Entrevista a Isolda Patrón-Costas"Para desprenderte de lo heredado tienes que reconocer que es parte de ti"
La directora de producción publica La vergüenza es azul, Premio de Novela Ateneo Ciudad de Valladolid, en la que aborda las relaciones conflictivas entre madres e hijas.

Madrid-
En pleno rodaje, Isolda Patrón-Costas (Barcelona, 1974) interrumpe su trabajo como directora de producción para hablar sobre La vergüenza es azul (Menoscuarto). Dos meses antes, cuando estaba reunida para tratar el presupuesto de la serie, tuvo que atender la llamada que le anunció que había ganado el Premio de Novela Ateneo Ciudad de Valladolid. Cogió el teléfono por casualidad y al otro lado estaba el alcalde con la buena nueva.
El jurado, le dijo, había destacado "su acertado acercamiento a las difíciles relaciones materno-filiales, a través del complejo personaje de una madre y su influencia en el devenir y la personalidad de sus hijas". Clara es la protagonista. Martina, su hermana. Y Shirati, la líder de una secta, recién fallecida, que la marcó en la adolescencia. Años después, deja atrás San Francisco y visita a su madre en Granada, donde intentará salvarla y salvarse.
"Para desprenderte de lo heredado, no basta con cruzar un océano y querer desentenderte de ello. Tienes que abrazarlo, reconocer que forma parte de ti y hacer las paces con tu historia para poder hacer realmente tu camino", reflexiona Isolda Patrón-Costas, quien firmará ejemplares de su segunda novela este sábado en la Feria del Libro de Madrid. "Los hechos que trazan tu biografía forman parte de quién eres".
¿Qué está rodando ahora mismo?
Estoy rodando en Madrid The Interrogator, una serie estadounidense protagonizada por Stephen Fry, el actor de Los amigos de Peter o Wilde. Precisamente, el otro día estaba viendo un partido de fútbol en su piso, hablamos de Oscar Wilde y le comenté que al inicio de la novela hay una cita del escritor irlandés: "Decir la verdad requiere una infinidad de mentiras. Así de complejo es este mundo".
¿Cómo ha influido el cine en su escritura?
Siempre me dicen que lo que escribo es muy visual y yo concibo las historias en imágenes. Mi primera novela, Amargosa, partió de una imagen y esta, de una sensación, aunque enseguida la trasladé a imagen.
¿De qué imagen partió Amargosa y de qué sensación ha partido esta novela?
Amargosa partió de un teatro en mitad del desierto, algo fuera de sitio, como los personajes de la novela. Lo encontré durante un viaje en Estados Unidos y la imagen era tan poderosa que sentí que tenía que escribir un libro. En realidad, mis escritos tienen que ver con personajes fuera de sitio o con lugares y atmósferas peculiares, que son un personaje adicional. En cambio, La vergüenza es azul partió de un ejercicio de flujo de conciencia.
¿Se refiere al monólogo interior que escribió en un máster de narrativa y terminaría siendo el germen de la novela?
Sí, el de una hija que le habla a su madre. La vergüenza es azul trata sobre una relación conflictiva entre una hija y una madre, pero por encima de todo está el amor de esa hija hacia su madre. También es el viaje de Clara en búsqueda de reconstruir el relato de lo que ha sido su vida y la configuración de su identidad, con su madre como espejo.
"La palabra construye realidades"
Clara hoy, con 45 años, y Clara quinceañera, con una adolescencia traumática.
Quería que la novela tuviera un punto de partida impactante y el detonante fue la muerte de un personaje que marcó tanto la adolescencia de Clara como la vida de la madre y su hija. Al mostrar la divergencia que hay entre ambas por lo que significa para cada una el fallecimiento de Shirati, muestro muchos aspectos de esa relación conflictiva de amor-odio, aunque no me gusta calificarla así porque Adela le causa mucho dolor a la hija, pero esta busca continuamente salvarla de sí misma, porque tiene un comportamiento muy errático y confuso.
¿Y salvarse a sí misma?
Por supuesto. Y también salvar a su hermana, porque los papeles están invertidos, de modo que Clara ejerce de madre de ambas.
La relación conflictiva entre una madre y una hija es un territorio fértil.
Más allá de esa herida permanente que causa Adela en Clara, su forma de intentar sobrevivir es asirse al amor que siente por su madre y no resignarse a que sea un amor imposible. Hay un continuo intento de construir y reconstruir, de formular y reformular lo que significan las cosas para poder entender. Clara se llama así porque busca claridad, o sea, entender. Porque no puede entender que el amor que siente por su madre, o el amor que una madre debe sentir hacia su hija, produzca los sinsentidos a los que se ve continuamente abocada. Incluso en su edad adulta sigue dándole vueltas a los porqués del comportamiento de Adela, lo que me sirve para hablar de qué es realmente la cordura.
Y de cómo se configura la identidad, un proceso en el que la madre juega un papel fundamental.
Y también de cómo uno finalmente es libre de escribir el guion de su propia vida o de construir su propio relato, algo que continuamente intenta Clara.
¿Por qué eligió Granada como escenario?
El Albaicín es un barrio situado en alto y apartado de la Granada moderna, donde se puede crear un microcosmos. Me parecía un lugar muy fecundo para situar la trama de la secta. Ese entramado de calles enrevesadas tiene un paralelismo con el laberinto de las mentes.
También conoce San Francisco, aunque vivió en Los Ángeles.
Quería situar a Clara lo más lejos posible, como una persona que ha cruzado un océano para buscar la luz. Y como ella es pintora, San Francisco encajaba mejor como ciudad más europea que americana, donde el arte es muy importante.
Usted también ha pintado. ¿Cuánto de autobiográfico hay en la novela?
Todo lo que uno escribe, ineludiblemente, está pintado con sensaciones o experiencias propias, lo que pasa es que uno juega con ellas y construye la historia de lo que quiere contar. La cita de Oscar Wilde es una declaración de intenciones.
"No soy una escritora de mapa, sino de brújula"
"Quererla era un continuo ejercicio de equilibrismo, como intentar atrapar el agua sin que se te escurriera de las manos", reflexiona Clara, cuyo nombre contrasta con su vida confusa, sobre su madre.
Querer seguir amando a la madre por encima de todo es como querer seguir amando la vida, aunque la vida te hiera. Es lo más sano y la única forma de sobrevivir.
Geraldine Chaplin ha dicho: "Yo estoy con esa madre: esotérica, atrapada en una secta de las raras, con excéntricos episodios del pasado y una hija intentando salvarla".
Como madre, entiende la herida de Adela y de dónde vienen sus comportamientos erráticos o excéntricos. También se plantea quién está más cuerda o loca, y ella dice que Clara. En una relación conflictiva, hay dos perspectivas, pero la hija no es una maravilla ni la madre, abominable.
¿Cómo puede desprenderse uno de lo heredado?
Para desprenderte de lo heredado, no basta con cruzar un océano y querer desentenderte de ello. Tienes que abrazarlo, reconocer que forma parte de ti y hacer las paces con tu historia para poder hacer realmente tu camino. Los hechos que trazan tu biografía forman parte de quién eres.
La familia, según usted, está idealizada.
Se trata de aprender a establecer vínculos libres y sanos, sean los que sean. Como el primer núcleo es la familia, si uno ha aprendido otro tipo de vínculos, los reproducirá en las amistades, en el trabajo o en cualquier tipo de relación.
La vergüenza del título recorre el relato, al igual que el miedo.
No fui consciente de que permeaban toda la historia hasta que releí la novela. Entonces pensé que la vergüenza debía figurar en el título. Hay una parte de la novela en la que cobra sentido el porqué del azul, aunque digamos que está relacionado con el blues.
¿Qué formato prefiere para contar una historia: novela o cine?
Ni uno ni otro. En todo caso, la literatura me permite adentrarme en las emociones y en la mente, así como crear imágenes nuevas, lo que te da una gran libertad.
¿Cómo empezó a escribir?
Yo he escrito siempre, desde cuentos hasta poesía. La palabra construye realidades y tiene una magia impresionante. Quise ser cineasta a los quince años, después de leer una biografía de Leni Riefenstahl, que me impactó. Quería dirigir, pero entonces no era tan accesible, por lo que acabé en producción. Sin embargo, mi voluntad de contar historias siempre ha estado ahí.
En cambio, la literatura le permite ser la directora de su narración.
Claro. De hecho, la frustración de no poder dirigir una película me llevó durante un tiempo a la fotografía, porque siempre he tenido la necesidad imperiosa de contar historias. Y como la pluma y el papel son más accesibles que el cine, ahí están mis dos novelas.
Que pronto serán tres.
Está bastante definida, pero he tenido que interrumpirla por mi trabajo como productora. Cuando me habita una historia, hago una inmersión total. No soy una escritora de mapa, sino de brújula. Me gusta que la historia vaya tomando su propio rumbo y nunca sé cómo va a acabar.


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