La pantalla única: cuando toda España miraba lo mismo
La televisión como instrumento del Estado, escuela cultural y creadora del imaginario colectivo de varias generaciones.

El 28 de octubre de 1956, Televisión Española inauguró sus emisiones regulares desde el Paseo de la Habana, en Madrid: las primeras señales en blanco y negro que solo podían ser vistas en los cerca de 600 aparatos que existían en toda la ciudad.
En esa primera televisión, la pantalla funcionaba como centro de autoridad simbólica del régimen: ordenaba la conversación pública y fijaba una versión oficial de los hechos. El 2 de noviembre de 1956 llegó el primer espacio del tiempo a cargo de Mariano Medina, el primer hombre del tiempo.
Según el archivo disponible a través de RTVE, "a la semana de comenzar las emisiones, un redactor entró en el despacho del director de TVE y exigió que la cadena montara un servicio de informativos: era David Cubero, el primer redactor jefe de TVE".
La nota oficial explica: "En unas horas, se creó el primer noticiario, en el que se leían recortes del periódico del día bajo el rótulo Últimas noticias".
Casi un año después, el 15 de septiembre de 1957, se estrenó el Telediario, dirigido por José de las Casas y Ángel Marrero, presentado por Jesús Álvarez y con Cubero al frente de la redacción.
Con una absoluta falta de medios y recursos técnicos, la información que se facilitaba en el programa se limitaba a la lectura de teletipos que llegaban de la sede de Radio Nacional de España, o al visionado de las pocas imágenes que había, procedentes del NO-DO o adquiridas a CBS y United Press.
El Estado entra en el salón
La televisión no llegó a España como un espacio de libertad, sino como una prolongación doméstica del poder. Su entrada en los hogares cambió la forma de recibir la realidad. El salto fue decisivo cuando la televisión convirtió la información institucional en costumbre doméstica. La propaganda aparecía en el comedor, entre la cena y la rutina, y el Estado hablaba desde la pantalla.
Lo que no podía aparecer en pantalla, las obras que se adaptan y los límites morales responden a una lógica de vigilancia cultural propia del franquismo. TVE acercaba la cultura a los hogares, pero también decidía qué cultura era aceptable y cuál debía permanecer fuera.
Los archivos secretos del NO-DO es una serie documental hecha a partir de más de 6.000 latas de películas conservadas en la Filmoteca Española. Según RTVE, "el material, ocultado o nunca difundido durante la dictadura franquista, recupera escenas que van desde el estreno de El Cid y las visitas de Carmen Polo hasta la presencia de los Beatles en Barcelona o las acciones de la División Azul".
A finales de 1956 y durante 1957, TVE comenzó a ampliar su programación y sus capacidades técnicas con la incorporación de nuevos formatos y profesionales. Juan Guerrero Zamora impulsó el teatro televisado con la emisión de Antes del desayuno, de Eugene O'Neill.
Juan Martín Navas llevó las retransmisiones deportivas a la pequeña pantalla y Los Tele-Rodríguez, considerada la primera serie de televisión española, retrató, por primera vez, la vida cotidiana de una familia de clase media.
Ese mismo año, bajo la dirección general de José María Revuelta, comenzaron las emisiones de sobremesa y se estrenó una unidad móvil que permitió retransmitir en directo acontecimientos como las corridas de San Isidro y algunas competiciones deportivas.
La cultura como herramienta
La televisión franquista no solo quería informar, también quería entretener y, sobre todo, educar. TVE llevó al salón una parte del patrimonio teatral, literario y artístico, pero lo hizo dentro de un marco vigilado, donde la cultura podía elevar al espectador siempre que no cuestionara demasiado el régimen que sostenía la pantalla.
El mítico programa Estudio 1 se estrenó el 6 de octubre de 1965 en TVE con la representación en vivo de La rosa de los vientos. Historias para no dormir se estrenó el 4 de febrero de 1966: creada por Narciso Chicho Ibáñez Serrador, introdujo el terror y el misterio en la televisión nacional.
Misterios al descubierto, Cuestión urgente, Conozca usted España o Luz verde convivían con concursos como Cesta y puntos, programas musicales como Tele Ritmo, Último grito y Fiesta, además de ficciones como El misterio del cuarto amarillo o Rosalía de Castro.
Incluso iniciativas como Teleclub buscaban acercar la televisión a una España todavía muy marcada por las desigualdades territoriales. La divulgación también ganó protagonismo gracias a programas como Biografía, Pueblos pintorescos de España, Amigos del espacio o Históricos del balompié, que convirtieron la televisión en una ventana al conocimiento para millones de hogares.
En una España con difícil acceso a bienes culturales, la televisión funcionó como una especie de aula nacional. Ese gesto tuvo una dimensión democratizadora evidente, pero aquella no era una cultura libre, sino una cultura censurada.
Últimos años de dictadura
Entre el 70 y el 75, la programación de TVE fue ampliando sus géneros con espacios que marcaron la relación de los españoles con la pantalla: reflejó la transición del blanco y negro al color, así como el cambio político y social en España. En los últimos años de dictadura, la televisión pública combinó propaganda y formatos controlados con un entretenimiento que hizo historia.
Un, dos, tres... Responda otra vez nació el 24 de abril de 1972 en la cadena pública. Informe Semanal se estrenó el 31 de marzo de 1973, bajo el nombre Semanal Informativo: ideado por Pedro Erquicia, sigue en emisión desde entonces, siendo el espacio informativo de gran formato más longevo de la televisión en Europa. El hombre y la Tierra se estrenó el 4 de marzo de 1974: dirigida por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, revolucionó la divulgación ambiental con su icónica sintonía y su épica narrativa.
También fueron destacados espacios como Historias de Pepe y Las doce caras de Eva, que contribuyeron a consolidar la ficción televisiva española antes de la llegada de la Transición. Además, la televisión marcó a varias generaciones con programas infantiles icónicos como Los Chiripitifláuticos o El gran circo de TVE.
La frontera de 1975
En 1974, Tarde para todos y Señoras y señores resistían en el abierto. La muerte de Franco en 1975 puso fin a una época en la que los medios habían funcionado como aparato del Estado, y la televisión empezó a ensayar nuevos lenguajes, más cercanos y populares.
Directísimo, estrenado en 1975 y presentado por José María Íñigo, fue uno de los primeros síntomas de ese cambio. El programa convirtió al presentador —que ya había estado al frente de Estudio Abierto— en una figura con personalidad propia, capaz de construir una relación más directa con el espectador.
La misma transformación se reflejó en el entretenimiento. Aplauso, estrenado en 1978, llevó a TVE música pop, estrellas internacionales y una estética juvenil que conectaba con una generación que pedía referencias culturales. La televisión comenzaba a representar una España más moderna.
La llegada de la democracia no rompió de golpe con la televisión anterior, pero sí cambió la forma de relacionarse con ella.
Terminó la era de la pantalla única: un tiempo en el que la televisión fue instrumento del Estado, escuela cultural y creadora del imaginario colectivo de varias generaciones.
Pero la pantalla siguió reuniendo a millones de personas, porque La Transición también se emitió por televisión.










Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.