Irantzu Varela y los viajes en coche: "Son el momento ideal para las confesiones"
La periodista referente en feminismo reivindica el placer de los largos traslados por carretera, aunque ya no exista la improvisación de antaño.

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"Algo ha cambiado. Dentro de mí, ¿sabes? Y… no podría volver. No podría. No lo aguantaría". Una compungida Geena Davis se abre en canal ante Susan Sarandon en el interior de un coche, en uno de los momentos más recordados del clásico de Ridley Scott Thelma y Louise. "Cuando me preguntan por mi película favorita me da vergüenza decir esta porque es muy obvia, pero es que me parece increíble, y ha envejecido muy bien", confiesa Irantzu Varela. Acompañamos en el asiento del copiloto a la periodista, escritora, monologuista y reciente podcaster, para saber más sobre su pasión por los viajes en carretera. Quizás algo cambie también dentro de nosotros.
Al escoger este tema ha pesado su "pasado de persona pretenciosa, leyendo En la carretera de Jack Kerouac o Fóllame de Virginie Despentes", comienza confesando Varela, aunque reivindica "ese espíritu de los viajes en coche de entrar en contacto con otra gente que viaja, con la gente de los sitios donde vas parando. Y la idea de que va a pasar algo interesante, que es la obsesión de mi generación, que es que pasen cosas todo el tiempo". En la carretera, cree, pasan seguro, "aunque solo sea pasar en la gasolinera y encontrarte con personas que jamás conocerías de otra manera".
Para Varela "la gracia es el propio viaje, sobre todo al ir por carreteras secundarias y no por la autopista, que no ves nada", y la posibilidad de encontrarse con gente de todo tipo, "porque en la vida diaria elegimos mucho más nuestros círculos de lo que pueda parecer. Yo tiendo mucho a la burbuja, y es a propósito, pero encontrarte con otra gente te enseña muchas cosas". En la carretera "rompes esa burbuja quieras o no, y eso siempre es interesante. Incluso si sale mal, te muestra algo".
Como destino predilecto se queda con Portugal, "ese país que tenemos al lado y que para tanta gente ni existe, cosa que por otro lado resulta positiva". La autora de Darle fuego a Bilbao atesora en la memoria varios viajes al país luso "con un montón de amigas, una guía en papel y solo con la primera noche reservada, para después ir improvisando. Había algo muy cándido en parando en los sitios para preguntar si tenían habitación, cuánto valían…". Un modo de viajar "con cuatro duros, buscándote la vida" que ya es más bien cosa del pasado, porque "hemos pedido esa improvisación".
Una espontaneidad que también se contagiaba a las horas de pura carretera, en ese espacio tan íntimo que genera el coche, donde "o hablas o pones la música y vas cantando, pero en cualquier caso es un espacio de comunicación, de compartir con los demás", reflexiona. Unos escasos metros cúbicos donde "nadie más te escucha, vas mirando hacia delante y no miras directamente a las otras personas, lo que puede facilitar las cosas… Da para mucha confesión". Para Varela, por carretera "las conversaciones más profundas se dan durante el viaje, no en el destino".
Pero en un planeta que no da más de sí, ¿quedará el vehículo particular como una tecnología del pasado? "Tendría que haber dicho algo más ecológico, como ir en bicicleta, que también lo he hecho mucho, pero las pasiones son las que son", ríe la periodista, que no se atreve a hacer predicciones. "Es insostenible el seguir viajando tanto, explotar así los combustibles fósiles… Pero no tengo ni idea de cómo será el futuro, porque hemos dejado a Black Mirror en una pequeña serie de comedia, así que vete a saber".
El coche más mítico de la periodista vasca era "un Seat Toledo rojo con alerón, muy macarra, que llegabas a cualquier sitio y esperaban que salieran dos tíos… y salíamos nosotras". Para ella, la idea de la conducción como una actividad masculina es algo enterrado: "Lo que pasa es que nosotras no proyectamos nada en el coche que conducimos. Hay un montón de tías a mi alrededor a las que nos gusta conducir, que lo sentimos como ocio y evasión además de su cuestión práctica".
Para este referente en feminismo, como la mayoría de ideas sobre el género, asociar coches y hombres "es un prejuicio. Ni de coña. Hacer un viaje con amigas es lo más girlie que existe. Te metes en una cápsula, poner la música alta… es algo que coloca en el mismo nivel a todos". Hablando de música, quien viaje con Varela puede esperar "grandes desgañites" con las versiones de Rolling in the deep de Adele y Nothing compares 2 U de Sinéad O’Connor.
Pero la carretera no está exenta de peligros, algo que también sabe la autora de Lo que quede. "Aquel Seat Toledo acabó empotrado en una salida de Bilbao. Fue un accidente muy espectacular, di dos vueltas de campana… pero no me hice nada. De hecho, cuando vino la ambulancia me preguntaron si era especialista de cine, porque no se lo creían". Una escena que podría aparecer en uno de sus monólogos, porque "encima iba a la tele, y llevaba un vestido con un poco de cola. La primera persona que se acercó hablaba un euskera muy cerrado, y al responderle pensé: ¿me he dado un golpe en la cabeza y ahora hablo un euskera como el suyo? Como en Matrix, de repente era especialista y tenía el C2 de euskera".
Una salvación milagrosa que no parecía tan probable mientras giraba en el aire, encerrada en el vehículo, aunque reconoce que "fue un poco catártico, porque mientras daba vueltas pensé: hasta aquí hemos llegado, y no me parecía mal". Aunque se alegra de "estar viviendo una segunda temporada”, para Varela “fue muy tranquilizador estar contenta con lo que había sido mi vida hasta ese momento. Tenía cuarenta años, que es un muy buen punto de inflexión, y descubrí que estaba conforme con la vida que había llevado".
Este verano ya ha contemplado a la periodista cruzar la península en coche. "Fuimos a Murcia, al orgullo de Totana, y el resto del verano estaré en Bilbao, aunque Bilbao en verano mola". Tras el descanso estival, retomará la preparación de su nuevo monólogo, "aunque estas cosas tienen un tiempo de cocción largo", y de un nuevo libro. Además en septiembre estrena podcast, La ira, "un espacio para hablar de las cosas que me interesan, que me importan y que me enfadan". Es decir, como si compartiéramos con ella un largo viaje por carretera.


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