Nacho Vigalondo 'sueña' con otra realidad en 'Daniela Forever'
La película, ciencia-ficción en la que se difumina la frontera entre sueños y realidad, está protagonizada por Henry Golding y Beatrice Grannó, y es una historia de amor, de pérdida y de duelo, con la que, además, revela la desidia de algunos creadores y el desprecio por el arte de años pasados.

Madrid--Actualizado a
“Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Como escribió Calderón, aunque, seguramente, sin pensar en él y discurriendo más por los estados de percepción, de ilusión, de Philip K. Dick, Nacho Vigalondo ha hecho, literalmente, que la vida del personaje de su nueva película, Daniela Forever, sea un sueño.
Y esa frontera aceptada entre sueño y realidad se difumina en esta historia de amor y de duelo, y de ciencia-ficción. Estrenada en el Festival de Toronto y presente en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, la película está protagonizada por Henry Golding y Beatrice Grannò.

Es la historia de un hombre que ha perdido a su amada y al que invitan a participar en un ensayo clínico que le permitirá controlar sus sueños. Descubre que así puede retomar la relación, más idílica que nunca, pero corre el riesgo de perderse en esos sueños para siempre. Un juego con el que el cineasta se hace y hace la gran pregunta de qué es la realidad, pero con el que también reflexiona sobre la desidia de algunos creadores ya consolidados y sobre la costumbre en España de menospreciar el arte de tiempos pasados.
Esta película nace de una vivencia propia, ¿ha sentido una necesidad más personal que creativa al hacerla?
Ninguna de las películas que he hecho es autobiográfica, ni siquiera realista, pero todas parten de un momento puntual de mi vida en el que siento algo. Creo que en este caso es más llamativa la cuestión en la escala de la esfera íntima por los temas de los que habla, pero es una cosa que he sentido en todas mis películas. Evidentemente sí que es una película hecha por alguien que ha experimentado el duelo en su vertiente más terrorífica. Pero a partir de ahí, todo lo que era el artefacto de los sueños y todo eso era algo que tenía yo metido en un cajón y que estaba esperando a ver si cogía forma tarde o temprano. Y así y ha sido así.
La película habla de la realidad y los sueños, y hay un momento en que juega a que los sueños son la realidad. ¿En el fondo, no son los sueños también reales?
Si, pues sí, al final casi lo que es la realidad queda un poco entre comillas. Es un tema que me apasiona, para mí es algo que está siempre ahí. Bueno, a través de la ciencia y de la ficción, por separado, parece que es un chiste malo, pero no ha sido accidental. O sea, que creo que tanto en la ciencia-ficción como en la ciencia y la ficción, bajo mi perspectiva, siempre está planteado este tema, de qué hay más allá de la percepción.
Hace en Daniela Forever lo contrario a lo habitual, en vez de moldear la realidad, moldea los sueños. ¿Ha investigado mucho sobre los sueños para hacer la película?
No, no, qué va. He investigado lo máximo para que no le diera vergüenza a nadie que conozca el tema, pero no he hecho una investigación a fondo, porque para mí la película rápidamente va por otro lado, no intenta ser realista, sino que utiliza esto como excusa para llegar a un sitio donde me siento más cómodo. La comparación sería con el escritor Philip K. Dick, que es uno de mis santos patrones. Tiene decenas de novelas y un denominador común en todas ellas es que siempre hay una realidad subordinada que se come a las subordinantes, una ficción que se come el territorio del creador de esa acción o una realidad virtual que acaba comiéndose la realidad que la sostiene. Y en este caso me pasa algo parecido, es que los sueños se acaban soñando con la realidad.
“No podré descansar hasta que pierda toda esperanza”, dice un personaje en un momento de la historia…
Ahí directamente he querido reflejar el estado mental de tanta gente joven que ha pasado por esa fase en la que viven en un estado perpetuo de frustración y que casi está deseando que el mundo les niegue la oportunidad de expresarse como artistas. Porque, quitando un puñado de afortunados que vienen de buena familia o con buenos contactos venidos de fábrica, lo normal es que hay un momento en tu vida en el que estás buscando tu sitio en el mundo como artista y estás viviendo un rechazo constante, esperando que haya un momento en que alguien te diga “basta, se acabó de juegos, ya deja de intentarlo, vete a trabajar en un supermercado y sé feliz”. Creo que eso es un sentimiento que la mayoría hemos vivido.
¿Por eso los personajes se dedican a mundos relacionados con el arte?
La cosa es que yo tengo un poco el prejuicio de que de que no me gusta mucho que los personajes de las películas sean artistas, porque parece que es algo muy explotado, pero al mismo tiempo me gustaría tener un motivo insoslayable para hacerlo. En el caso de Henry Golding, me apetecía mucho que fuera músico, pero que rechazara su propia música, que tuviera esa negación de lo mismo que hace… Es alguien que ya está casi en el lado de la pereza, de la frustración por exceso. Sin embargo, es a ella a la que le vemos dibujar, ella tiene hambre de dibujar constantemente. Era importante establecer ese reflejo entre los dos porque es una cosa que yo quiero tener muy presente. En mi pequeña comunidad de amigos hay mucha gente que tiene la vida más más o menos fácil, trabaja y recibe encargos, y muchas veces notas que la primera cosa que se pierde es la vibración que sí tienes cuando no sabes si vas a ser capaz de trabajar en esto.
Pero a usted eso no le ha pasado eso ¿no?
Lo que puedo jurar es que hay un pensamiento constante en mí, el de no caer en la trampa de hastiarte o de dejar de ser agradecido o dejarse embrujar por cosas mucho más banales y ridículas, como el éxito entendido como algo material, el clasismo, necesitar estar por encima de los demás... Yo creo en el privilegio de ser artista o de trabajar, como en mi caso, de director. Es un placer que no debería desorientarnos.
¿Y por qué ha decidido que los personajes sean unos extranjeros en Madrid?
No, no lo he decidido o sí lo he decidido, pero de una manera distinta a la que piensas. Fue cuando supe que Henry Golding quería hacer la película. Gracias a él se ha hecho la película porque si no, no habría habido posibilidad. Una vez que supe que el casting era angloparlante, pero que tenía que rodar en Madrid, decidí volver al guion y no permitir que la película se rodara en Madrid como si Madrid fuera Londres. Eso les convierte a ellos no en turistas exactamente, pero sí en personas que están visitando la ciudad por diferentes motivos. Eso permite que la ciudad respire, que sea Madrid lo mires como lo mires y permite que el resto del reparto pueda ser español sin tener que forzar a los actores y actrices a tener un inglés nativo.
Hablando de Madrid, en un momento se dice que ahora hay mucha menos vida cultural y artística en Madrid que la que había en los 90. ¿Es añoranza?
Es decir que aquí en España tendemos a repudiar y rechazar todo lo que hemos hecho hace un par de décadas. O sea que ahora ya odiamos lo de los 90 y dentro de unos años odiaremos lo que hacemos ahora. Ahora mismo es así. Hasta hace poco lo habitual era la condena o el reproche a ‘la movida’ madrileña. Si hablas con las jóvenes generaciones, ahora no celebran los 90, que fue la explosión de la música independiente y electrónica. No celebran nada que hayamos hecho y si se vuelve a celebrar, será porque han pasado 50 años.
¿Cómo planeó la representación de los sueños y de la realidad en la película?
Si tuviera que pensar en la cosa que llama más la atención de la película a nivel puramente técnico, creo que llama más la atención cómo está hecha la realidad que los sueños, porque la realidad es la que está hecha con la cámara extraordinaria, completamente obsoleta, que es la Betacam SP, con la que hemos rodado las secuencias en las que él está vivo y despierto y más deprimido que una seta. Este ha sido uno de los alimentos más grandes que hemos tenido y una de las cosas que más me hacen vibrar, porque no solamente me parece que visualmente es muy poderoso ver cómo el 4K, la máxima definición, se enfrenta a una cámara que no puede estar más desfasada hoy, sino que quería insistir en utilizar una materia prima distinta, que es más importante que una cámara distinta. Se nos presupone a los directores de mi generación que tenemos una herencia emocional con el celuloide y haciendo esta película, me di cuenta, de que yo tenía que salir del armario. En mi caso, la herencia sentimental la tenía con el Betacam que es con lo que trabajé de adolescente. Así que la película ha sido un bonito reencuentro.
¿Y cómo decidió las transiciones en negro que hay en la película?
Cuando pasas de la vigilia al sueño no tienes la percepción de un corte, sino que hay un espacio intermedio en el que no eres ni consciente. Y esta es la forma que se me ocurrió más fiel de recrear el sentimiento real de separación entre el sueño y la vigilia. Hay un par de momentos donde me como los negros porque quiero jugar a la impaciencia que vive el personaje.
Esta es una película de amor, de pérdida y de duelo…
… Evidentemente amor puede ser todo y hay algo noble en la capacidad de amar desde la distancia, sin pedir reciprocidad… y lo dejo ahí.
Hay un juego con monstruos en la realidad y en los sueños…
Pero lo que da miedo es el muro gris.
Pero el muro gris en realidad es todo lo que desconocemos.
Claro. Pues que miedo, que vas por la calle, imagínate, y te topas con eso y luego, cuando se da la vuelta la película… no quiero hacer spoilers, podemos dejar la intriga puesta.




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