Por qué tardamos más tiempo en elegir una serie o una película que en verlas
La saturación de contenidos, la proliferación de plataformas, la fatiga de decisión y la paradoja de la elección provocan que nos cueste decidir qué queremos ver.
"La sobreabundancia de oferta y la propia saturación de plataformas hace que sea muy difícil elegir una opción concreta", explica Elena Neira.

Madrid-
¿Por qué tardamos tanto tiempo en elegir una serie o una película? A veces, la búsqueda se demora tanto que excede la duración de un capítulo corto. Así, en Francia los suscriptores de las plataformas de streaming enredan 26 minutos para encontrar algo apetecible. En Estados Unidos la cifra aumenta con el paso del tiempo: 7,24 minutos en 2019, 10,5 en 2023 y 12 en 2025, cuando se publicó el último informe State of Play, elaborado por Gracenote, una empresa de metadatos propiedad de Nielsen.
Si hubiese que responder a la pregunta inicial de inmediato, esa tardanza tiene mucho que ver con la fatiga de decisión —el deterioro progresivo de la calidad de nuestras decisiones como consecuencia del esfuerzo mental acumulado al tener que decidir repetidamente— y con la paradoja de la elección —un exceso de opciones puede reducir nuestra capacidad de decisión y provocar una menor satisfacción con la elección final—, aunque entran en juego otros factores que convendría analizar con detalle más adelante.
"La sobreabundancia de oferta y la propia saturación de plataformas hace que sea muy difícil elegir una opción concreta. Básicamente, porque el ser humano está codificado para lograr la mejor elección posible y eso realmente no existe, ya que en las plataformas hay infinitas posibilidades óptimas, lo que provoca un bloqueo en el espectador", explica Elena Neira, experta en nuevos modelos de distribución audiovisual y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC).
De ahí, añade, el sistema de recomendaciones y la organización del contenido, "muy orientado a conseguir que el tiempo que dedica el espectador a reproducir una serie o una película sea lo más corto posible". Elena Neira descarta, pues, que a las plataformas les interese que permanezcamos mucho tiempo navegando en su interfaz, como si el proceso de búsqueda fuese parte del entretenimiento en sí mismo. "El engagement está directamente relacionado con la reproducción, o sea, con que exista muy poca fricción al consumo, porque al final el servicio que cancelas es aquel que no utilizas".
La reproducción de contenidos, pues, como "medida de nuestra fidelización hacia el servicio" en un momento en el que la proliferación de plataformas también afecta a la paradoja de la elección, ya que "aumenta tu nivel de inseguridad respecto a que la opción elegida sea la mejor posible". Una saturación que dificulta tomar una decisión porque, además, "la oferta entre las plataformas se parece cada vez más entre sí, no porque tengan los mismos contenidos, sino el mismo tipo de contenidos —y monetizados de la misma manera—, lo que dificulta diferenciar lo que tienes delante de ti", añade la especialista.
Antes de continuar con el análisis de Elena Neira, conviene desgranar algunas cifras. Elaborado a partir de encuestas a 3.000 usuarios de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Brasil y México, el informe State of Play revela que el tiempo medio global de búsqueda es de 14 minutos. Además, uno de cada cinco espectadores abandona la sesión si el intento no es satisfactorio, aunque en la franja de 18 a 24 años lo hacen uno de cada tres. La mitad incluso está dispuesta a cancelar su suscripción si le resulta complicado encontrar algo que llevarse a los ojos.
Entre otros datos reveladores, casi la mitad de los espectadores asegura que cada vez es más difícil encontrar lo que quieren ver porque hay demasiados servicios, mientras que dos tercios consideran que su experiencia mejoraría si hubiese una guía única que incluyese la oferta de todas las plataformas y que estas les indicasen dónde encontrar lo que buscan, aunque figure en el catálogo de la competencia. En resumen, uno de cada tres suscriptores asegura que la fragmentación de contenidos y servicios afecta al disfrute de la televisión.
Series y películas en un scroll infinito
Las plataformas no solo compiten por captar suscriptores, sino también por retenerlos el máximo de horas posibles consumiendo sus contenidos, de ahí que fomenten el scroll infinito. En su toma de decisiones también entran en juego el FOMO (temor a perderse algo) y la atención fragmentada, alternando tanto contenidos como dispositivos. "En todo caso, más que la obsesión por intentar estar al día de todo aquello que está en la conversación, probablemente la fatiga de decisión es el gran caballo de batalla de las plataformas", cree Elena Neira, de ahí las estrategias que algunas de ellas están llevando a cabo.
Entre ellas, la diversificación de la oferta, el estreno de las series en volúmenes —no en bloque, sino dividiendo la temporada en dos partes— y la moderación en la inversión, gastando menos dinero en contenidos. "Aun así, seguimos teniendo unos niveles de oferta muy por encima de la demanda que el mercado puede absorber", deja claro la autora del ensayo Streaming Wars (Cúpula). Y si elegir bien se ha vuelto casi tan importante —y angustioso— como el propio visionado, ¿qué mecanismos deberían adoptar los usuarios para escapar de esta saturación?
De la tele a las plataformas
Antes de encontrar una posible solución, retrocedamos en el tiempo de la mano de Carlos A. Scolari. "En los últimos dos siglos se han multiplicado los medios de comunicación y los contenidos a disposición de los ciudadanos. La prensa, la fotografía, los dispositivos sonoros y audiovisuales generaron un ecosistema muy rico. La radio y la televisión incrementaron y complejizaron aún más ese ecosistema. La web, las redes sociales y las plataformas audiovisuales se sumaron a ese entorno. En breve: nunca los Homo sapiens habíamos tenido a disposición tantos contenidos mediáticos. La inteligencia artificial, al automatizar la creación, es la cereza de esa torta", reflexiona el profesor de la Universitat Pompeu Fabra.
El experto en la evolución del ecosistema mediático considera que, en ese contexto, la lucha por nuestra atención es brutal. "Como ya sucedía en el broadcasting, las plataformas necesitan que no cambiemos de canal, por eso ofrecen muchos contenidos e intentan personalizarlos al máximo, vía los algoritmos de recomendación, para que no vayamos a la competencia. Es una fase un poco más sofisticada y digital de la vieja expresión vamos a publicidad, pero no cambie de canal porque después… o de los cliffhangers al final de un episodio de una serie", añade.
Respecto a la idea de navegar por los catálogos como nueva forma de entretenimiento, Carlos A. Scolari cree que, en cierta manera, es una versión actualizada del zapping televisivo, que surgió en los ochenta con la aparición del mando a distancia y el aumento de los canales de televisión. "Hoy esa navegación se ha expandido —el catálogo es casi infinito— y cuesta encontrar algo que nos satisfaga… Desde la perspectiva de las plataformas, eso ya les va bien: mientras estemos dentro de su interfaz de navegación y no vayamos a la competencia, el engagement sigue funcionando", opina el profesor del Departamento de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra.
Perder el tiempo buscando una serie o una película puede resultar frustrante, sobre todo si no encontramos ninguna que nos satisfaga. La libertad —de elección— puede ser una cárcel. Sin embargo, hasta la aparición de las televisiones autonómicas en los ochenta, en España solo había dos opciones: el primer y el segundo canal de TVE. Hasta 1990 no aparecieron las privadas, Antena 3 y Telecinco. Esto podría ser aplicable a otros productos o servicios, de modo que la fatiga de decisión es comprensible, del mismo modo que se entiende que el exceso de oferta actual genere una paradoja de la elección, porque cuantas más opciones tenemos, más difícil es decidir.
"Debemos recordar que los humanos coevolucionamos con los medios. Hemos desarrollado una capacidad enorme para navegar por los contenidos y, en pocos microsegundos, identificar el género, década o estilo narrativo. Y lo fundamental: si nos puede llegar a interesar o no", concluye el autor del ensayo La guerra de las plataformas (Nuevos Cuadernos Anagrama). "A nuestros abuelos les hubiera costado mucho realizar este tipo de navegación: estaban acostumbrados a quedarse horas y horas en una misma emisora de radio o canal de televisión". Sobre todo, cuando solo había dos o tres y era necesario levantarse del sillón para cambiar de canal.
De Netflix a Apple TV
Un estudio encargado por UserTesting a Talker Research revelaba que los estadounidenses pasan 110 horas al año eligiendo qué ver. El informe, publicado a finales de 2024 tras entrevistar a 2.000 suscriptores de servicios de streaming, reflejaba que aunque el 75% de los usuarios agradecen que los algoritmos les ofrezcan recomendaciones precisas, el 51% admite que la cantidad de contenido recomendado es abrumadora, pues desean ver todo lo que se les recomienda. Además, uno de cada cinco encuestados considera que hoy es más difícil encontrar algo que ver que hace diez años debido a la saturación de contenido.
¿Tendría sentido que las plataformas simplificasen la oferta para facilitar la elección? Elena Neira explica que hay plataformas que trabajan con el modelo de la cantidad, como Netflix o Prime Video, y otras con el de la oferta limitada, como Apple TV, que ofrece un contenido original y exclusivo, cuyo estreno dosifica. "Su catálogo reducido parece que satura mucho menos el proceso de elección, pero también tiene un efecto secundario, pues la poca rotación de contenidos hace que al usuario le cueste más pagar por suscribirse", cree la autora de Streaming Wars (Cúpula).
Según la profesora de la Universitat Oberta de Catalunya, debe haber un equilibrio entre un contenido que no sea desbordante y un modelo de distribución que combine los estrenos semanales y en bloque. "Ese es el gran debate de las plataformas: cuál es el punto óptimo entre cuánto contenido proporciono sin llegar a abrumar al espectador y si es bueno dosificarlo para generar esa continuidad y esa recurrencia", plantea esta experta en el impacto de las plataformas de streaming en la industria televisiva tradicional y en el espectador. ¿Quizás, para escapar de la saturación, debería olvidarse del algoritmo y buscar recomendaciones en personas de confianza y en prescriptores culturales?
"La recomendación personal es, con muchísima diferencia, la que genera más confianza a la hora de decidir lo que vemos. Ahora bien, también debemos tener en cuenta que plataformas como Netflix son capaces de impulsar fenómenos culturales con mucha frecuencia y de colocarlos en la conversación. Pero sí, probablemente el hartazgo que provocan los algoritmos está provocando que la gente busque referentes en otro lado, aunque en realidad es bastante difícil escapar de ellos", concluye Elena Neira. "Tal vez nos hayamos vuelto menos aventureros que antes, cuando nos animábamos a experimentar con un contenido sin tener ningún tipo de referencia. En cambio, ahora hay tanta información que uno busca elementos que le permitan afianzar su decisión".

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