Este artículo se publicó hace 17 años.
Fincher o Fitzgerald
El cineasta estrena 'El curioso caso de Benjamin Button', adaptación de un relato del gran escritor estadounidense, que protagoniza Brad Pitt

¿Pero tantas ganas tiene la América provinciana blanca de reinventarse en la forma de un bebé amamantado y arropado por los amables negros? ¿Tanta necesidad de olvidar el huracán Katrina y al monstruo George Bush, tanto deseo de revestirse con el pellejo de Barack Obama? Sólo una pulsión de vida así justifica la última cinta de David Fincher, El curioso caso de Benjamin Button, que pone el mundo al revés para imaginar a un americano medio renaciendo constantemente.
David Fincher y su actor fetiche, Brad Pitt, presentaron en París hace unos días al público europeo El curioso caso de Benjamin Button, y dio la casual y curiosa casualidad que fue en la capital de las French Fries y de la Old Europe, donde la pareja irresistible de honestos americanos blancos recibió el notición. La Norteamérica metamorfoseada de Obama les daba la bendición en forma de nominaciones record a los Oscars: Nada menos que trece, cosa que iguala los mejores hitos históricos del cine norteamericano.
El director intenta convertirse en el Frank Capra del siglo XXIAclamado por la Academia, taquillazo que ha sacado ya algo más de 110 millones dólares de los paupérrimos monederos gringos, El curioso caso de Benjamin Button es un cuento de hadas sensiblero y larguísimo, que evita cualquier forma de realismo, miente con la historia social norteamericana y, por el contrario, está repleto de moralina y auténticos Tractatus metafísicos plúmbeos.
Crecer al revésLa fantasía se sirve de la excusa de contar la vida de un personaje aquejado de una extraña enfermedad que le hace retroceder en edad, cosa que lleva al bueno de Brad Pitt a convertirse en mascota de una forma de renacimiento humanista y antirracista constante de Estados Unidos, nada menos que en un Nueva Orleans a punto de ser golpeado por un huracán.
"Los espectadores se involucran en su viaje en el tiempo", dice Fincher"En Nueva Orleans ocupamos tres o cuatro calles durante meses. La gente estaba muy contenta... No sólo de tener una industria, trabajo, dinero que llegaba gastamos decenas de millones de dólares-, sino de poder demostrara que es un lugar donde se puede vivir y trabajar", explicó Fincher sobre el rodaje en la ciudad arrasada hace poco años por el Katrina.
El curioso caso de Benjamin Button es, en realidad, dos películas diferentes. En la primera parte, el pobre bebé Pitt nace en la Nueva Orleans de principios de siglo XX con una tara tan horripilante la vejez, parece que es abandonado por su padre. Que suerte tuvo el monstruito, porque el abandono lo libró de una estúpida vida en el seno de una dinastía de empresarios de la industria del botón, tan blancos como ricos y aburridos.
Que suerte mayor aún que ese destierro abriera a bebé Pitt las puertas de un alocado hogar de ancianos regentado con amor por una afroamericana cálida y tierna, interpretada por la excelente y bellísima Taraji P. Henson, nominada a mejor actriz secundaria.
Ese moridero divertido de viejetes, en una ciudad donde blancos y negros conviven sin problemas a principios del siglo XX a los ojos de Fincher, será el terreno de juego ideal para el monstruito Brad Pitt. Porque el chaval, a causa de su enfermedad, nace viejísimo y, al crecer, va rejuveneciendo. Como un pez en el agua se sentirá Benjamin, hasta llegar al momento mágico en que una ceremonia religiosa de afroamericanos libera al rubio de lo peor de su tara. ¡Milagro!
El gusano y la mariposaA partir de ahí, la segunda parte del larguísimo film de dos horas y tres cuartos es harina de otro costal. En ella, Benjamin se va convirtiendo progresivamente en Brad Pitt en persona. Guapetón, cada vez más lozano, el pobre Pitt debe debatirse con una cohorte de amores, viajes, libertades y aventuras que llaman a su puerta. Thelma y Louise no están lejos.
Con todo, Fincher niega la mayor e intenta convencernos de que el fornido Pitt no es el que aparece en la gran pantalla: "Cuando terminamos el filme y pensábamos en su marketing, en el público, invitamos a un grupo de turistas norteamericanos que visitaban Los Ángeles. Al final, cuando les preguntamos qué les parecía, siempre decían Benjamin hizo esto, me gustó cuando hizo lo otro. Nunca decían Brad ha hecho esto o lo otro, y eso que, como estrella, figuraba en las portadas de todas las revistas".
Fuera como fuese, el problema es que EL gran amor de su vida, el de verdad, obviamente sí ve pasar los años como el común de los mortales, y fatalmente envejece. La ruptura será terrible para Pitt y su media naranja, pero también les permitirá descubrir algo así como una cosa parecida más o menos al verdadero sentido de la vida ése. O al menos eso es lo que quisiera Fincher, con la inestimable ayuda de una banda sonora lacrimógena compuesta por un francés, también candidato al Oscar.
"El público es como un perro: tienes que hacerle saber con qué tipo de película se va a encontrar", explicó el director en París. "El interés de esta película está en la narración, en cómo los espectadores se van sintiendo implicados con los personajes, y también en el viaje a través del tiempo", añadió.
Durante su encuentro con un grupo de periodistas en París, Fincher, además de mirar sin parar su enorme teléfono móvil, por donde le iban llegando pantallas con mensajes oscarizables, hizo gala de sus conocimientos metafísicos: "¿El hecho de ser mortal? Siempre pienso en ello. Cuando se rueda un thriller, los personajes deben morir, uno piensa en ello más como un asunto técnico, que como una eventualidad de la vida".
Milagros, muertes y renacimientos, el primer beso de la vida, la guerra, fundar un hogar, tener un hijo... Sólo falta plantar un árbol. Todos los grandes tópicos de la novela biográfica, pasados por el túrmix de la fantasía de una vida, la de Pitt, que avanza no hacia la vejez y la muerte sino hacia el estadio de bebé, son visitados por el realizador, preocupado por "las eventualidades de la vida".
De David Fincher se conocía, después de Seven, Fight Club y Zodiac, el gusto y regusto por lo pretencioso y por la artillería pesada del misticismo y los simbolismos. Había paseado ese esoterismo por los asesinatos, la violencia gratuita y los serial killers, donde también revelaba que, como realizador, viene y va del y al mundo de la publicidad.
Ahora Fincher postula no al Oscar, sino al puesto de Frank Capra del siglo XXI, intentando una OPA sobre la vida del americano medio empobrecido, llevado a una posición imposible.
Favorita a los Oscar con 13 nominaciones ¿Quién está detrás de Benjamin Button?
Eric Roth es el guionista de ‘El curioso caso de Benjamin Button’. ¿Les suena su nombre? Roth también escribió el librito de la oscarizada ‘Forrest Gump’ (1994). Y los productores de ‘Benjamin Button’ alardean de ello: “Eric era la persona ideal para desarrollar completamente todo el potencial de una historia a gran escala, pero profundamente personal”, señala Kathleen Kennedy. “En ‘Forrest Gump’ ya demostró su habilidad para escribir una serie de retratos íntimos en el marco de todo tipo de historias épicas”. Hasta aquí, todo bien.
¿Son Forrest Gump y Benjamin Button la misma persona?
El problema es que algunos internautas ya han empezado a buscar parecidos entre las dos películas: ambas son dos historias de amor, cuyo protagonista es peculiar. Tiene un amor platónico del que debe alejarse por la guerra y, años después, vuelve a casa reencontrándose con su madre y su novia, que ha iniciado una nueva vida sin él. El asunto, como es habitual en Internet, ha desembocado en un vídeo humorístico subido a YouTube donde se comparan ambas películas.
¿Las películas de David Fincher son buenas o malas?
El cine de David Fincher bascula entre la genialidad y el bodrio total y absoluto. Entre sus malas películas destacan, por deméritos propios, ‘La habitación del pánico’ (2002), ‘The Game’ (1997) o ‘Alien 3’ (1992). Entre las buenas están, sobre todo, ‘El club de la lucha’ (1999) y ‘Zodiac’ (2007). ¿Y qué pasa con ‘El curioso caso de Benjamin Button’? La crítica no se pone de acuerdo: o muy mala o muy buena.
¿Es ‘El club de la lucha’ una película fascista?
Cuando se estrenó ‘El club de la lucha’, adaptación de una popular novela del escritor estadounidense Chuck Palahniuk, un sector nada desdeñable de la crítica la vapuleó acusando a Fincher de hacer una apología de la violencia gratuita y de ser un fascista peligroso. Pero los años han puesto a la película en su sitio: convertida en un fenómeno de culto, ‘El club de la lucha’ es considerada ahora por un sector considerable de la crítica y el público como una de las películas más emblemáticas de los años noventa. Respecto a su supuesto fascismo derechoide… nadie se acuerda ya de semejante tontería.
Es más, el filme es reivindicado ahora por, entre otras cosas, su capacidad para exponer de un modo explosivo un tema poco habitual en las superproducciones estadounidenses: la conversión del hombre moderno por un consumidor pasivo. De hecho, vista ahora ‘El club de la lucha’ parece una de las películas más subversivas hechas en Hollywood en los últimos veinte años.
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