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La descacharrante historia del juez asesino

El escritor Juan Aparicio-Belmonte acerca el humor a los límites de la trama negra, en la novela Una revolución pequeña.

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Un viaje en avión con un compañero de asiento repulsivo tiene todas las papeletas para pesadilla. Si la nave, además, comienza a pasar por turbulencias, y el vecino te droga y mantiene contigo una relación sexual no consentida, todo desemboca en una trama alocada e hilarante donde un juez se convierte enel asesino.

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Al menos esta es la premisa de la que parte Una revolución pequeña (Lengua de Trapo), la cuarta novela de Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971). Una historia que rompe con los límites clásicos del género negro y que lleva al lector hacia una realidaddisparatada.

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"La novela negra no tiene límites, eso es cosa de críticos y libreros"

"Lo cómico para mí es lo fundamental. Me gusta crear un artefacto divertido, pero con crítica social. Además, para mí no hay límites. Creo que lo del género es algo que ponen los críticos y los libreros", explica el autor de Mala suerte. Aparicio-Belmonte se apoya, además, en los maestros del género para su tesis:"Dashiell Hammet y Jim Thompson son muy satíricos. La novela negra es una parodia de la policiaca, y el detective puede convertirse en el mayor delincuente. Yo creo que la realidad se parece más a esto".

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En su caso es un juez, recto y católico, quien no duda en desenfundar un arma para cargarse a todo aquel que se cruce en su camino. Un magistrado, cuya hija, de nombre Perversa "Sí, es una osadía llamar a una mujer así durante toda la novela", dice el autor, está enamorada de un marxista que no para de descalificar a los socialdemócratas, "encargados de hacerle el trabajo sucio a la derecha", escribe el autor. "Me apetecía destacar a un sedicente revolucionario, que repite tópicos que no aportan nada, y a ese hombre de orden. Son dos figuras plagadas de hipocresía", explica el escritor, quien se define como incapaz para escribir novelas serias.

"El género negro español ha estado más cerca de EEUU que de España"

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Y, por supuesto, tampoco morales. El escritor no cree en el asesinato imperfecto. Echando mano de Thomas de Quincy, quien teorizó sobre la belleza del acto de matar, sus personajes no asesinan, sino que "finiquitan". Y tampoco son simples rateros. "Prefiero a los asesinos de guante blanco que a los pobres diablos. Porque son peores. Están en una posición alta, no tienen un patrón de víctimas claro y nunca se les pilla. Son más inquietantes", manifiesta.

Juan Aparicio-Belmonte forma parte, junto a escritores como Carlos Salem y Óscar Urra, de una nueva hornada de autores que transitan por el género negro, plagándolo de casticismos reconocibles por el lector español. ¿Es el nacimiento de una nueva novela negra española? "Siempre he pensado que los detectives de antes parecían sacados de películas norteamericanas y no de la realidad. El escenario se acercaba más a California que a lo que tenemos aquí. El novelista tiene que estar comprometido con su realidad, y en mi caso es una realidad española", señala el autor.

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Una pequeña revolución surgió de una novela fallida en la que trabajó tras publicar El disparatado círculo de los pájaros borrachos. Después, dice, "todo salió de un tirón. A mí las novelas negras me las pide el cuerpo". Eso sí, antes tuvo que pasar por su vía crucis particular. "Como todo, la novela puente es necesaria para quitarte a la otra que todavía está entu cerebro".

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