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Entrevista con Jean-Louis Trintignant "Aunque duela el corazón, hay que amar"

El veterano actor, un nombre legendario del cine y teatro europeos, se reencuentra medio siglo después con el cineasta Claude Lelouch y con la actriz Anouk Aimée para rematar la romántica historia de ‘Un hombre y una mujer’ en ‘Los años más bellos de una vida’.

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El actor Jean-Louis Trintignant.

“Disculpe por esta entrevista, es que soy muy mayor. Lo mismo me muero hoy o mañana”. No era una información amable la que transmitía Jean-Louis Trintignant al realizarle la entrevista. De hecho, desde hace quince años su único objetivo es despistar el dolor.

Jean-Louis Trintignant, un gigante, una leyenda del cine europeo que ha cargado sobre sus espaldas con algunas de las más portentosas –unas muy polémicas, otras conmovedoras– interpretaciones de los últimos sesenta años, lleva, en sus propias palabras, todo este tiempo “muerto”. Sin vida, desde el asesinato de su hija Marie Trintignant a manos de su pareja, el cantante Bertrand Cantat. Y mientras espera también el final de su cuerpo –sufre un cáncer de próstata para el que se ha negado al tratamiento– engaña a la tristeza con recitales de poesía en el teatro o con sorpresas, como su reaparición en el cine en Los años más bellos de una vida.

Sorpresa por triplicado. La película es la reunión 53 años después de Anne Gauthier y Jean-Louis Duroc, los protagonistas de la célebre Un hombre y una mujer, con la que se dispararon las carreras de su director Claude Lelouch y de los actores, Trintignant y Anouk Aimée, aunque ésta ya había trabajado con el gran Fellini. La película ganó, entre otros muchos premios, la Palma de Oro en Cannes, el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa y al Guion Original, y dos Globos de Oro (película y actriz).

Una especie de consuelo

Unos primeros planos de Trintignant mirando desconcertado primero, como perdido, entrecerrando mínimamente los ojos después –empieza a comprender–, atento, finalmente, abren la puerta a la historia con la que termina aquel encuentro de amor, tan romántico, de dos jóvenes viudos. Ahora, cuando él está perdiendo la memoria en una residencia de ancianos, su hijo busca a Anne, el amor de su vida, para que vaya a verle.

Trintignant, por supuesto, dijo “no” a la propuesta de Lelouch de hacer la película. Le parecía una locura y no estaba seguro de “estar a la altura”. El director, que mantiene un entusiasmo admirable a los 81 años, convenció al actor, que ya ha cumplido 88, asegurándole que si no le gustaba el resultado, nadie jamás vería la película. Afortunadamente, no fue así y Los años más bellos de una vida llega a los cines ahora después de pasar por el Festival de Cannes.

Además, el propio Trintignat reconoce que trabajar en el teatro o volver a rodar esta película en el cine es una especie de consuelo para él. “Sin ninguna duda. Y desde luego es de las cosas más interesantes que hago”.

'Los años más bellos de una vida'

Privilegios del talento y de la edad

Los años más bellos de una vida es la otra cara de la vejez y del deterioro de la que se mostraba en la película Amor, de Haneke, protagonizada por este actor. “Son películas muy diferentes”, dice durante la entrevista Trintignant, que no tiene ninguna intención de hablar del envejecimiento ni de nada que tenga que ver con ello. Y aun así, él sigue contando que “lo paso muy bien con ambos. Haneke es más marginal, un intelectual, mientras que Claude Lelouch es más sencillo. Me gustan los dos, por eso trabajo con ellos.

El señor Jean-Louis Trintignant no contesta a nada que no le apetezca. Privilegios de su talento y de su edad. Aun así, el hombre que ha encarnado buena parte del cine político europeo, el actor que dio vida al juez de instrucción, personaje clave, en la magnífica Z de Costa-Gavras, o al también juez que se apartaba del mundo escéptico ante él, Joseph Kern en Rojo, de Kieslowski, o al ciudadano fascista Marcello Clerici de El conformista (Bertolucci), o a Darien, el tipo que entregaba al líder izquierdista a sus enemigos en El atentado (Yves Boisset), cambia su todavía sensacional voz añadiendo unas notas cantarinas y se lanza de cabeza a su juego.

"Y se va volando"

Trabajó con Haneke en Happy End, donde daba vida a un burgués que vivía al lado de los refugiados que llegaban a Europa. Él mismo defendía hace años que un burgués privilegiado podía llegar a todo tipo de público gracias al arte. Pero Trintignant, cuando se le intenta preguntar por este mundo en el que vivimos hoy y por ese sentimiento de burgués privilegiado, lo vuelve a hacer: interrumpe la conversación y, con elegancia y mucha educación, se lanza a contar una historia.

“Esta es la historia de un hombre que va al circo y le dice al propietario que tiene un número excepcional, fantástico, que hace con pájaros. El dueño del circo le dice que no le interesa, que los pájaros están pasados de moda. A lo que el hombre le da las gracias y ¡se va volando!” Desde luego, Trintignant no está pasado de moda, no lo estará nunca, pero se ha ido volando...

A pesar autodeclararse como pesimista, sí sigue creyendo en el amor. Ahí, sí, es directo y contundente.

'Un hombre y una mujer'

"Creo en el amor"

“Sí, creo en el amor, creo que el amor es el motor del mundo. Lo he dicho porque es verdad y porque así es como lo pienso. También creo que nos tomamos la vida demasiado en serio. La vida no es para tanto. Nos pasamos el día preocupados por nuestra salud, nos auto prohibimos muchas cosas. Pues yo fumo porque me apetece y porque me gusta. Estas son pequeñas cosas que nos recuerdan lo bueno de la vida. Y el amor es lo mejor. Hay un autor de teatro que dice que el amor sienta fatal al corazón. Y yo digo que, aunque duela el corazón, hay que amar".

Jean-Louis Trintignant, posiblemente, no vuelva a interpretar a ningún otro personaje en el cine. A sus espaldas tiene una carrera sobresaliente, al lado de algunos de los más grandes cineastas. Y, entre ellos, dice que se siente cómplice “con muchos, pero especialmente con François Truffaut y con Costa Gavras. Aunque le voy a decir la verdad, no me he dedicado mucho a leer guiones, sino más bien a buscar a la gente que me parecía más interesante, que más me gustaba". Ettore Scola, Techiné, Audiard, Rohmer, Chabrol, Dino Risi, Haneke, Lelouch, Bertolucci, Kieslowski… Le buscaron para sus películas. “Sí y también algunos completos desconocidos. En España trabajé con un director, Arsenio me parece que se llamaba, que no era nada conocido, pero me caía muy bien. A veces me olvidaba de mi profesión y me interesaba mucho más por las personas”.

"Ser héroe es muy aburrido"

Atraído por la calidad humana y artística de los creadores, también se ha dejado seducir por las cualidades de sus personajes, entre los que nunca ha habido un héroe. “Un hombre ambiguo ofrece muchos más matices, ofrece mucho más a un actor, tienen más sombras y luces. Un héroe nunca es interesante, siempre se comporta como un héroe. Es verdad que todos queremos ser héroes, pero es muy aburrido”.

Asegura rotundamente que el cine y el teatro le han librado del aburrimiento. “Sí. Y me ha permitido transmitir muchas cosas al público. Alain Robbe-Grillet siempre decía que por qué hacer una cosa complicada, si se podía hacer de una manera sencilla. Así es. El arte no está reservado a una élite, es o debe ser algo asequible, de lo que todo el mundo pueda disfrutar”.

A pesar de que tiene ganas de seguir charlando, Trintignant se ve obligado a dejar la entrevista por recomendación de su agente de prensa. Es entonces cuando este portentoso actor recurre a sus 88 años por primera vez en toda la conversación, y  con alguna dificultad dice: “Disculpe por esta entrevista, es que soy muy mayor. Lo mismo me muero hoy o mañana”.