Entrevista a Javier Yagüe, director de la sala Cuarta Pared"El lenguaje teatral está bastante empobrecido porque ahora todo es muy efímero"
El director de Cuarta Pared repasa en su 40º aniversario la trayectoria de la sala madrileña, con compañía y escuela propias, que mereció el Premio Nacional de Teatro.

Madrid-
Cuarta Pared, pionera de las salas alternativas madrileñas, nació en 1985 en un minúsculo local del barrio de Lavapiés, hasta que la acogida del público pronto llevó a sus responsables a mudarse a un espacio más amplio en la vecina calle Ercilla. Desde entonces, este referente de la escena independiente no ha dejado de crecer, hasta el punto de obtener el Premio Nacional de Teatro. También en edad, pues acaba de cumplir 40 años, que celebra con el Tríptico de la Vida, un proyecto sobre la odisea de aprender a vivir. Javier G. Yagüe, director artístico de Cuarta Pared, repasa su trayectoria.
Cuarenta años en la trinchera y todavía batallando desde la independencia.
A lo largo de todos estos años hemos intentando encontrar nuestro lugar, que implicaba no ir a favor de la corriente, sino poner el dedo en la llaga. Siempre nos ha interesado hacer un teatro que hablase de la sociedad y que el espectador se sintiese interpelado. En eso estamos, intentando ver qué es aquello que está bajo la superficie y que merece la pena que emerja.
La experimentación fue llegando a las salas y compañías grandes, pero ustedes fueron pioneros en una nueva forma de hacer teatro, con formatos arriesgados.
Hemos sido pioneros en muchos aspectos, abriendo caminos que han pasado a ser mayoritarios, lo que nos ha llevado a abrir otros. Siempre nos ha interesado la creación como tal, es decir, no repetir fórmulas, sino crear unas nuevas. Cuando llegábamos a un sitio y luego también era habitado por otros, nosotros ya estábamos en un lugar diferente. Eso ha supuesto riesgos, porque en términos económicos no rentabilizamos aquello que descubrimos, pues una vez descubierto dejaba de interesarnos creativamente.
Desde el principio, nuestra sala fue polivalente y nos permitió explorar relaciones diferentes con el público, de cercanía e inmersión. Lo que ocurre es que, con el paso del tiempo, cuanto más exploramos resulta más difícil encontrar lo inexplorado. Ese es el reto que realmente tenemos en estos momentos.
Más que una sala, también fueron creadores y fundaron su propia compañía, una escuela y los laboratorios ETC.
Nuestra compañía residente ha ocupado un tercio de la programación cada temporada y ha marcado la impronta de la sala, donde también han presentado sus espectáculos otras compañías afines, no tanto en lo estético, como en el objetivo de explorar territorios desconocidos. Han sido nuestros compañeros de viaje.
De las primeras trilogías al Tríptico de la Vida, ahora en escena para celebrar el 40º aniversario de la sala.
Trabajamos en trilogías para intentar huir de de lo efímero. Siempre nos ha interesado un teatro que no resbalase por los ojos de la gente, sino que se quedase dentro, se lo llevase puesto y le hiciese darle vueltas mucho después de haber terminado la obra. El objetivo que tenemos ahora es pasar de una sala con una compañía residente a un centro de creación. No nos interesa ser un espacio solo de exhibición o un supermercado de espectáculos, sino un sitio donde se crea, sea la compañía o gente cercana por la que estamos apostando.
Y comienzan a llegar los reconocimientos. En 2002, Las manos recibe el Premio Max a la mejor autoría teatral y dos años antes, el Premio Nacional de Teatro por su "permanente compromiso con los problemas de la sociedad contemporánea sin perder de vista jamás la realidad social de su propio barrio". ¿El teatro debe ser social?
No tiene por qué. Nuestro sentido de hacer teatro tiene que ver con que se inserte y con que debata con la sociedad. Queremos hablar, reflexionar, recoger lo que está pasando a nuestro alrededor y ser portavoces de la ciudadanía. Nuestra necesidad de que el teatro fuese social también conectaba con la de muchos espectadores que consideraban que tenía que hablarles de esas realidades.
Cuarta Pared ha crecido, pero ustedes también. ¿Cómo ha sido esa evolución hasta hoy?
Cuando empezábamos éramos jóvenes, estábamos en la veintena y de alguna manera recogimos [el sentir de] un movimiento generacional. Había mucha gente que quería que las cosas cambiasen en el teatro y en la sociedad, y ese pulso se mantuvo durante muchos años. Cuando estrenamos Las manos, la sala pasó de ser un espacio al que se acercaba fundamentalmente gente joven a otro mucho más transversal en cuanto a las edades. Debido a la temática de esa obra, empezaron a traer a sus padres y a sus abuelos, aglutinando desde entonces a un público que siempre hemos definido como inquieto.
Efectivamente, hemos ido creciendo y haciéndonos mayores, aunque siempre nos ha preocupado mucho conectar con el público más joven. Eso ha sido posible porque no nos quedamos en nuestros propios problemas, estamos siempre muy pendientes de lo que se está cociendo y los alumnos de la escuela nos permiten pulsar en el día a día cuáles son los intereses y las inquietudes de los veinteañeros, lo que nos hace tener las antenas puestas sobre aquello que merece la pena contar.
El Festival Essencia reunirá a muchos artistas que han pasado por Cuarta Pared. La nómina es ingente: Helena Pimenta, Juan Mayorga, Angélica Liddell y, en danza, Carmen Werner, Daniel Abreu, Luz Arcas… Algunas de aquellas promesas han despuntado con el paso de los años.
De hecho, los actuales directores de los teatros públicos en Madrid estrenaron sus primeras obras en Cuarta Pared: Eduardo Vasco (Teatro Español), Laila Ripoll (Compañía Nacional de Teatro Clásico), Alfredo Sanzol (Centro Dramático Nacional) o Juan Mayorga (Teatro de La Abadía), por no hablar de otros nombres destacados como Andrés Lima, María Velasco, Julián Fuentes, etcétera.
¿Cómo observa la escena teatral actual?
Estamos en un momento muy disperso, donde se confunden muchas cosas e intentan tirar de nombres que provienen del cine y la televisión, sobre todo en el teatro comercial. Hay gente trabajando con mucha formación, pero el hecho de que se hayan perdido las compañías estables hace que la evolución del lenguaje teatral esté bastante empobrecida, porque el hecho de que antes se juntasen grupos de personas para hacer cosas a lo largo de los años permitía la evolución de los lenguajes escénicos. En cambio, ahora mismo no resulta posible porque, como decía, casi todo es muy efímero: las personas coinciden en un montaje, no vuelven a trabajar juntas, tienen más proyectos con otros profesionales…
No habrá sido fácil romper la cuarta pared. ¿Cuál es el futuro de la sala?
Nuestro reto es ser un centro de creación donde la gente tenga tiempo para probar cosas nuevas. Estamos en pleno recambio generacional y, así, el Tríptico de la Vida está dirigido por tres directoras formadas en Cuarta Pared: Aldara Molero, Aitana Sar y Raquel Alarcón. No pretendemos ser una generación tapón, sino ir dando voz y sitio a otra gente.
'Tríptico de la Vida'
Murmullo, de Aitana Sar. Viernes 14 y sábado 15 de marzo, a las 20.30 horas.
Todo lo que veo me sobrevivirá, de Raquel Alarcón. Viernes 11 y sábado 12 de abril, a las 20.30 horas.
Sala Cuarta Pared (calle Ercilla 17, Madrid). Más información.




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