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Clint Eastwood, el viejo cascarrabias regresa a los cines

‘Golpe de efecto’, la esperada vuelta de Harry el Sucio a la actuación tras decir que se retiraba se queda en una repetición más del papel de abuelo gruñón

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La llegada a la cartelera de Golpe de efecto no sería más que el estreno de otra película sobre conflictos familiares y segundas oportunidades ambientada en el mundo del deporte sino fuese porque el protagonista es Clint Eastwood. Hace cuatro años, tras el estreno de Gran Torino, el oscarizado actor y director dijo que lo dejaba. Que aquella había sido su última película delante de la cámara. Se iba a dedicar a dirigir.

Durante cuatro años mantuvo su promesa. Cumplió con su cita anual con la cartelera y estreno Invictus, Más allá de la vida y J. Edgar. Pero un viejo amigo le obligó a salir de su retiro interpretativo y tres películas después, Eastwood regresa a los cines como actor interpretando el papel que mejor se le da, el de cascarrabias y gruñón.

Pocos grados distan de la interpretación del viejo Walt Kowalski a la de Gus Lobel. Ambos poseen un carácter imposible, son de ideas fijas, tozudos, gruñen en lugar de hablar como si fuesen cánidos y se resisten a reconocer que ya tienen una edad para según qué cosas. Kowalski era el protagonista de Gran Torino. Lobel, el de Golpe de efecto.

Titulada Trouble with the Curve (Problemas con la curva sería la traducción literal), la película está dirigida por Robert Lorenz, socio productor de Eastwood durante prácticamente toda su carrera y culpable de haber hecho a Eastwood romper su promesa de no volver a actuar. Quería que su viejo amigo lo apadrinase en su debut en la dirección y, visto el perfil del personaje, cierto es que al protagonista de Sin perdón no le sería difícil meterse en el papel. Además, ejerce de productor y por primera vez desde 1993 no se dirige así mismo. La última vez que era otro el que gritaba ‘corten' y ‘acción' fue a las órdenes de Wolfgang Petersen en En la línea de fuego.

Golpe de efecto cuenta la historia de un veterano ojeador de béisbol, Gus Lobel (Clint Eastwood), al que los nuevos vientos que soplan en el mundillo quieren jubilar y al que la pérdida de visión le impide hacer su trabajo como antaño. Para intentar dar una lección a los jóvenes listillos que intentan jubilarle, Lobel cuenta con la ayuda de su hija Mickey (Amy Adams), con la que no tiene una relación precisamente fluida. Y entre ellos se entromete Johnny Flanagan (Justin Timberlake), un ex jugador de béisbol retirado antes de tiempo.

Los personajes responden a arquetípicos que dejan poco lugar a la sorpresa. Lobel es un viudo que nunca supo cómo hablar con su hija. Mickey, una chica que perdió a su madre demasiado pronto y que vive por y para el trabajo. Flanagan, un aspirante a estrella del béisbol que se lesionó pronto y sigue buscando una segunda oportunidad. Y el catálogo sigue con los secundarios.

El trepa adicto a las nuevas tecnologías que ya no son tan nuevas. El amigo fiel (John Goodman). La joven promesa del béisbol con un ego que resulta mayor que sus capacidades. Y la estrella tapada del deporte. No falta ni uno. Aunque sobre todos destaca Eastwood, que por mucho que este sea un papel que conoce en demasía y que ha interpretado en repetidas ocasiones, lo cierto es que él es toda la película.