Entrevista a Ana Valero, profesora de Derecho Constitucional:"El lenguaje sexual es un terreno minado para la claridad"
La autora de 'La libertad de la pornografía' (2022) reflexiona en esta entrevista con Público sobre las principales ideas de su último libro, 'Una mirada cinematográfica sobre el consentimiento sexual' (2025).

Madrid-
Desde hace décadas, el concepto de consentimiento sexual ha evolucionado y, con él, la manera en que nuestras sociedades piensan, legislan y representan la sexualidad y las relaciones íntimas. En su más reciente obra, Una mirada cinematográfica sobre el consentimiento sexual (Editorial Tirant Lo Blanch), la profesora y jurista Ana Valero reflexiona sobre cómo el cine y las series han convertido la pantalla en un espacio privilegiado para explorar, debatir y problematizar el significado de este concepto tan disputado. En esta entrevista, Valero profundiza en las ideas que plantea en el libro y pone de relieve la forma en que las mujeres directoras han complejizado un debate anteriormente totalizado por la mirada masculina.
En el libro explicas que el consentimiento ha sido históricamente un concepto "poco pacífico" dentro de los feminismos. ¿Por qué te interesaba abordarlo en este momento?
Porque pese a que dentro del feminismo los debates acerca de la virtualidad y el alcance de este concepto se remontan como mínimo a los años 70 del pasado siglo, es recientemente cuando dicho debate ha trascendido las fronteras de lo teórico y lo académico para llegar a la conversación pública, cultural y al ámbito legislativo. En la última década hemos comenzado a preguntarnos si la libertad sexual tiene límites y cuáles son éstos. En España, fueron el caso de La Manada y el estallido del #MeToo los detonantes de la aprobación de la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de Garantía Integral de la Libertad Sexual, que provocó un interesante debate social en torno al consentimiento.
"Frente al tradicional protagonismo de la mirada masculina, que no cuestionaba la violencia sexual (...), las directoras la complejizan"
El consentimiento sexual es tendencia y sobre él se ha posado la atención no solo de las conversaciones feministas y del debate jurídico sino también la actualidad del relato cinematográfico, protagonizado principalmente por mujeres cineastas. Ellas han tomado el mando en las producciones audiovisuales que hablan sobre la violencia sexual y el consentimiento. Frente al tradicional protagonismo de la mirada masculina, que no cuestionaba la violencia sexual contra las mujeres, sino que se limitaba a visibilizarla como un hecho material inevitable en la vida de éstas, las directoras contemporáneas la complejizan y muestran las aristas del consentimiento en sus creaciones.
Como jurista, como feminista y como amante del cine, no podía dejar pasar la posibilidad de adentrarme en este "jardín", asumiendo el riesgo que supone ser una voz minoritaria y no siempre "políticamente correcta" en estos asuntos.
Uno de los grandes pilares del libro es si es posible la violencia sexual involuntaria, si existe margen para el error sobre el consentimiento. De hecho, defiendes que el modelo afirmativo es poco realista e incluso que infantiliza a la mujer…
"Existen casos en los que el hombre puede llegar a creer que hay actos que significan un 'sí' y actuar convencido de que ella consiente sin ser así"
Sí, me obsesionaba la idea de que cuestiones como los estereotipos de género o ciertos falsos mitos sobre los deseos y los placeres sexuales de la mujer que están todavía muy presentes en nuestra sociedad, especialmente entre las personas jóvenes, pudiesen estar incidiendo en la manera de entender la sexualidad y, por tanto, el consentimiento. En el libro trato de esclarecer cuáles son esos factores que todavía hoy marcan una distancia enorme entre las expectativas sexuales masculinas y femeninas, lo que conduce a situaciones de falta de comunicación y entendimiento. Dichos factores están representados en las ficciones audiovisuales que analizo y a través de ellas evidencio que sí, que es posible el error sobre el consentimiento. Por tanto, existen casos en los que el hombre puede llegar a creer que hay actos de la mujer que significan un sí y actuar honestamente convencido de que ella consiente sin ser así, o situaciones en las que la negativa de la víctima ha pasado realmente desapercibida o es incomprendida.
En ese sentido, ¿qué riesgos crees que tiene intentar dar una fórmula simplificada o general a un concepto tan complejo como es el consentimiento?
"El consentimiento sexual está condicionado por la interpretación (...) Dicha interpretación se encuentra subordinada a estereotipos de género"
Creo que es ingenuo pensar que una fórmula verbal va a despejar todas las incógnitas y va a permitir discernir de manera clara y meridiana cuándo hay violencia sexual. Creo que el modelo de consentimiento afirmativo por el que ha optado el legislador español no es capaz de tanto. Y ello porque, como trato de demostrar en el libro a través del análisis de películas y de series, el consentimiento sexual está condicionado por la interpretación subjetiva que se haga de las manifestaciones verbales, las insinuaciones, los comportamientos y las actitudes previas o propiamente sexuales, los silencios y las dilaciones. Dicha interpretación se encuentra subordinada, a su vez, a roles o estereotipos de género que condicionan la percepción de la relación sexual y su carácter o no consensuado. Pensar que toda esta complejidad puede despejarse a través de un sí es ser poco realista.
¿Por qué decidiste tratar el consentimiento sexual a través del análisis cinematográfico? ¿Qué aporta la ficción audiovisual (ya sea El acusado, La Condanna, How to Have Sex, Bombshell o Elle) que no ofrecen otros enfoques teóricos o jurídicos? ¿Cómo dialoga tu formación jurídica con el análisis de la narrativa fílmica? ¿Qué te aporta esa disciplina al examinar escenas complejas? Y, ¿hasta qué horizonte crees que puede llegar el derecho en la definición del consentimiento y hasta dónde puede llegar el cine en su representación?
Creo que el Cine es el medio idóneo para representar las complejidades del consentimiento sexual por múltiples razones. Por un lado, el lenguaje cinematográfico, gracias a su combinación de imagen y sonido, captura simultáneamente los gestos, las miradas, las palabras o los silencios que concurren en el encuentro sexual. Ningún otro medio es capaz representar con tanta fidelidad un "ecosistema comunicativo" tan complejo. Por otro lado, los recursos cinematográficos permiten mostrar las dinámicas de poder que atraviesan el consentimiento, los entornos sociales y culturales que ejercen presiones que no pueden desligarse de la manera subjetiva de entender el sexo, etc. Mientras el Derecho necesita claridad y seguridad jurídica, el Cine puede y debe representar las complejidades, los matices, las zonas oscuras y las disonancias que muchas veces existen entre lo que parece y lo que es.
"El Derecho no puede regular el deseo y debe atender exclusivamente a la voluntad"
Por ello creo que el Derecho no puede regular el deseo y debe atender exclusivamente a la voluntad. Y, en muchas ocasiones, el Derecho no es capaz de resolver situaciones complejas, pues no puede atender a los condicionantes que proceden del estatus social, del entorno familiar, del bagaje cultural, del nivel educativo, del proceso de socialización, etc en que se ubican la víctima y el agresor. El cine muestra todo aquello que no puede ser encapsulado en una fórmula jurídica, porque es capaz de mostrar la realidad, que es todo menos simple y, por tanto, difícilmente simplificable.
En el libro recorres obras de distintos momentos de los siglos XX y XXI. ¿De qué manera el contexto histórico influye en cómo se representan el deseo, las relaciones y el consentimiento sexual en pantalla? ¿Por qué es importante contextualizar no solo históricamente, sino también jurídicamente las obras? O, dicho de otro modo, ¿qué riesgos hay en aplicar lecturas jurídicas, culturales o sociales actuales a películas realizadas en marcos muy distintos a los actuales?
El riesgo de tratar de hacer encajar en las costuras éticas actuales las creaciones literarias, fotográficas o cinematográficas de otro tiempo, o a los propios artistas y sus vidas, conduce inevitablemente a esa nueva forma de censura que es la "cancelación" que conlleva, en mi opinión, la "infantilización" del espectador.
"El arte es, por emplear el lenguaje de la ficción, el ámbito más adecuado para 'suspender la moral'"
Tratar de resarcir a las identidades históricamente humilladas, incluidas las mujeres, a través del cuestionamiento de cómo fueron representadas en la ficción en aras de una insensata búsqueda del "perfeccionismo moral" es un error. Además, precisamente el arte es, por emplear el lenguaje de la ficción, el ámbito más adecuado para "suspender la moral".
Dices que el cine permite explorar los "terrenos grises" del consentimiento. ¿Qué escena o película de las que abordas en este volumen consideras más reveladora para explicar esas zonas que la ley no consigue abarcar?
Creo que no es posible seleccionar una en concreto, cada una de ellas aporta un matiz revelador de esas "zonas grises", oscuras: lo hacen creaciones actuales como How to have sex o El Acusado en relación con las presiones sociales o las que derivan de los roles tradicionales de género y su incidencia en el consentimiento; lo hacen otras obras menos recientes como La pianista o Elle sobre las aristas del deseo femenino y su no necesaria coincidencia con la voluntad; y también lo hacen otras creaciones cinematográficas como El Consentimiento o Little Girl Blue, a través de las cuales sus autoras pretenden rendir cuentas con el lema "prohibido prohibir" de mayo del 68, entre otras.
En How to Have Sex señalas que Tara dice "sí" sin desearlo en dos ocasiones y cómo esa falta de deseo real se transmite a través de los recursos audiovisuales. Lo muestras precisamente como un ejemplo de que la fórmula del consentimiento afirmativo puede no ser la respuesta definitiva…
Sí, creo que su directora, Molly Manning Walker, consigue poner sobre la mesa con esta película, sin ningún género de dogmatismo, toda la coacción ejercida por los estereotipos de género y cómo estos determinan el sentido del consentimiento sexual. Tara, su protagonista, no sabe si lo sucedido con su compañero de hotel está mal, solo que le genera un profundo desasosiego. No se siente capaz de contárselo a sus amigas. La presión social que ejercen los roles adolescentes, trufados de expectativas frustradas, conducen a Tara -sujeto pasivo- a expresar clara y reiteradamente un sí, previa interpelación por parte del sujeto activo, Paddy. Pero esa relación sexual consentida no es una relación deseada ni realmente querida por ella, lo cual induce a pensar que la fórmula del consentimiento afirmativo no es la respuesta definitiva.
¿Cómo has afrontado el hecho de integrar los conceptos jurídicos dentro del análisis cinematográfico y, al mismo tiempo, mantener la fluidez o la accesibilidad para lectores no especializados?
Mi propósito era no emplear las películas que aparecen en el libro como una excusa para exponer mis tesis jurídicas sobre el consentimiento sexual, sino hablar también de cine, en la medida en que puede hacerlo alguien como yo, una mera amante del Séptimo Arte. Y ello a través de una escritura capaz de atrapar a un lector no necesariamente especializado en una u otra disciplina. Esa es la manera de escribir en que me siento más cómoda desde mi anterior libro La libertad de la Pornografía. Creo que a los profesores de Universidad nos compete la tarea de atrevernos a salir de la burbuja de los estudios académicos (destinados exclusivamente a nuestros colegas) para llegar al gran público, porque nuestra labor, en última instancia, es la de contribuir a la conversación pública. Si lo he conseguido o no corresponde juzgarlo al lector.
¿Qué criterios seguiste para seleccionar las películas y series del libro? ¿Hubo obras que te hubiera gustado incluir pero quedaron fuera por cuestiones de espacio o enfoque?
No, incluí todas aquellas que me parecían representativas y el criterio de selección no fue otro que el de su capacidad para mostrar algunas de las múltiples aristas que caracterizan un concepto tan complejo como el consentimiento sexual.
¿Hasta qué punto crees que las representaciones de las relaciones sexuales, el deseo y la presión social (como las que vemos en How to Have Sex) conectan con las discusiones actuales sobre el consentimiento en la vida real?
"El lenguaje sexual es un terreno minado para la racionalidad y la claridad"
La sexualidad es inaprensible, está colmada de intimidad, de simbolismo y de señales no siempre precisas. En consecuencia, el lenguaje sexual es un terreno minado para la racionalidad y la claridad. A ello debe sumarse que los roles de género juegan un papel fundamental en la conformación de expectativas y actitudes tanto en el acercamiento como en la propia interacción sexual. Por tanto, el consentimiento sexual y los criterios que deben configurarlo distan mucho de poder ser definidos y valorados de un modo previo, general e inequívoco. En este sentido, creo que las obras cinematográficas más recientes de mujeres cineastas acercan mucho más la ficción a la vida real que aquellas otras que se hicieron en el pasado y desde una óptica preminentemente masculina.
¿Qué opinas sobre las películas que utilizan la violencia sexual como motor narrativo? ¿Y aquellas que, en cambio, pivotan en torno al "rape revenge"?
Las narrativas cinematográficas actuales rompen con la idea del violador como un psicópata o criminal desconocido que agrede a la mujer empleando la fuerza. El agresor ahora es una persona conocida por la víctima, con la que ella ya tiene o ha tenido una relación de tipo afectivo o sexual o de amistad, un compañero de universidad o de trabajo, un padre de familia, y una persona generalmente respetada por su comunidad. En todos estos contextos, dilucidar si ha concurrido o no el consentimiento no es una tarea fácil, y de ello se hacen eco las múltiples películas y series que han aparecido en cartelera en los últimos años. Creo que estas películas se adecúan mucho más a la realidad de las relaciones sexuales y de los antagonismos que se producen en su seno, que aquellas otras que muestran el empleo del uso de la fuerza física.
En el libro también abordas los contextos en los que el consentimiento no es posible, como cuando la persona agredida es menor de edad o determinadas situaciones de vulnerabilidad. ¿Qué importancia tenía para ti remarcar esa frontera?
"Era importante dejar claro que hay momentos o contextos en que la concurrencia o no del consentimiento no es jurídicamente relevante porque no es posible consentir"
Creo que era importante dejar claro que hay momentos o contextos en que la concurrencia o no del consentimiento no es jurídicamente relevante porque no es posible consentir libremente: el sí de un menor de edad que consiente tener relaciones sexuales con alguien mucho mayor que él no es jurídicamente vinculante, como tampoco lo es el hecho de que el consentimiento haya sido prestado desde una posición de absoluta subyugación respecto del poder de otro. Una de las tesis que defiendo en el libro es que, precisamente, el modelo legislativo actual del consentimiento afirmativo -solo sí es sí- "infantiliza" a las mujeres y nos acerca a esos estados en los que no es posible consentir. No nos considera aptas para elaborar, por nosotras mismas y al margen del proteccionismo estatal, estrategias para establecer nuestros propios límites sexuales.




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