Oliver Laxe, el sacerdote del cine indie español
El director levanta recelos entre aquellos que lo consideran una provocación paternalista y condescendiente tras el éxito de 'Sirat', que ha logrado dos nominaciones a los Óscar.

Madrid-
Oliver Laxe parece haber nacido para servir con gran fervor a la ceremonia del cine y vivir convencido de ello. Capaz de hablar de premios y glamour en la misma conversación en la que incluirá palabras como cosmovisión, espiritualidad y fe, y en la que se referirá a algunos personajes místicos o al mismísimo Mahoma, saltará sin complejos de esto y con una sonrisa, que sabe muy bien que es altamente seductora, a sentenciar y criticar el 'cine' que se hace en algunas plataformas o a explicar por qué no van los jóvenes a las salas. Y no hay, ni en su discurso de lo divino ni en el de lo humano, una sola gota de frivolidad.
Lo que sí hay, inevitable, es provocación. Él, de hecho, se ha convertido en la provocación misma. A Oliver Laxe se le ama o se le odia. Unos, ahogados en la envidia, uno de nuestros pecados nacionales, no soportan el éxito de un artista que posee el don de la emoción a través de imágenes potentísimas que no vemos prácticamente nunca en el cine español. Otros han reaccionado bastante airados a algunas declaraciones recientes del cineasta, purista o estricto con lo que él considera que debe ser el cine. Los hay que se han sentido heridos con algunas decisiones de guión de su película.
También hay otros, muchos afortunadamente, que celebran y aplauden sus triunfos, entre ellos, nada menos que el de haber conseguido con Sirât dos nominaciones a los Oscar, la de mejor película internacional y, sobre todo, la de mejor sonido. Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas son los nombres propios de esta felicísima conquista con la que se hace historia: son el primer equipo íntegramente femenino que logra esta nominación en la vida de estos premios. Él mismo lo reconoció el jueves, tras saberse la noticia: "Si me permitís, es una proeza estar nominados a mejor sonido".
Sea como sea, a Oliver Laxe hay que amarle por su cine. Es un cine hermoso, pegado a la tierra, poderoso en lo artístico y en lo humano, y ahora, con Sirât, es también cine grande. Su primer largo, Todos vós sodes capitáns (2009), se alzó con el premio FIPRESCI en la Quincena de Realizadores de Cannes. Su siguiente película, Mimosas (2016) tuvo también premio en la Semana de la Critica de Cannes. Con O que arde ganó el Premio del Jurado en Un Certain Regard del festival galo y con Sirât conquistó otro Premio del Jurado en la sección oficial. Ir con cada trabajo a Cannes y vencer es otra de las cosas que algunos aplauden y por la que otros le detestan.
Plataformas y público joven
Lo último que ha levantado recelos en torno a su figura han sido sus declaraciones sobre el cine que se hace en-por-para Netflix. "Para mí tener proclamas muy políticas, pero luego hacer una película con Netflix, me parece una pura contradicción", dijo en una entrevista con la cadena SER, que provocó inmediata reacción de algunos profesionales, como el director Jota Linares o intérpretes como Candela Peña, Tristán Ulloa, Unax Ugalde y Javier Pereira, entre otros.
Ya el verano pasado, el cineasta había sido incluso más rotundo, cuando en el podcast Lo que tú digas, de Álex Fidalgo, dijo que esas películas de plataforma "nacen un poco muertas o son un poco intrascendentes… o funcionan en plataformas de muy sospechosa intención o muchas se dedican a la distracción del ser humano o a la destrucción". En la disputa creada, algunos le han recordado que él también trabaja con una plataforma - Movistar+ es una de las productoras de Sirât-, sin tener en cuenta que Netflix es la que se acoge a tiempos casi ridículos en las ventanas de exhibición, estrenando en cine a veces una película que solo dos días después se podrá ver en internet.
Otro frente que se le ha abierto a Oliver Laxe ha sido el del público joven, que le ha tachado de paternalista y de condescendiente. Ello después de que el cineasta dijera que el cine les está maltratando, "Se les ha dado forraje, pan bimbo y tienen el paladar acostumbrado al azúcar y a los procesados -sentenció en una entrevista con El Mundo-. Cuando les das un pan de centeno o con un cereal puro pues el paladar no está preparado".
Una apuesta de vida
Y hablando de cereal puro, es imposible hacerse la idea completa de este artista sin pensar en su apuesta de vida, en una aldea gallega en los Ancares, en la que ayuda a centros de desarrollo rural a través de la Asociación de Val do Ser y de la cooperativa Carqueixa, donde trabaja para proteger la miel con denominación de origen de Suarna y en el proyecto de recuperación de las cabañas de Piornedo. Laxe vive allí con unas cuantas cabras, a las que, por cierto, dedicó la película documental O futuro é das cabras (2021).
Hijo de emigrantes españoles en París -sus padres eran porteros en una finca del Distrito XVI-, vivió allí hasta los seis años y tras un tiempo estudiando y viajando a otros rincones del mundo, como Londres, Barcelona o Marruecos, regresó a la Galicia familiar, donde hoy piensa en esas "películas difíciles de enseñar" con las que combate sus "miedos y angustias". "Tengo la necesidad de trascenderme -dijo a este periódico hace unos meses-. Intento hacer este proceso creativo, que es algo personal, pero también invito al espectador a ese ceremonial".
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.