realidad de Euskadi y de la lucha armada.
Lo hizo en La fuga de Segovia (1981), donde narraba la fuga real de un grupo de presos de ETA político-militar en abril de 1976. En La muerte de Mikel (1984) radiografiaba la sociedad vasca, sus prejuicios y denunciaba el repugnante uso político que se hace de los muertos. La película fue, para disgusto del sector conservador del país, un enorme éxito de público. Le siguió otro rotundo triunfo, Días contados, en 1994. Concha de Oro y mejor actor para Bardem en San Sebastián, ocho premios Goya, cuatro Premios Ondas y el premio Sant Jordi, era una historia de amor entre un etarra y una prostituta enganchada a las drogas. Y en 2015 firmó Lejos del mar, otra historia de amor esta vez entre un miembro de ETA y una médica, mucho menos reseñable que las anteriores.
Puntos de vista
El terrorismo de ETA se ha revelado en el cine desde puntos de vista muy diferentes. Pedro Costa dedicó El caso Almería (1984) a la tortura y asesinato reales de tres jóvenes cántabros, a los que la Guardia Civil confundió con etarras. Eloy de la Iglesia contó una historia de amistad entre el hijo de un guardia civil y el de un político abertzale en El pico (1983). Ana Díez debutó en la ficción con la magnífica Ander eta Yul (1988), relato también de dos amigos, un terrorista y un camello, que le valió las críticas de los independentistas y también del Ministerio del Interior. La cineasta Helena Taberna dedicó Yoyes (2000) a Dolores González Katarain, la primera mujer en puestos de responsabilidad en ETA, que fue asesinada después por la banda terrorista. Y Jaime Rosales mostraba la vida de un terrorista antes de un atentado en la excelente Tiro en la cabeza (2008).
Hay algunos títulos más de interés, documentales como Asesinato en febrero (Eterio Ortega, 2001), sobre el asesinato del parlamentario socialista vasco Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz; La pelota vasca. La piel contra la piedra (2003), por la que Julio Medem sufrió un acoso brutal por parte de la Asociación Víctimas del Terrorismo antes incluso de que hubieran visto la película, o la conmovedora Trece entre mil (2005), que Iñaki Arteta dedicó a las víctimas del terrorismo.
Están las recientes Maixabel (2021), en la que Icíar Bollaín mostraba los encuentros restaurativos en Euskadi a través de la figura de Maixabel Lasa, que se reunió con los dos exmiembros de ETA que asesinaron a su marido, Juan Mari Jáuregui, y La infiltrada (Arantxa Echevarría, 2024) y Un fantasma en la batalla (Agustín Díaz Yanes, 2025) que contaban la misma historia real, la de una agente infiltrada en ETA durante años.
Llegó a la liberación con el humor
Unas más interesantes y acertadas que otras, algunas extraordinarias, otras especialmente audaces… Pero ninguna de ellas se acercó, parecía imposible hacerlo, a la comedia. Hasta que llegó Borja Cobeaga y nos partimos de risa con una película de ETA. Fue Negociador en 2014. El día que se proyectó en el Festival de San Sebastián, donde ediciones de años anteriores habían estado muy marcadas por el conflicto en Euskadi, algunos periodistas y críticos salieron del cine con lágrimas en los ojos. Habían llorado de pura felicidad por poder reírse por fin en Euskadi con una historia sobre este tema. Y en 2017, el cineasta remató con Fe de etarras (2017), un disparatado comando de ETA atrincherado en un piso franco esperando para pasar a la acción. Era el ocaso definitivo de ETA. Fue polémica antes de su estreno, pero era una auténtica celebración. "Hacer una comedia riéndote de ETA cuando el terrorismo ha terminado es muy liberador".




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