'Misericordia', una comedia anticlerical que defiende el derecho de todos a la sexualidad
La película, Espiga de Oro y mejor guion en la Seminci, es un thriller rural anticlerical cargado de humor negro, que se pregunta por lo efectivo o no del castigo y que explora el sentimiento de culpa.

Madrid--Actualizado a
"He hecho algo muy político en mi cine, defendiendo y dando derecho a la sexualidad, a la homosexualidad, a otras categorías de personas… a obreros, campesinos, a los viejos gordos… personas que no están en ese canon estético de la belleza comúnmente admitida". Alain Guiraudie, uno de los nombres reconocidos del cine de autor francés, insiste una vez más en esta defensa, en Misericordia, con la que vuelve, de nuevo, a reivindicar el deseo sexual de cualquier ser humano.
Espiga de Oro y mejor guion en la Seminci de Valladolid, la película es un cóctel de suspense, humor negro y crítica, un thriller rural anticlerical y muy libre, desde el que el cineasta se pregunta por la culpa y por la efectividad del castigo.
Coproducción entre España, Francia y Portugal, la película está protagonizada por Félix Kysyl, al que acompañan Catherin Frost, Jacques Develay y Jean-Baptista Durand, entre otros.

Historia de un regreso, el de Jérémie a su pueblo para asistir al entierro del panadero, su antiguo jefe. Con su vuelta, reaparecen antiguos deseos, rencillas y sospechas. En Misericordia hay un asesinato y su investigación, peleas, mentiras –todos mienten y reinventan sus historia–, hay perdón y un humor provocador y subversivo.
En esta película todo parecen fantasías adolescentes, pero cuando los personajes ya son mayores.
Así es, desde luego, todo viene de fantasías adolescentes. Ahí mezclo cosas desde mi primera juventud a hoy. En mis películas hay mucha nostalgia de mi infancia y de la adolescencia. Yo las mezclo y las cocino junto a preocupaciones de adulto y a mandatos del cine de género. Así, todo lo que ocurre en la película sirve de excusa para hablar de muchas cosas, una detrás de otra.
¿Del sentimiento de culpa?
Sí, primero, del sentimiento de culpa que te llega cuando eres adulto casi con cualquier cosa. En este caso no solo tiene culpa el que ha asesinado, sienten culpa también los otros.
Y ¿por qué esa necesidad de hablar del sentimiento de culpa?
Sí, hay algo que me intriga de la culpa. Creo que hay dos cosas, está la necesidad o las ganas de cuestionar la moral, esa idea de que se tienen que pagar las deudas. Pero creo también que es algo que viene de mi cultura cristiana. Ahora soy ateo, pero aun así he crecido en la cultura cristiana, he sido bautizado, fui a catequesis… todo eso hasta la adolescencia. Y, además, estamos inmersos en una sociedad judeocristiana. También viene de Dostoievski y de cosas que he leído. Estoy íntimamente persuadido de que todos tenemos algo que ver con los males del mundo y que, tal vez, el hombre al que ha asesinado el protagonista no ha tenido suerte en la vida. Haciendo la película he pensado mucho en un cantante belga. Su mujer fue asesinada a cuchilladas, una muerte muy violenta, y él rechazó presentar cargos contra el asesino. Esa historia me chocó mucho cuando era adolescente, porque creo que no se trata de perdonar al asesino, sino que él no quería vengarse o castigar al asesino de su mujer porque decía que la sociedad era culpable. Había una canción que decía "es la sociedad la que está enferma". Vamos que sí, doy muchas vueltas a esta cuestión.
¿Todos somos responsables de lo malo que hay en el mundo?
Eso resuena mucho en la película, que es un trabajo que he hecho mientras que Gaza está siendo machacada y es cierto que pensaba que esto era una locura. Se está asesinando a un pueblo y yo hago una película, ahí estaba esa culpabilidad.
Con esta película ¿quiere preguntar si realmente el castigo funciona?
Sí, totalmente. Eso es lo que quería decir al principio cuando hablaba de cuestionarme o cuestionar las lógicas de la moral estándar, esa idea de que hay que castigar a los asesinos para impedir que lo hagan de nuevo o para que otros no tengan ganas de asesinar. Hemos constatado que la cárcel no funciona, así que no estoy seguro de que las largas penas de reclusión sean interesantes. No estoy convencido de la utilidad de la prisión, salvo para, evidentemente, los grandes criminales de la humanidad.
Esta es una película que habla mucho del deseo sexual, pero no hay ni una escena de sexo y, sin embargo, hay muchísimas peleas y un poco de violencia. ¿Hay una relación entre violencia y sexo?
Sí. De entrada, hay un cuerpo a cuerpo en el sexo y la lucha es un cuerpo a cuerpo. En el sexo nos encontramos con nuestros instintos más primitivos, más animales, por así decirlo, así que creo que efectivamente hay una relación entre ambos. Las peleas no son necesariamente eróticas, pero tengo tendencia a pensar, aunque no estoy del todo seguro, que cuando se es adolescente, las peleas entre hombres son porque no se puede hacer el amor entre hombres. Y creo que en el cine, donde no se podían rodar escenas de amor homosexual, todo eso tiene que ver con el erotismo. He querido hacer una película erótica sin actos sexuales, cuando normalmente en mis películas hay alguna escena de sexo muy fuerte, pero aquí la escena fuerte del cuerpo a cuerpo, efectivamente, es una pelea.
Ha elegido a intérpretes que no cumplen el canon de belleza del cine, ¿hay una premeditación en esa apuesta?
Sí. La elección de los actores, por un lado, es algo muy íntimo, son personas con las que tengo ganas de rodar, por las que siento necesariamente deseo, no diría deseo sexual, pero sí hay un auténtico deseo por mis personajes, por mis actores. He hecho algo muy político de esto en mi carrera, en defender, en dar el derecho a la sexualidad, a la homosexualidad, a otras categorías de personas… a obreros, campesinos, a los gordos viejos… es decir, personas que efectivamente no están en ese canon estético de la belleza comúnmente admitida.
Sí, su película es política.
Sí. Si la política es el arte de organizar a los seres humanos en sus relaciones sociales, económicas…entonces el cine es político. Mi cine es político porque siempre estoy un poco intentando organizar eso, organizarnos socialmente y al mismo tiempo inventar nuevas relaciones.
En esta historia, cuando no se miente, se dicen las cosas sin adornos y nunca es una tragedia. ¿Es una manera de reivindicar una comunicación más sincera y directa?
Yo vengo de un mundo muy campesino donde hay dificultad en comunicar las cosas, donde domina la hipocresía, pero yo cuando tengo ganas de decir a alguien algo, la verdad es que se lo digo. Así que sí, tendríamos que hacerlo todos, la vida es mucho más sencilla cuando nos decimos las cosas y cuando nos las decimos directamente, incluso en la expresión del deseo. A menudo hago películas que corresponden a mis deseos, intento construir un mundo acorde a mis deseos.
El personaje del cura, que confiesa sus deseos más íntimos, en este mundo en que cada día se destapan casos de abusos a niños, ¿no era un poco delicado?
La dificultad es siempre disociar los abusos sexuales de los curas con su deseo, yo creo que soy bastante claro con esto. Yo soy homosexual y no tengo ningún riesgo de confundir homosexualidad y pedofilia, pero, en mi opinión, creo que es algo bueno que los curas sean hombres, que tengan deseos sexuales e incluso que sean homosexuales. El clero ha sido una vía de socorro para muchos homosexuales en el campo, incluso en la ciudad. No es sano asfixiar el deseo de nadie. Finalmente, son las altas esferas las que acallan todo eso y las que rechazan la expresión del deseo, ahí está el escándalo, en encubrirlo.
Alguna vez ha dicho que le sorprendía que hubiera salido tanto humor en esta película…
Desde luego en Cannes me sorprendió el estallido de risas. Hay dos secuencias en las que realmente la gente se ríe mucho, en EEUU se rieron más que en ningún sitio. Lo que sí estaba previsto era esa mezcla de drama y humor.
Los personajes hacen círculos en esta historia, van a por setas, van a la casa, van a la iglesia, van a por setas, van a la casa, van a la Iglesia… ¿por qué eligió esa estructura para el relato?
Digamos que hay un pequeño teatro rural, incluso a puerta cerrada, y, efectivamente, dan vueltas, porque todos damos vueltas sobre nosotros mismos. Creo que eso está muy presente en muchas de mis películas, esa vida, incluso en el exterior, que se convierte en algo bastante agobiante, rápidamente limitado, constreñido a los sitios. Ese recorrido circular también funciona para la forma en la que los personajes reinventan la historia. El personaje principal está obligado siempre a reinventar, a contar una nueva historia para ser coherente con los elementos nuevos que van apareciendo y el resto también está, en cierta forma, fabricando su propia historia. Y luego tengo la impresión de que, además de un círculo geográfico, hay una circulación de miradas y de relaciones entre los personajes.
Hay un momento en que alguien pregunta al personaje por qué inventa historias tan inverosímiles. Provoca una reflexión sobre la creación de historias, no solo de las mentiras. ¿Hasta qué punto ese es el límite, el de la verosimilitud, que usted se pone en la película?
Bueno, estoy en el límite entre lo verosímil y lo inverosímil, y a mí me gusta hacer posible lo improbable. Digamos que, por un lado, mi material es la realidad, trabajo con lugares reales, con personajes reales... lo real me interesa, creo que hay que respetar lo real. Y no tengo ganas de hacer fantasías totalmente delirantes, así que al final estoy en territorio de lo real, pero intento reinventarlo. También hay algo de mitomanía en la película, es decir, la cuestión de creerse el mito, o sea, hay una cuestión de fe en la película.
¿Eso no es pedir mucho en estos tiempos en que las plataformas explican demasiado las historias?
Sí, yo sé que esta película va en contra de eso, que es algo que se está instalando en el cine, todo muy masticado, digerido, muy fácil de consumir. A mí me gusta crear huecos en mi historia, brechas, para que el espectador también se haga su propia historia y rellene esos vacíos de la película. Creo que, si el espectador puede meter sus propios fantasmas en la película, todo gana.




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