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Los hermanos Weinstein: la fábrica de estatuillas

Adorados y temidos a partes iguales, en 1979 fundaron Miramax y en 2005 su propia compañía

R. A.

"Gracias a quienes han financiado esta película, porque no era una elección evidente". Sin quererlo, en su minuto de agradecimiento, la productora de El discurso del rey, Emile Sherman, reconoció el buen ojo de Harvey y Bob, los hermanos Weinstein, para la elección de películas que huelen a galardón. Sin ellos, que respaldaron financieramente el filme cuando nadie estaba interesado (costó 11 millones de euros), la cinta que ha conmovido a medio mundo no habría sido posible.

Y es que, desde que en 1979 fundaron Miramax, los Weinstein se han convertido en la más prolífica factoría de candidatos a la estatuilla dorada de Hollywood. En sus más de 30 años en la meca del cine, las películas que han apadrinado suman más de 250 nominaciones a los premios de la Academia, además de una buena colección de estatuillas. Entre sus grandes éxitos figuran una decena de películas que han marcado una época en el cine contemporáneo y que van desde Pulp fiction hasta Chicago, pasando por El paciente inglés, El indomable Will Hunting, Shakespeare in love o la trilogía de El señor de los anillos.

En 2005, tras su salida de Miramax por desavenencias con Disney, accionista mayoritario de la compañía, fundaron The Weinstein Company, con la que han seguido produciendo largometrajes que se han convertido en sinónimo de premio. De su nueva fábrica de filmes ganadores han salido títulos como Nine, Un hombre soltero o Malditos bastardos, además de El discurso del rey.

Para los Weinstein, un buen número de nominaciones es sinónimo de publicidad, y la publicidad es sinónimo de dinero. Adorados y temidos a partes iguales, Harvey y Bob son conocidos por su implicación total en cada proyecto que respaldan. No se conforman con intervenir únicamente en el apartado financiero, también son parte activa del resultado final de la película. De hecho, el mayor de los hermanos se ha ganado el sobrenombre de Harvey Manostijeras por su afición a imponer recortes y retoques a los largometrajes que produce. Y aunque algunos se quejen de su intrusismo, parece que tiene buena mano con la tijera.