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CULTURAS Isabel-Clara Simó, la luchadora infatigable

La escritora y activista deja más de 50 obras literarias publicadas, entre las que destacan 'La Salvatge' i 'Dones'

Isabel-Clara Simó en una imagen de archivo. EFE

Ironías de la vida, el día en el que las distancias entre Barcelona y València se han acortado, gracias al nuevo eje ferroviario del Corredor del Mediterráneo, ha muerto Isabel-Clara Simó Monllor. Nacida en Alcoi el 1943, la escritora y activista marcha con 76 años y dejando más de 50 obras escritas en catalán (novelas, narrativa, ensayo, poesía, cuentos…). A las cuales habrá que añadir la novela póstuma El teu gust que tiene previsto publicar el mes de marzo próximo la editorial valenciana Bromera. La obra que Simó ha dejado terminada antes de morir trata sobre la "decapitación", entendida en el sentido de la "propia pérdida, de perder la cabeza por algo", según ha explicado el editor Gonçal López-Pampló en Efe.

Su trayectoria reúne un gran número de premios y de traducciones de su obra a otros lenguas. La lista es larga y variada como corresponde a la actividad de alguien que ha dedicado toda su vida a la literatura, pero que toma una relevancia singular teniendo en cuenta que lo hizo en catalán y que empezó a hacerlo en una época en la que el catalán salía de una habitación muy oscura.

Simó tuvo la suerte de formarse en la academia que tenía su padre (un pequeño oasis en medio de un sistema educativo franquista, así que después de acabar los estudios de filosofía, aceptó un trabajo de profesora en un instituto de Figueres. “En el año 1967, Figueres era Europa!”, le gustaba recordar. Y Figueres le cambió la vida. Allá conoció el que sería su marido, el periodista Xavier Dalfó, impulsor de la revista Canigó, una publicación que los dos sacaron adelante hasta el año 1983 y donde desarrollaron una tarea ingente en favor de la cultura catalana. Que Simó empezara a escribir en catalán fue gracias al empuje de Joan Fuster, pero también a las páginas de Canigó, en la cual empezó a publicar cuentos en catalán, a pesar de las prohibiciones del régimen.

Con Isabel-Clara Simó i Xavier Dalfó, durante un tiempo, nos encontrábamos a menudo. Compartíamos la amistad de un homenot de l'Empordà que hacía de marchante de arte y se llamaba Ismael Planells. Y gracias a él, compartimos largas sobremesas que destilaban amor por la cultura, la libertad y la justicia social. Fue Isabel-Clara Simó quién me descubrió a Elias Canetti, y fue entonces cuando esta periodista se convirtió en fan incondicional de la Montserrat Roig, entre otros cosas.

Personajes femeninos para reivindicar las libertades de la mujer

Durante años, la columna de Isabel-Clara Simó en el diario Avui -y que mantuvo hasta el último momento en El Punt Avui- fue una cita ineludible para los que aman la literatura. La arenga de la escritora acostumbraba a mezclar la ironía con un tono combativo; y es que ella, tanto en el trato como en su manera de escribir, era directa y vehemente. Amaba los libros y la libertad que esparcen; luchó por la idea de los Països Catalans y también por la libertad de las mujeres. Quizás por eso construyó un complejo entramado de personajes femeninos: madres, amas de casa, trabajadoras precarias que llevan el peso de hogar… por habla del papel de la mujer a la sociedad. A través de estos personajes, la autora nos ponía ante las narices unos roles inculcados y unas tradiciones muy cuestionables que determinan la vida de las mujeres y manifiestan unos comportamientos machistas, todavía vigentes. Ponernos ante el espejo; el 'show, don’t tell' era una de sus técnicas narrativas predilectas. Además, no era partidaria de la llamada "escritura femenina” vinculada a un supuesto carácter sexuado de la identidad.

Su carrera tuvo una cumbre dorada después de ganar el premio Sant Jordi  con La Salvatge (1993), y posteriormente con la publicación de El gust amarg de la cervesa (1999). Pero llegado el siglo XXI, se sintió un poco menospreciada y olvidada, así lo hizo notar en su discurso cuando fue distinguida con el Premi d'Honor de les Lletres catalanas en 2017.

Leerla, el mejor homenaje

La mejor manera de rendir homenaje a un escritor es leerlo. La obra de Simó es extensa, pero quizás un buen título para empezar es La Salvatge en la que escribió: “Qué os pasa a las mujeres, que os odiáis tanto? Os miráis con el rabillo del ojo, os espiáis, os denigráis. Cómo si fuerais rivales, como si cada mujer fuera, para otra, una competencia peligrosa que hay que eliminar”.

Otro de los títulos indispensables es Júlia, que ya es un clásico de la literatura catalana contemporánea. El libro es el resultado del reto que lanzó Joan Fuster a los escritores de Alcoi de escribir una novela sobre la Revolución del Petróleo. Jonàs es la última novela ambiciosa que escribió, y la consideró su “testamento literario”. En esta obra consiguió sacarse la espina de escribir sobre el descubrimiento homosexual, pero más allá de esoo, en el libro también habla de la crisis contemporánea, del racismo y la hostilidad de las tradiciones más rancias.

Estos solo son tres de los muchos títulos del corpus literario de Isabel-Clara Simó, tanto da lo que se escoja, al final lo importante es leerla, porque como escribió Montserrat Roig: “No te mueres tanto si sabes leer. Compartes, en silencio, las palabras del escritor, que es pasado, con tu presente y que pronto será futuro para comprender mejor el mundo”.

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