'La misteriosa mirada del flamenco', western de venganza y cuento de amor en el desierto chileno
La ópera prima de Diego Céspedes, historia de una comunidad de travestis y del sida en un pueblo minero en los 80, ganó en Un Certain Regard en Cannes y el premio Sebastiane en San Sebastián. Representante de Chile en los Óscar, está nominada a película iberoamericana en los Goya.

Madrid--Actualizado a
Años 80, un polvoriento pueblo minero en el desierto chileno. Una niña crece rodeada de amor y de sororidad en una comunidad queer, una familia peculiar a la que culpan de una enfermedad misteriosa que dicen que se contagia con una sola mirada. "Somos travestis", es el grito de guerra de este colectivo, protagonista de La misteriosa mirada del flamenco, una audaz ópera prima de Diego Céspedes con la que derrocó en Cannes "al cine del hombre blanco".
Cine del hombre blanco heterosexual y burgués, habría que añadir, al que el joven cineasta chileno adelantó por la izquierda con este western político que es al mismo tiempo un melodrama tierno, y una historia de venganza y de amor, y cine de denuncia y compromiso. Gran Premio del Jurado a la mejor película en Un Certain Regard en el Festival de Cannes y Premio Sebastiane en San Sebastián, la película es la representante de Chile en la carrera por el Óscar y una de las nominadas a película iberoamericana en los Goya.

Adoctrinados por la ultraderecha
Protagonizada por la joven Tamara Cortés, La misteriosa mirada del flamenco cuenta con la interpretación de Matías Catalán en el papel de Flamenco, personaje que ejerce de 'madre' de la niña, víctima de "la peste del siglo XX" y que tiene una cosa clarísima: "No quiero irme de este mundo siendo secreto". La actriz Paula Dinamarca, primera persona que registró el cambio de sexo en su país tras la aprobación de la ley, Claudia Cabezas y Luis Dubó completan el reparto de esta película que es, además, una reclamación, la exigencia de no taparse los ojos y de mirar de frente a los que fueron dejados de lado y abandonados con la aparición del sida.
"No es el tema central de la película, está ahí, es la amenaza más real, incluso tiene un componente mitológico, pero es más bien el enemigo. El estigma sobre el sida continúa en un nivel de ignorancia tan grande… y reconozco que estoy muy enojado por este retroceso social, porque todos los derechos están siendo cuestionados, por el regreso de la ultraderecha, el ascenso de grupos de extrema derecha entre los jóvenes cuando siempre pensé que iban a ser más progresistas que nuestra generación… Al final, el espacio de no encontrarse los llevó a un odio terrible, un odio que nosotros ya sabemos en la historia, pero que se está repitiendo. Y me enoja porque siento que no estamos haciendo lo suficiente", confiesa Diego Céspedes, que insiste en su preocupación por la deriva ideológica en el mundo.
"Ahora los jóvenes están hiperconectados, pero no con los sentimientos o las emociones de los demás, sino que están hiperconectados con la información que les pasan los ultras -dice el director-. Hay una generación muy joven de niños y adolescentes adoctrinados por una ultraderecha que está ahí amenazando y queriendo más poder".
"Todos buscan ternura"
Ante ello, Céspedes apuesta en su película por la ternura y por la comunidad, por la convivencia y la pluralidad, "para mí la película habla sobre la búsqueda de la ternura, más allá de qué cuerpo tengas o cómo te sientas identificado. Y si te sientes hombre o mujer, trans, cis, todo lo que quepa en el mundo, todos buscan ternura. Y por eso hablo también de las miradas, porque la mirada es el primer contacto con otro ser humano, y hoy que estamos todo el día en una pantalla, mirar a otro ser humano es un acto de rebeldía". Y "frente al resurgimiento de la ultraderecha de esta forma tan asquerosa que estamos viendo, la película propone cómo deberíamos ser, el colectivo, la gente ayudándose, queriéndose de nuevo…".
Todo ello lanzado desde la coherencia de una propuesta artística que reta al espectador con la mezcla de géneros, el desprecio a las reglas, personajes no asimilados por el cine convencional… y con el western como herramienta para liberar la venganza de la protagonista. "Si yo soy una niña y no tengo tantos referentes y quiero matar a alguien porque tengo esta sed de venganza, probablemente lo voy a hacer como lo vi en una película", dice el director, que admite que sus principales referencias son el cine asiático y el latinoamericano, pero que entiende la necesidad de mucha gente de colocar etiquetas instantáneas a todo.
"Un montón de gente me dice que me he inspirado en Almodóvar, como hay travestis… y yo siempre les digo que el humor en las travestis viene mucho antes que Almodóvar, que Almodóvar copió el humor de las travestis, no al revés".



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