'Forastera’, el luminoso retrato del duelo con el que debuta Lucía Aleñar
La directora y guionista indaga en las maneras que buscamos para mantener presentes a los seres queridos que hemos perdido.

Madrid-
Crecer desde el dolor profundo de la pérdida de un ser querido, iluminar el vacío que queda, jugar con la ilusión de la presencia de esa persona… es lo que hace Catalina, la joven protagonista de Forastera, la ópera prima de Lucía Aleñar, un drama, aunque parezca paradójico, radiante, con el que ganó el premio FIPRESCI de la crítica internacional en el Festival de Toronto (Discovery).
"La intención es mostrar cómo el duelo nos parece que nos hace el mundo más pequeño, pero en realidad nos abre las puertas a ver la vida con otros ojos y a encontrar a nuestros seres queridos o a tener a nuestros seres queridos presentes de otra manera", dice la directora y guionista que decidió indagar más en los temas de la pérdida y el duelo a partir de su cortometraje anterior del mismo título.
Protagonizada por Zoe Stein, que ya rodó aquel corto con Aleñar, y por Lluís Homar, Forastera es la historia de un verano en Mallorca, donde Catalina y su hermana menor pasan las vacaciones con sus abuelos. Una noche la joven, de 17 años, encuentra muerta a su abuela y repentinamente se abre para ella un espacio de imaginación e ilusión, vistiendo las ropas de la difunta y jugando a simular ser ella.
El juego de la ilusión
Lucía Aleñar construye así una película de fantasmas o una fantasmagoría terrenal, en la que esa presencia "o energía o como quiera llamarlo cada uno" alumbra ese verano de ausencia y de tristeza. "Me interesaba introducir este elemento de manera muy casual, muy cotidiana, que estuviera muy anclada al mundo que vive esta familia, con cómo ve Catalina algunas cosas o con distintas casualidades… Lo interesante o lo bello del duelo es que te permite encontrar sentido nuevo a ciertas cosas".
"Quería justamente reflejar cómo nuestra imaginación o nuestra manera de ver el mundo se expande -añade la directora- y que el juego es una manera muy bonita de intentar acercarse a ciertas emociones o entender algo que nos está doliendo o que no acabamos de poder procesar. El juego nos permite no escaparnos o entender o acercarnos al otro".

Con dirección de fotografía de Agnès Piqué Corbera, la película avanza como si se pasaran páginas de un álbum de fotos o se descubrieran postales de una Mallorca bellísima, idílica. "Queríamos crear estas imágenes muy bonitas, pero que, como toda postal, tiene algo como fabricado. Todos los colores pastel tan coordinados… Y con luz que fuera natural y planos generales, que son planos muy largos, que nos obligan a permanecer en la escena, a explorarla de otra manera, que permiten que el ojo viaje por el cuadro". Planos largos que sirven también a la directora para plasmar la idea de un tiempo que pasa, pero que querrías detener.
La familia
Nuria Prims, Martina García, Nonni Ardal Hammarström y Marta Angelat completan el reparto de la película, un trabajo en el que Lucía Aleñar retrata también el papel de cada miembro de una familia ante una muerte y la forma en que las relaciones cambian tras un suceso así. "En el contexto familiar es donde está realmente la tensión de la película. Si es difícil estar en armonía sin un duelo, ya con uno por atravesar es todo más complicado".
Y en los nuevos vínculos que se crean en esa familia, Catalina encuentra una conexión no solo con su abuela muerta, también hay un encuentro a través del juego de la ilusión con su abuelo, y una complicidad con su madre y su hermana pequeña. "Con su madre, acaban viéndose, no por primera vez, pero se ven con ojos nuevos. Hay un acercamiento nuevo que es muy importante. Para mí era importante crear ese vínculo incluso con la hermana pequeña también, y ver cómo existe esa unión entre ellas dos".
Forastera está encerrada en una isla y en una cápsula de tiempo, un verano que va a terminar y que es, justamente, el momento en que una joven vive el viaje hacia la edad adulta. Para el personaje principal de esta historia, la muerte de su abuela es el inicio repentino de ese cambio, "para ella es una transformación, particularmente porque está en la adolescencia, aunque creo que es algo que ocurre incluso si te pasa con 50 o con 60 años. También estás transformándote de otra manera. Al final, es algo por lo que pasamos todos, que es muy difícil de llevar, pero que te acompaña y te acaba cambiando".




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