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Esto no es Oxford, aquí "no hay boli rojo"

La RAH no estableció filtros para revisar los fallos de objetividad de los autores

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"De todos los diccionarios existentes, el Biográfico Español sólo tiene uno equiparable, que es el de Oxford". Con estas palabras, el director de la Real Academia de la Historia (RAH), Gonzalo Anes, ha defendido esta semana una obra que, en realidad, poco tiene que ver con el prestigioso diccionario británico, empezando por sus métodos de trabajo.

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El equipo que ha elaborado el Diccionario Biográfico Español no establecía filtros académicos para revisar los textos de los historiadores, fuera cuál fuera su contenido. "Aquí ni censuramos ni pasamos el boli rojo. A un investigador no le puedes decir lo que tiene que escribir", explicó ayer a Público una de las documentalistas de la obra.

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Todo lo contrario que el Diccionario Biográfico Nacional de Oxford, donde los textos se sometieron, tal y como pudo saber Público, a un intenso proceso de revisión académica por un extenso equipo de editores, que con frecuencia devolvían las biografías a sus autores para que las corrigieran. "Si era necesario, pedía al autor que cambiara el texto. Le decía quiero más información o saber más de esto o la entrada ha quedado demasiado elogiosa", reveló su editor, Lawrence Goldman.

"Si me dan los dineros de Oxford y me garantizan su estabilidad académica, firmo ahora mismo. El problema es que si en España montas esos equipos de editores el diccionario no hubiera salido en el siglo XXI", afirmó el académico Martín Almagro Gorbea, encargado de la Comisión de Antigüedades y Estudios Clásicos, que defiende el diccionario como "la mayor empresa de la vida española en el campo de la historia".

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Al prescindir de editores que calibraran los textos, la elección del historiador era definitiva en el caso del Diccionario Biográfico Español. "En primer lugar, se hacía una lista con las personas más notables en la materia y, a continuación, se elegía al que podía escribir con mayor objetividad", revela Almagro.

En Oxford lo tenían bastante más claro y cuidaban que el historiador no fuese alguien tan cercano al personaje como para perder la perspectiva crítica hacia él. E incluso, como ocurrió con la biografía de Karl Marx a cargo de Eric Hobsbwam, le animaron a ser más crítico con él.

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Luis Suárez, elegido por la RAH para escribir sobre Franco, está vinculado a la Fundación Francisco Franco y preside la Hermandad del Valle de los Caídos. Gonzalo Anes justificaba su elección porque "fue el único que tuvo acceso a los archivos de Franco", pero le faltó matizar que fue su relación personal con la familia del dictador la que le permitió ese acceso privilegiado.

El académico Martín Almagro reconoció no haber leído la entrada de Franco: "Si es una hagiografía, que se reclame y que lo cambien, pero siempre con el consentimiento del autor. Eso es imprescindible en todo trabajo científico".

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Stanley G. Payne ha escrito la entrada sobre la Pasionaria, no incluida en los primeros 25 tomos.  

Público: "Usted escribió la biografía de la Pasionaria. ¿Podría enviárnosla?"

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Stanley G. Payne: "Sí, parece que escribí esa entrada. Lo había olvidado completamente, porque es tan poca cosa, pero los editores dicen que sí, que lo hice, y sin duda lo sabrán. Una cosa insignificante como esa no es algo que se pone en el CV, así que no tengo verificación en mis propios datos, pero sin duda es así. Ya no conservo el archivo del texto. Lo siento"

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