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Isaki Lacuesta: "Es desolador ver cómo condiciona en España la clase social"

Merecidísima Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, ‘Entre dos aguas’ es un conmovedor juego con el tiempo, un retrato de la pobreza en la España de hoy y una obra entregada a emociones y realidades que “no queremos conocer”

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'Entre dos aguas'

MADRID,

Isra y Cheíto viven desde su infancia con la herida abierta de la muerte violenta de su padre. Eran adolescentes cuando, de la mano de Isaki Lacuesta, aparecieron en el cine, en La leyenda del tiempo. Han pasado doce años y el cineasta se reencuentra ahora con ellos en Entre dos aguas, una película de “ficción hiperrealista”. Una maravilla cinematográfica y una crónica portentosamente emotiva.

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En el barrio de La Casería, en la Isla del León, en San Fernando, no ha cambiado nada. Miseria, analfabetismo, caminos cerrados. No hay trabajo, pero hay que sobrevivir. Hay droga y hay cárcel. Hay familias rotas. Hay desesperanza y angustia, pero también hay dignidad y cariño, amistad, anhelos… Merecidísima Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, Entre dos aguas ha ganado el Premio a la Mejor Película en el Festival de Mar de Plata, donde Isra Gómez Romero se ha alzado con el galardón al Mejor Actor. El cineasta Isaki Lacuesta, narrador generoso y entregado, revela en esta entrevista el poso de dolor y tristeza que ha quedado después de este trabajo.

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¿Cómo ha condicionado la película la realidad de estos personajes del barrio de La Casería, en la Isla del león, doce años después de ‘La leyenda del tiempo’?

Bueno, está todo peor. No esperábamos que fuera un drama, ha quedado un poso grande de dolor y tristeza. En ‘La leyenda del tiempo’ eso estaba mucho menos presente porque eran niños y quedaba tapado por la jovialidad y sus sonrisas. Entonces esos niños podría ser cualquier cosa. Pero esos caminos ahora se cierran. Eso ha condicionado el formato, hemos rodado en celuloide. Si lo hubiéramos hecho en digital se sabría que es una historia del siglo XXI, pero así las imágenes, los gestos… pueden ser de los 70, los 80 o de ahora.

Terrible que en la Isla de San Fernando la realidad social esté igual que hace más de un decenio.

Sí, emocionalmente te remueve. Pero nosotros no queríamos hacer cine con un planteamiento social, queríamos hacer un retrato de ese lugar que nos fascina. Lo que ocurre es que pasan los años y lo que filmas es así, no lo puedes maquillar. En la película no hemos subrayado la dureza de sus condiciones de vida, pero es desolador ver cómo condiciona en España la clase social.

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En lo personal, ¿reencontrarse con Isra y Cheíto en sus vidas de ahora le ha cambiado?

Sí, somos distintos a como seríamos si no los hubiera conocido. Ahora todo es muy accesible y cada vez tenemos más relación con gente muy parecida, es complicado tener contacto con otra clase social. Y esa es una de las cosas por las que me gusta hacer películas. Es sorprendente que allí la gente te abra las puertas de sus casas. Con el cine te puedes relacionar con Nadal, con un millonario suizo que financia parte de mis películas o te puedes meter en la cabeza de un tío de Ohio.

El cine, entonces, ¿cómo una manera de mostrar realidades que sentimos como ajenas?

Sí. Estas personas tienen una vida extremadamente dura, tanto que cuesta entenderlo. Buscan y buscan trabajo, pero no lo consiguen, entonces… No queremos ver la realidad de mucha gente en España y tampoco se muestra. En España hay miseria y analfabetismo funcional, es un mundo que no queremos ver. Isra tampoco termina de entender ese mundo. Él vive con las heridas del pasado que le impiden seguir adelante. Tiene una doble lucha, la exterior que le impide trabajar y la interior, la muerte violenta de su padre. Los dos hermanos son los dos lados de hoy. No son personajes encauzados.

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Uno militar, el otro camello.

Bueno, en la Isla de San Fernando es bastante habitual ser militar y traficante a la vez. Allí la película de Danie Monzón, ‘El Niño’, está muy presente, es el imaginario de la zona.

Sin posibilidad de encontrar trabajo, personajes como Isra y Cheíto tienen dos tablas de salvación, la religión y el patriotismo…

Desde mi perspectiva de ateo anti armas, me pregunto si de verdad se tienen que agarrar a estos opios, pero por otro lado veo la suerte que han tenido algunos al encontrar eso. A Cheíto el ejército le ha dado confianza en sí mismo, así que no soy yo quien para juzgar.

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‘Entre dos aguas’ doce años después de ‘La leyenda del tiempo’ es un juego con el tiempo, pero ¿ahora también sirve de crónica de la realidad del país?

Me gusta dejar una botella con mensaje, como esas cápsulas que envían al espacio. Con esta película se verá cómo era España en 2018, cuando pensábamos que no había analfabetos ni pobres, pero sí existían. ¡Nos olvidamos tan rápido! Hace unos años cuando hicimos ‘Murieron por encima de sus posibilidades’ queríamos matar banqueros, luego se nos olvidó, aunque ahora con lo de las hipotecas…

'Entre dos aguas'

La película comienza con un parto en toda su crudeza, ¿es un guiño a ese juego con el tiempo?

Me resulta curioso que un parto resulte agresivo al espectador. No estamos acostumbrados a ver lo más habitual de la vida. Partos, cesáreas, varices, muerte… se censuran y son tabúes. En cine años de cine no hemos querido ver lo más elemental de la vida.

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¿Toparse con la realidad de la Isla del León ha supuesto más trabajo de reescritura de guion?

Proceso de reescritura y de diálogo, porque el guion está implicado en las vidas de Isra y Cheíto y en las de sus amigos. Aunque ellos interpreten miedos como el de la cárcel, Isra no ha estado en prisión. Algunos de sus amigos cercanos, sí. Incluso después del rodaje, hay gente de la película que ahora está en la cárcel.

‘Entre dos aguas’ es ficción, pero usted ha ido a buscar esta ficción entre vidas y situaciones reales, y hay quienes dicen que la película es documental, ¿le molesta?

Es ficción, aunque hay gente que se empeña en que es documental, probablemente por mis orígenes con cine documental. También en parte porque una de las partes más bonitas del proceso ha sido la de conseguir que no se vea la escritura del guion, que no se vea el trabajo de luz del director de fotografía… Así que si a alguien le parece documental, está muy bien. Me da rabia por ellos, por Isra y Cheíto, porque su trabajo como actores es brillante. Diría que la película es ficción hiperrealista.

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Así usted sigue experimentando…

Hacer cine mainstream para público mainstream es estéril. Me gusta que las películas no rocen y nos pongan en contacto con cosas que no son las que están destinadas a nosotros. Ahora juegan con los algoritmo para recomendarte películas, series, libro… que vayan contigo, cuando se trata de justo lo contrario.

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