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Homenaje a los cinco sentidos del arte

Cildo Meireles, primer artista brasileño en la Tate Modern

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“Tarde pero bienvenida”. Con una mezcla de orgullo y confianza en su nueva apuesta, así, tajante, se mostró ayer Vicente Todolí, el valenciano que desde 2003 dirige la Tate Modern. Hablaba de una de las principales exposiciones de esta temporada en el museo londinense: la retrospectiva dedicada a Cildo Meireles (Río de Janeiro, 1948), la primera que repasa la obra de un artista brasileño en el Reino Unido y la culminación de una amistad que empezó hace trece años, cuando Todolí organizó en el IVAM de Valencia la primera muestra a lo grande del último premio Velázquez.

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En la cuarta planta de la antigua fábrica, los espacios virtuales de la primera época de Meireles dan la bienvenida a un mundo de instalaciones impactantes, donde nada es lo que parece y el tacto le roba el protagonismo a la vista. Una muestra que recorre la trayectoria del artista desde sus inicios en la década de los sesenta hasta este mismo año, cuando terminó Volatile, la obra que despide la exposición con una vela iluminada que sólo verá el que se atreva a hundir sus pies en una superficie que parece una nube.

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“Va a ser una sorpresa para muchos, incluso para críticos que no conocían bien su obra y que de repente exclamarán: ¡Parece mentira que alguien que ha estado trabajando desde el 68 no haya tenido reconocimiento hasta ahora!”, dijo Todolí.

“El arte conceptual tiene muchos padres y madres, no sé si yo soy uno de ellos. Uno nunca tiene la suficiente distancia como para darse cuenta de lo que está haciendo. Supongo que para ello están los críticos y sus etiquetas”, con el Támesis de fondo, Meireles explica como él mismo intentó definir su arte hace 44 años, cuando empezó a dibujar inspirado por un libro de Goya que le había regalado su padre.

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Entre las sorpresas que depara la retrospectiva se encuentran ocho de sus impactantes instalaciones a larga escala. Si algo las define es que no dejan al visitante indiferente, porque su interacción es parte del juego. En Através, un laberinto de barreras que conduce a una gran bola de celofán, los curiosos descubrirán la obra si pisan su resbaladizo suelo de cristal. A su lado, la espectacular Missão/Missões (Como construir catedrais) esconde, tras una cortina negra, 600.000 cruzeiros brasileños que cubren el suelo, unido por una columna realizada con hostias a un techo formado por 2.000 huesos. “Quería construir algo similar a una ecuación matemática, muy sencillo y directo, conectando tres elementos: el poder material, el poder espiritual y uno difícilmente evitable a lo largo de la historia: la tragedia”, impresionante.

Meireles cuenta cómo la religión y la política encuentran una lectura en sus obras, aunque deja claro que nunca le gustó “el arte como panfleto”. Admite que en su día aprovechó los mecanismos de distribución, para hacer circular mensajes de resistencia política. Frases como “Yankees go home”, aparecieron estampadas en billetes o botellas de Coca-Cola que él mismo etiquetó y que están en la muestra.

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Todo un premio con mucho contenido 

Puro concepto

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Meireles creció y se formó en Brasilia antes de volver a su ciudad natal, donde ahora reside. Se hizo un nombre en 1970, cuando fue uno de los cuatro artistas brasileños en participar en ‘Information’, una influyente exposición organizada por el MOMA de Nueva York que situó el Arte Conceptual en el mapa. Aquel proyecto le ató a una corriente de la que no ha conseguido escapar

Pura dictadura

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La dictadura militar fue un hecho dramático que marcó su trayectoria inevitablemente y le dotó de contexto, para firmar algunas de las obras filosóficamente más brillantes y seductoras del arte actual. Desde  el año 1960, Ciro Meireles ha creado esculturas e instalaciones que, ante todo, incorporan el elemento de la participación y la experiencia de los sentidos. “Una de mis obsesiones más evidentes es la relación entre el cuerpo y la mente, lo sensorial y lo cerebral”, explicó durante la presentación de la exposición.

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