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La Guerra Fría en un tablero de ajedrez

El dramaturgo Juan Mayorga retrata en su última obra, 'Reikiavik', la mítica partida entre Bobby Fischer y Borís Spaski.

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Foto de la obra teatral 'Reikiavik'.

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MADRID.- A veces, la mentira del teatro puede decir verdades. Es lo que ocurre con obras que están basadas en sucesos clave de la historia que se repiten en nuestra imaginación y que intentamos recrear inventando pasajes y conversaciones, que si bien pudieron tener lugar, no podemos demostrar que así sucedieron. En Reikiavik, el último trabajo creado y dirigido por el dramaturgo Juan Mayorga, ocurre algo parecido.

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Mucho se ha escrito sobre este encuentro, los entendidos del ajedrez lo definen como la partida del siglo, pero sobre todo, su enfrentamiento es un símbolo de la Guerra Fría. "El único interés de Fischer era el ajedrez. Ninguno de los dos estaba politizado, sin embargo ambos fueron señalados como representantes de las ideologías de sus respectivos países", explica Mayorga.

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Foto de la obra teatral 'Reikiavik'.

El relato de Mayorga bebe de estos acontecimientos, pero su principal historia la protagonizan Waterloo y Bailén, dos hombres que tienen una extraña sociedad secreta y que se reúnen para jugar a ser Fischer y Spaski. "Cada día uno hace de uno y al siguiente cambian sus roles. Reconstruyen la partida y se meten en la piel de todos los actores que intervinieron en ella. ¿Por qué? Porque consideran que en esta historia se encuentran todas las historias".

Foto de la obra teatral 'Reikiavik'.

"El colapso de la Unión Soviética nos hizo pensar que Estados Unidos se quedaba con la hegemonía. Hoy tiene otros competidores, entre ellos grupos terroristas que se autodenominan estado" y que son, en definitiva, una de las mil formas diferentes entender la vida. Los mismos perros pero con diferentes collares.

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