Entrevista a Òscar Andreu"Los que dicen que el catalán debe seducir son los que han impuesto su lengua a sangre y fuego"
El comunicador y humorista publica 'Manual de defensa del català', uno de los grandes éxitos del reciente Sant Jordi.

Barcelona-
El comunicador y humorista Òscar Andreu (Terrassa, 1975) se posicionó en lo más alto de la lista de no ficción en catalán este Sant Jordi con Manual de Defensa del Català (Univers). Una obra que, por su brevedad e ingenio, invita al lector a zampársela en pocos días.
El libro, de hecho, parte del monólogo cómico Crida als ocells de color llampants, que Andreu estrenó en noviembre de 2023 y que esta primavera ha adaptado al formato escrito para reír y reflexionar sobre el estado actual del catalán y los retos que tiene en el futuro. Público queda con el humorista en el Turó Parc de Barcelona, cerca de los estudios de RAC1, después de que él haya terminado de grabar el programa La Competència.
Dedica el libro a Carme Junyent, filóloga y activista que defendía que la mejor manera de proteger el catalán es hablarlo. ¿Está de acuerdo? ¿Es suficiente?
Defendía esto como primer paso. Si no hablamos catalán, seguro que desaparece. En cambio, si lo hablamos, lo hacemos necesario.
¿Qué hacemos con la catalanofobia, tanto por parte del poder judicial como de algunos partidos políticos y sectores de la sociedad? Las discriminaciones lingüísticas aumentan año tras año en Catalunya.
No podemos esconder más este racismo, que es la catalanofobia. Hasta ahora se había ocultado bastante, pero ahora hay un cambio interesante: la indefensión aprendida se está desintegrando y la gente ya no tiene miedo de explicar que se le está tratando de una manera indigna y, sobre todo, injusta. Encarando el conflicto, no sé si lo arreglaremos, pero si lo escondemos, seguro que no lo hacemos de ninguna de las maneras. Es un punto de inflexión y me llena de esperanza.
Hemos perdido el miedo a denunciar las discriminaciones, pero ¿por qué todavía sentimos vergüenza cuando hacemos el ejercicio de mantener el catalán?
Cuando piensas en ello y tiras del hilo, te das cuenta de que es autoodio. De alguna manera, nos han inoculado la incomodidad de hablar nuestra lengua en nuestro país. Se trata de encontrar la receta para empoderarnos y para que esto no vuelva a pasar. ¿Verdad que en el resto del mundo, prácticamente los 8.000 millones de personas, pueden hacerlo? Pues no somos menos que nadie. Por lo tanto, tenemos que hablar la lengua propia con absoluta naturalidad y no comprar todas las motos estropeadas del españolismo.
Nos han inoculado la incomodidad de hablar nuestra lengua en nuestro país
¿Qué respondería a alguien que dice que el catalán debe seducir y ser amable, si no quiere generar rechazo entre los recién llegados?
Lo que hace que una lengua se hable es que sea necesaria o que la impongan. Normalmente, los que nos dicen que debemos seducir son gente que ha impuesto su lengua a sangre y fuego. Los que te piden seducción, en el fondo, lo que te están pidiendo es que no plantes cara. Para ellos, no es un problema de lengua hegemónica, de imposición, es un problema de que no la has mamado lo suficiente. Lo que seduce del español, en Albacete o en Madrid, es que lo necesitas, porque si no no te comerás un rosco.
Habla de "supremacismo frágil". ¿Qué quiere decir?
Hablo de los hablantes de francés, pero sobre todo de los hablantes de castellano que viven o vienen aquí. Tienes una lengua hablada por más de 500 millones de personas, que es mayoritaria en todas partes, en el ocio, en los medios, en la Justicia, en la Policía... pero encuentras a alguien que se expresa en catalán y, de repente, empiezas a llorar y a ponerte muy nervioso. Por eso digo que son supremacistas, porque consideran que su lengua está por encima, hasta el punto de que tú no te has de expresar en tu lengua, y son frágiles porque se rompen. Van ganando 1-0 y no lo disfrutan.
Los que dicen que el catalán debe seducir son los que han impuesto su lengua a sangre y fuego
¿No le da miedo usar la palabra "supremacismo"?
No me da miedo porque es exactamente eso. Un supremacista es alguien que se cree superior por hablar una lengua, aunque no sea su país. Es una historia de supremacismo que se aplica en Catalunya, pero también en América Latina. No me parece fuerte, me parece la palabra correcta. El supremacismo frágil es como la masculinidad frágil: igual que los hombres que siempre han ocupado los espacios mayoritarios y que salen a pedir el día del hombre. El día del hombre es todos los días. Dejad de llorar.
Cuando era pequeño, se relacionaba en un entorno castellanohablante, a excepción de su madre. En la actualidad, hay muchas zonas en Catalunya, como por ejemplo Hospitalet de Llobregat, donde el castellano impera completamente, incluso en la escuela. ¿Cómo se puede incidir en estos espacios?
Hay zonas donde puedes vivir completamente desconectado de la realidad de Catalunya, no solo es la burbuja del castellano. ¿Cómo se incide aquí? Haciendo, otra vez, que el catalán sea necesario en todos los aspectos, tener referentes y medios, no renunciar a la lengua... Lo que no puede ser es que los catalanes tengan que recorrer kilómetros en Catalunya para ver una película en catalán.
No puede ser que los catalanes tengan que recorrer kilómetros en Catalunya para ver una película en catalán
Usted es una muestra de éxito de la inmersión lingüística en la escuela. ¿Debemos seguir defendiendo este modelo, aunque no acabe de funcionar en la actualidad?
A pesar de estar en un ambiente donde el castellano era hegemónico, tenía la conexión con el catalán a través de mi madre. No me costó tanto. En un momento dado descubrí que no solo me habían robado (o intentaban robar) una lengua, sino que también intentaban borrar la historia. Para que el españolismo sea hegemónico, tiene que acabar con todo lo que tiene alrededor, con los otros nacionalismos. Yo fui descubriendo que existía mi país, Catalunya, y todo lo que eso implicaba.
Ante el fracaso de la inmersión en muchos centros, hay quien propone una doble red educativa: una, de escuelas 100% en catalán, y una segunda que se mantenga como la actual. ¿Qué piensa?
Lo que querría es que la lengua vehicular fuera de manera natural el catalán, tal como en Madrid lo es el castellano, porque es la lengua propia del país. A partir de aquí, que se estudien otras lenguas. Soy partidario del multilingüismo: que se aprenda inglés, chino, castellano... No hay ningún problema para aprender el castellano en Catalunya; al contrario, mi hijo lo aprende en las redes, en los medios, en la calle...
Lo que me interesa es que haya una única red que conecte con el país y que permita que los jóvenes que llegan de fuera se catalanicen de manera natural. Si esto no ocurre, lo más probable es que se acaben castellanizando, que es el paso previo de desconocer dónde están y de participar en la desaparición del país, de Catalunya y de los Països Catalans.
En el libro da un dato muy concreto: 7 de cada 10 catalanes tienen uno, dos, tres o cuatro abuelos de fuera de Catalunya. Y muchos de ellos han integrado el catalán como la lengua propia. ¿Qué dice eso de la sociedad catalana?
En los últimos 200 años, como explica [la geógrafa] Anna Cabré, hemos encontrado dos maneras de "hacer catalanes": por un lado, por la vía biológica, y por otro, haciendo que la gente que llegaba sintiera Catalunya y el catalán como cosas propias. Ahora hay quien pone en duda esta mezcla con las sucesivas oleadas migratorias, más intensas que en muchos otros países europeos, y se plantea si estamos preparados o si colapsará la maquinaria que tenemos para proteger nuestra identidad y soberanía.
Poder decidir depende de la existencia de un "nosotros". Si se debilitan la lengua, la cultura, las instituciones o la memoria histórica, no somos soberanos, también se debilita la capacidad de decidir. Estamos en un punto de inflexión de saber hacia dónde vamos.
En este contexto de crecimiento demográfico vinculado a la inmigración, ¿cómo se puede replicar el proceso del siglo pasado para que los recién llegados aprendan la lengua y sientan que forman parte de la sociedad?
Tenemos herramientas para catalanizar a la gente y la experiencia de cómo lo hemos hecho hasta ahora. También sabemos que habrá gente en contra de este proceso, personas que nos odian por hablar nuestra lengua y por ser catalanes. A partir de ahí tendremos que ser inteligentes y sólidos: tenemos que encontrar la manera de hacerlo y tener muy claro por qué lo hacemos.
Más allá de mantener la responsabilidad ciudadana de mantener el catalán, ¿qué debe hacer el Govern y la Administración en materia de política lingüística? ¿Hacen falta más leyes, más multas?
Tenemos muchas leyes: la ley de consumo, de cine... pero no está pasando. ¿Por qué? Porque hacer cumplir la ley implica confrontarse, y lo que quieren hacer es esconder la cabeza bajo el ala y pacificar, evitar el conflicto, pero esto va en contra del país.
Las leyes no se cumplen porque el Govern quiere evitar el conflicto, y eso va en contra del país
Además del libro, también ha presentado un decálogo en el que el cuarto punto afirma que "los derechos lingüísticos también son derechos humanos". Hace unos días, en la radio, Gabriel Rufián situaba la vivienda y la lengua como dos de los principales problemas de Barcelona, pero apuntaba que el primero es más importante que el segundo. ¿Qué piensa de esta contraposición?
Es no saber o no haberlo pensado dos veces. Son dos cuestiones que están al mismo nivel. Por defender el catalán, no seré racista o machista. Es tan obvio que no jerarquizo. No está una cosa por encima de la otra. Hay una que me interpela más a mí, que es la lengua, la identidad y la soberanía de mi país.
Al inicio del libro hay unas palabras de Pere Calders. El escritor negaba que el pesimismo sirviera para nada. ¿Quiere enviar un mensaje de esperanza?
El mensaje tiene que ser necesariamente de esperanza, porque la gente que nos ha precedido son auténticos titanes. Vamos a lomos de gente que ha escrito de manera excelente en catalán, que los fusilaban y los perseguían, que tenían que vivir en el exilio. Estamos hablando de Rodoreda, de Calders, de Tísner... Ellos sí lo pasaron mal y, a pesar de todo, cogieron el catalán, lo perfeccionaron y nos lo entregaron. No podemos darnos el lujo de ser pesimistas.


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