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Es la hora de Holanda

Madrid celebra por primera vez el Mes del Diseño Holandés, que muestra carteles y mobiliario actuales y del siglo XX

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Innovador y joven son dos adjetivos que se pegan irremediablemente al diseño holandés. Algunas razones: “Estos diseñadores tienen una sensibilidad muy especial hacia el Medio Ambiente, que se traduce en la fabricación de piezas con materiales que recuperan y reutilizan”, explica Pier Luigi Cattermole, diseñador y director de la revista Experimenta. Es el caso de Piet Hein Eek, que expone sus piezas en el Círculo de Bellas Artes.

La muestra se inscribe dentro del Mes del Diseño Holandés, que se extenderá hasta finales de marzo en la ciudad y contempla conferencias y exposiciones en diversos escenarios. Entre ellos, Matadero, la sede de la Fundación Carlos de Amberes, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (Coam), el Museo Nacional de Artes Decorativas y la Escuela de Arte 10.  
Pero ¿realmente se puede hablar de una escuela holandesa? En opinión de Cattermole, sí. “Muchos de estos creadores triunfaron en los 90 en la Feria del Mueble de Milán y reúnen una serie de características que los identifican como colectivo”. Una de ellas es que perciben importantes ayudas por parte del Estado holandés para desarrollar su actividad profesional; detalle que los diferencia de sus colegas españoles.

“Aquí las administraciones locales y estatales deberían hacer mucho más, pero es indudable que ya se empieza ver el diseño como una herramienta de éxito para la imagen empresarial”, apunta Cattermole. Para el director de Experimenta “el diseño de calidad es el reflejo del desarrollo de una sociedad”, lo que lo convierte en “una profesión de futuro”.

Aquí y ahora

El Mes del Diseño nace con la vocación de perpetuarse en el tiempo y abarca distintos ámbitos, como la moda, el diseño gráfico o el industrial. Entre los nombres contemporáneos, figuran la diseñadora de libros Irma Boom, que pronunciará una conferencia el día 26, o el propio Hein Eek.

Sin olvidar a la nueva hornada generacional, cuyos trabajos ocupan la Escuela de Arte 10. Quien vaya, encontrará  los carteles de Isidro Ferrer y Nicolás Sánchez para el Centro Dramatico Nacional y los premiados con los Theater Affiche Prijs 2007. Una muestra donde se percibe que los caminos por los que discurren el diseño español y el holandés no son los mismos.

Otra cita para empaparse de las tendencias más actuales que triunfan en Holanda es  Binnen-Buiten (literalmente Dentro-fuera), en la Central del Diseño de Matadero, a partir del 26 de marzo. Esta muestra, rebautizada En la calle como en casa, da una idea del carácter poliédrico de los Países Bajos al reunir un centenar de piezas que dan cuenta de las soluciones propuestas para el medio doméstico y el urbano.

Además, la oferta cultural de Matadero incluye diferentes talleres con la d: Espacios de tránsito, Diseño de interiores (30 de marzo al 2 de abril), Diseño de mobiliario urbano (del 10 al 13 de abril), Diseño participativo para una sociedad multicultural (del 17 al 20 de abril), Dibujando Madrid (del 8 al 11 de mayo), y Madrid histórico, recopila, preserva y... conecta (del 22 al 25 de mayo).  

De dónde venimos

Para entender el punto al que han llegado estos diseñadores, diversas exposiciones muestran el trabajo de grandes figuras del siglo XX. Así, La Edad de Oro del diseño gráfico holandés abarca un total de 40 carteles realizados desde 1895 a 1984. Las obras expuestas son fiel reflejo de los movimientos culturales que impregnaron Europa, desde el art nouveau al expesionismo, el constructivismo y el racionalismo de posguerra. Se inaugurará el 13 de marzo en la sede de la Fundación Carlos de Amberes.

Las figuras de Gerrit Thomas Rietveld (1888-1964) y Gispen (1890-1981) centrarán otras dos retrospectivas en el Museo Nacional de Artes Decorativas (del 13 de marzo al 7 de mayo) y el Coam (del 6 de marzo al 26 de abril), respectivamente. El primero, arquitecto de profesión, empezó a idear muebles a partir del movimiento De Stijl y el segundo, revolucionó el diseño industrial en los años 20 convirtiéndose en el máximo exponente del funcionalismo.