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Desaparece Liz Taylor, la última diosa de Hollywood

La actriz fallece a los 79 años en el hospital de Los Ángeles donde estaba siendo tratada de una insuficiencia cardiaca. Mito del cine clásico, pasó sus últimos años luchando contra varias enfermedades

ROBERTO ARNAZ

"La legendaria actriz, mujer de negocios y valiente activista Elizabeth Taylor ha fallecido hoy en calma". Con un escueto comunicado, el agente de la mujer de la mirada violeta, la perfecta reencarnación de Cleopatra, confirmaba ayer la muerte. El corazón de Taylor no pudo más y se paró, mientras dormía, la madrugada del miércoles en la habitación del hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, en la que llevaba seis semanas ingresada luchando contra una insuficiencia cardiaca.

La actriz (FOTOGALERÍA), que hacía menos de un mes había celebrado su 79 cumpleaños disfrutando de la gala de los Oscar, falleció rodeada de los suyos. "Sabemos, simplemente, que el mundo es un lugar mejor porque mi madre vivió en él. Su legado nunca desaparecerá, su espíritu siempre estará con nosotros, y su amor vivirá por siempre en nuestros corazones", recordó Michael Wilding, segundo hijo de Taylor que, junto a sus tres hermanos, estuvo a su lado en los últimos momentos. Wilding aseguró que su madre, muchas veces castigada en exceso en la prensa por sus romances, excentricidades y pasión por las joyas, "fue una mujer extraordinaria que vivió al máximo, con gran pasión, humor y amor".

No cabe duda que la actriz británica, nacida en 1932 y nombrada dama del imperio por la reina Isabel II, vivió su vida muy rápido, quizá demasiado.

Elizabeth Taylor deja tras de sí una biografía que podría considerarse el libro de estilo de cualquier aspirante a musa del celuloide. A los 12 años se convirtió en estrella infantil. Con 18 vivió su primer divorcio, a los 26 enviudó y antes de cumplir los 30 alcanzó la categoría de icono del Hollywood clásico gracias a sus sólidas interpretaciones y al tumultuoso idilio con el que sería el amor de su vida, el actor Richard Burton.

Deja una biografía que es el libro de estilo de cualquiera que aspire a divaEntre 1957 y 1960, consiguió hilvanar cuatro nominaciones consecutivas al Oscar a mejor intérprete femenina, un récord aún no superado. En la década de los sesenta se alzó con dos estatuillas -por sus papeles en Una mujer marcada (1960) y ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966)- y se convirtió en abuela, todo sin haber cumplido los 40. Harta de las cámaras, a mediados de los setenta abandono el cine y, salvo esporádicas apariciones televisivas, se dedicó en cuerpo y alma a la labor humanitaria. Jane Fonda, compañera de reparto de Taylor en su última gran película, El pájaro azul (1976), ha sido una de las primeras voces de Hollywood en lamentar la pérdida de "una persona íntegra, bondadosa, generosa y valiente".

Con el paso del tiempo, la belleza y la escultural figura que la convirtieron en la actriz más bella de Hollywood se convirtieron en su propia trampa. Sus últimos años de vida fueron una lucha constante contra su cuerpo, que no aceptaba la vitalidad de la dama del cine y la obligaba a pasar constantemente por el hospital. De la noche a la mañana, sus visitas al médico fueron casi el único motivo por el que la otrora diva del cine volvía a las portadas de los medios de comunicación. "Mi cuerpo es un verdadero desastre", aseguró Taylor a la revista W en 2004, el mismo año en que le fue descubierta la insuficiencia cardiaca congestiva que finalmente apagó su vida.

Sus problemas de salud venían de mucho antes. Fumadora compulsiva, en 1975 dejó el tabaco después de que le diagnosticasen de manera errónea un cáncer de pulmón. Durante décadas luchó contra su adicción al alcohol y las pastillas, las dolencias físicas o el sobrepeso. Según sus biógrafos, la intérprete podría haber pasado por el quirófano entre 30 y 40 veces a lo largo de su vida para poner remedio a sus problemas cardiacos, de pulmón, cadera e incluso para extirparle un tumor benigno del cerebro en 1997. También combatió con éxito una neumonía y un cáncer de piel.

A pesar de sus problemas físicos, que la obligaban a moverse en una silla de ruedas, Taylor nunca perdió la vitalidad y, ya alejada del cine, centró sus esfuerzos en la lucha contra el sida. En 1985, año en que la enfermedad se llevó a uno de sus grandes amigos, el actor Rock Hudson, contribuyó a la creación de la Fundación para la Investigación del VIH (AMFAR).

La pasión por ayudar a los demás fue la que la acercó a su gran amigo y confidente, Michael Jackson. Taylor, usuaria de Twitter desde 2009, reconoció a través de la red lo difícil que le resultaba superar la pérdida de quien ella misma bautizó como el rey del pop. "Mi corazón y mi mente están rotos. No me imagino la vida sin Michael", confesó a sus 300.000 seguidores.

Ahora la gran actriz que inmortalizó su imagen en más de 50 películas descansará en la misma ciudad que su gran amigo, en el cementerio WestWood Village Memorial Park de Los Ángeles, donde su familia tiene un nicho junto al de Marilyn Monroe y Natalie Wood.