Eva Peydró: "El sexo tapó el verdadero mensaje de 'El último tango en París'"
La crítica de cine y escritora refleja en un ensayo que la polémica ha eclipsado durante cinco décadas una película que habla de duelo, soledad y crisis de la masculinidad.

Madrid--Actualizado a
Donde muchos solo han visto sexo y transgresión, Eva Peydró observa una crítica acerada a las principales instituciones de la sociedad burguesa: Dios, patria y familia. En su ensayo El último tango en París, un escándalo entre dos siglos (Tirant lo Blanch), la crítica de cine y escritora analiza en profundidad la película de Bernardo Bertolucci, protagonizada por Marlon Brando (Paul) y Maria Schneider (Jeanne).
Como predijo la crítica de cine Pauline Kael en The New Yorker tras su estreno en 1972, "esta es una película sobre la que se discutirá mientras haya películas".
El filme ha cubierto un arco de discusión de más de cincuenta años desde perspectivas muy diferentes. Lo que planteo en mi libro es que El último tango en París es algo más que una película: un prisma que nos refleja como sociedad, pero que también refleja todos los cambios que ha habido en la cultura y en cómo percibimos los fenómenos culturales: ¿qué toleramos y qué entendemos como censurable? Eso me parecía fascinante.
Además de temas como el amor, la muerte y la transgresión, hay un discurso que va más allá de lo evidente: la soledad, el vacío existencial, el duelo, la familia, el sexo como vía de escape, el poder…
Cuando entrevisté a Molly Haskell, la crítica que cubrió para The Village Voice el estreno en el Festival de Nueva York, me comentó algo que yo siempre había sentido: es una película que te llega de una forma visceral y que, sin saber muy bien por qué, se queda contigo. Creo que eso viene de una capa profunda, más allá de la más perceptible, porque nos lleva a hechos fundamentales de la existencia, como el valor que tiene el sexo para enfrentarnos a la vida y a la muerte.
En el libro también subraya los elementos psicoanalíticos del filme.
No debemos perder de vista que se gestó desde el subconsciente. La gran comunicación que tuvieron Marlon Brando y Bertolucci proviene de una experiencia común: su relación con el psicoanálisis, al que ambos se sometieron durante años. La preproducción consistió más en conversaciones personales entre ambos que en hablar de la película, lo que trasciende en la obra final. En cuanto a los innegables referentes culturales, aunque por primera vez Bertolucci no se basó en un libro, siempre tuvo muy presente El azul del cielo, de Georges Bataille, con personajes casi calcados. También hay una gran influencia del surrealismo y, en ese sentido, veo reflejado Orfeo, de Jean Cocteau: ese tránsito entre la vida y la muerte, simbolizado por el puente de Bir-Hakeim. Y estéticamente se ha dicho que Marlon Brando sería la plasmación perfecta de la esencia de la pintura de Francis Bacon.
¿Por qué El último tango en París sigue provocando sentimientos encontrados medio siglo después? ¿La ha eclipsado la polémica? Lastrada por el escándalo, ¿ha sido incomprendida?
La película fue incomprendida desde el primer momento. Ya en su estreno hubo una expectación tremenda, con el público muy pendiente de ver a una gran estrella como Marlon Brando trabajando en un filme de temática sexual. Eso eclipsó mucho su verdadero mensaje. El sexo tapó lo que realmente era la película y sigue tapándola ahora con el tema de la cancelación y los abusos a Maria Schneider. Me parece una lástima, porque siendo tan justa y necesaria la defensa y la reivindicación, también estamos ante una cinta con unos valores estéticos innegables, por lo que sería una pena que pasara a la historia por el escándalo.
Sin embargo, en Italia fue prohibida por "un gratuito pansexualismo extremo". ¿Cree que la censura trascendió sus escenas de sexo?
La censura en Italia no se debió al sexo. La sentencia judicial es impagable y al final revela que lo que realmente molestaba era el ataque a las principales instituciones de la sociedad burguesa: Dios, patria y familia.
Si entonces fue censurada desde una perspectiva reaccionaria, ahora es cancelada en un contexto feminista donde se debate el consentimiento y también laboral, en lo que atañe a los derechos de los trabajadores.
Desde diferentes posturas, todos piden lo mismo: que se queme y no se exhiba la película, o sea, que se hurte a la vista de un público adulto que es libre de decidir.
Algo en lo que insiste en un ensayo que puede alimentar la controversia e incomodar al lector.
Hoy lo más cómodo es no debatir y aferrarse a una postura radical para recabar apoyos. Lo complicado es el matiz, que ya no tiene lugar en las redes sociales. Por ello, luchar contra esa tendencia es revolucionario. La película merece ser valorada y lo que sufrió Maria Schneider no debería haberlo experimentado ninguna actriz ni ninguna persona en su trabajo. Sin embargo, decir esto en una misma frase parece que incomoda. En mi libro describo un abanico de reacciones: desde quien no quiere que se plasme la violencia contra la mujer en ninguna obra de arte, hasta Manohla Dargis, del New York Times, quien afirma que es crítica de cine antes que feminista.
Usted plantea El último tango en París como un campo de batalla cultural, desde el poder hasta el sexo, pasando por…
La crisis de la masculinidad. Es una película muy de mujeres y el personaje más fuerte es el de Jeanne, magníficamente escrito e interpretado por Maria Schneider, por lo que sería muy injusto que no pudiera proyectarse la película y disfrutar de su trabajo. Paul es un hombre sin herramientas. Su masculinidad le obliga a ser un tipo duro, pero no le ofrece respuestas en un momento de crisis. Intenta encontrarlas en el sexo, buscando una relación sin contaminar, aunque tampoco le funciona. Al final, la fuerte es ella.
Bertolucci improvisa como nunca y ahí entra en escena la mantequilla.
Maria Schneider no fue violada. Sin embargo, la frase se ha repetido hasta convertirse en una realidad, pese a que no lo es. De hecho, en la película no hay sexo real. Ella se asustó, porque él buscaba su miedo de verdad, por lo que fue una reacción real a un hecho ficticio.
¿Hay que ver la película con otros ojos?
Sí, el contexto nos obliga a ver la película con otros ojos y a plantearnos como espectadores cuál es nuestra actitud conociendo la manipulación de una escena en la que se finge un acto sexual y que hiere profundamente la sensibilidad de una actriz. Claro que nos obliga a posicionarnos. Todas las posturas ante la película son legítimas, pero sin imponerlas.
Usted lamenta que la mantequilla eclipse un diálogo que califica como "un alegato contra la familia y el patriarcado".
Esa escena es la más importante de la película. Si cierras los ojos y escuchas solo la voz de Marlon Brando, es mucho más impactante y estremecedora. El acto violento te choca, pero creo que Bertolucci quería impactar con las palabras.
¿Tiene que haber límites a la libertad de expresión en el cine y las artes? ¿Debe inmiscuirse la moralidad en la ficción?
Cada persona y cada sociedad tienen su moralidad. El único límite debería ser legal: que una obra propugne un delito de odio o atente contra los derechos humanos.
Considera El último tango en París no solo una película política, sino también la más política de Bertolucci. ¿Lo confirman los recientes sucesos en la Cinémathèque?
Sí, nos dan la razón. Tras las amenazas y presiones de ciertos grupos, el último pase tuvo que suspenderse para preservar la seguridad del público y de los trabajadores de la Cinémathèque francesa. Posteriormente, Costa-Gavras y otros cargos se vieron obligados a comparecer ante la comisión parlamentaria sobre violencias cometidas en los sectores del cine y el audiovisual. Allí, fueron acusados de "tentativa de proyección" de una película, una expresión que no me suena a arte ni a cultura. Si aún estamos ahí, poco hemos avanzado. No podemos bajar la guardia.
¿Ha envejecido bien el filme? ¿Sigue vigente su mensaje?
Sí, porque los temas a los que apela son universales y muchos no se resolverán jamás. Y quiero dejar muy claro que no defiendo ni apoyo en absoluto la actitud de Bertolucci en esa escena. Los abusos en el cine deben perseguirse. Tenemos que ser muy rigurosos y, en el caso de las escenas sexuales, bendito coordinador de intimidad.



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