Entrevista a Tura Soler y Jordi Grau"Reivindicamos un periodismo de ir a los lugares, de hablar con la gente, de no creerse necesariamente la versión oficial”
Hablamos con dos periodistas referentes de la crónica negra en Catalunya sobre su último libro, ‘Sense pietat’ (‘Sin piedad’).

Barcelona-
Los periodistas Tura Soler y Jordi Grau, referentes de la crónica negra en Catalunya, han publicado un segundo libro escrito a cuatro manos. Después del éxito de Sense càstig: deu crims impunes (Sin castigo: diez crímenes impunes), ahora los autores relatan ocho crímenes sobrecogedores que se han cometido a sangre fría y con mucha crueldad en Sense pietat (la Campana). Son crímenes con todavía muchos interrogantes, algunos sin resolver, casos que se han archivado sin que se supiera qué pasó realmente.
Soler y Grau regalan a los lectores toda la información que recopilaron de los ocho crímenes: desde el asesinato del niño de 9 años Fermí Villegas, al de la joven de 16 años Carmen Alcalá, hasta el crimen de Esperança Comas. Ellos son también protagonistas de estas historias, que cubrieron como periodistas en una época en que el oficio te obligaba a pisar el escenario del crimen. En este sentido, también reivindican una manera de hacer periodismo que ya pocos ponen en práctica.
Los lectores estamos acostumbrados al hecho que las historias tengan un final, y esto en el libro no pasa, porque algunos de los crímenes que narra no se han resuelto. Cuando acabas de leer un caso, quieres saber cómo acaba, pero no siempre se sabe.
Tura: Los casos reales nunca acaban, ni cuando hay una condena firme, como es el caso de Esperança Comas. Se condena al asesino, Josep Ribó, pero la historia no acaba. Después de cumplir su pena, vuelve a ser detenido por otros hechos, y el caso tampoco acaba porque no sabemos donde está el cuerpo de la víctima. El problema que tenemos la gente que relatamos crímenes reales, a diferencia de los que hacen ficción, es que te tienes que ceñir a la realidad. No son cuentos de hadas.
Supongo que esta intriga es la esencia del libro, ¿no?
Tura: A pesar de que al lector le genere esta inquietud y esta curiosidad, quizás esto también tiene su punto de interés. El lector quiere saber más, pero nosotros llegamos hasta donde podemos, la realidad nos da este marco. Nosotros narramos la realidad, no hacemos ficción.
Jordi: En el anterior libro, eran casos que no estaban resueltos a propósito. En este, hay cinco que no se han resuelto, a pesar de que el resto también tienen elementos que no se han cerrado del todo y queda aquella sensación de que no hay una resolución real, que no se ha hecho justicia con las víctimas ni con la familia de las víctimas.
El punto en común de todos los casos que relatan es la crueldad con la que se han cometido. ¿Por qué?
Tura: Todos los crímenes, por un lado u otro, son crueles para las víctimas y sus familias, y con el tiempo también lo son para las familias de los autores, que lo viven con mucho sufrimiento. También son casos que nosotros hemos vivido o trabajado muy directamente. Siempre intentamos relatar casos que conozcamos de primera mano. Por lo tanto, el libro también sirve para explicar la función del periodismo, de aquel periodismo que nosotros estábamos acostumbrados a hacer, en que tenías que ir a los lugares de los hechos para saber qué había pasado. Es una muestra de aquel periodismo que establece una interrelación, incluso, con los criminales, como es el caso del hombre que llama al diario (El Punt) diciendo que es el autor de unos crímenes y que se quiere reunir con nosotros. Como periodistas, no dudamos y nos encontramos con un desconocido que te acaba de decir que es un asesino. Siempre con aquella ansiedad de saber, de descubrir, de trabajar la noticia.
De hecho, en el libro reivindican una manera de hacer periodismo que prácticamente ya no existe, que es el de pisar calle, ir al lugar de los hechos.
Jordi: Sí. Ha cambiado muchísimo, y no precisamente para bien, desde mi punto de vista. En estos momentos, el periodismo tiene dos problemas, tiene muchos, pero básicamente hay dos que son comunes a todos los medios. Uno es la precariedad y el otro la carencia de tiempo que tenemos para trabajar bien los temas, aquella sensación que tienes que llegar a todo. En el libro reivindicamos un periodismo de ir a los lugares, de hablar con la gente, de no creer necesariamente la versión oficial, así es como surgen las historias humanas que hemos intentado reflejar en este libro. Si hay alguna diferencia entre algunos libros de recopilación de crímenes y este es que nosotros relatamos crímenes que hemos vivido. No son crímenes de hemeroteca, sino que los hemos vivido como profesionales, que hemos conocido el terreno, los culpables, las familias, los abogados, y yo creo que esto le da valor añadido.
Al periodismo de ahora le falta tiempo. Nos dicen que tenemos que ser los primeros no se sabe muy bien por qué. Somos los primeros en dar la noticia, pero no la explicamos, no la contextualizamos. Ahora todo queda en un tuit. Una manera de hacer que Tura bautizó, muy acertadamente, como el periodismo de repetición: alguien dice una cosa y todo el mundo se suma, y muchas veces, desgraciadamente, sin comprobarlo.
Tura: El problema, como decía Jordi, es la prisa, que es muy mala compañera del periodismo y de la virtuosidad de las informaciones. Yo tengo la fortuna de trabajar en un medio que todavía me da el tiempo que necesito para poder trabajar bien y dar una información contrastada, rigurosa y contextualizada con todos los elementos.
También ha cambiado mucho el acercamiento de los periodistas con los jueces, los policías, los testigos… Parece que hay muchas barreras.
Jordi: Todas las barreras. Las leyes de transparencia no están hechas para que haya más transparencia. Son escollos a la hora de intentar descubrir más cosas. Quizás tampoco era normal que llegáramos al lugar de los hechos al mismo tiempo que los investigadores o la policía científica. Pero la sensación es que cada vez hay más barreras, que no puedes hablar con la gente. Las oficinas de portavoces intentan dar la información que a ellos les interesa, de la manera que les interesa y cuando les interesa. Y esto es todo el contrario a lo que tendría que ser el periodismo.
Tura: Quizás antes no había tantos gabinetes de información. Técnicamente, te abocan mucha información, pero te abocan la información que a ellos los interesa dar. Cuesta mucho llegar a la fuente primera. Para tener una entrevista con el responsable de una investigación tienes que pasar no sé cuántos protocolos, hacer no sé cuántas peticiones… Es la burocracia. Es una continua carrera de obstáculos, siempre teniendo en cuenta que la protección de las víctimas es sagrada. Esto nadie duda. Pero a veces nos da la sensación de que se quiere usar como excusa esta protección para recortar otro derecho fundamental como es el derecho de la información. No tenemos que dejarnos pisar este derecho.
En muchos de los casos que relatan, la investigación periodística va por ante la policial. ¿La periodística marca el paso de la policial en algunos casos?
Jordi: Es complicado. Siempre puedes ir a la par pero no por detrás. Pero lo cierto es que muchas veces la periodística ha ido por delante de la policial, y que esto le ha servido para seguir la pista buena y resolver algún caso. Por ejemplo, el de la farmacéutica de Olot, el secuestro de la Maria Àngels Feliu. No es que vayas por delante, es que sencillamente utilizas las armas que tienes y preguntas y repreguntas y llegas a conclusiones. Nosotros no pretendemos ir al mismo tiempo. Hemos tenido muy buenas relaciones con los cuerpos policiales y hemos respetado su trabajo siempre que han respectado el nuestro. A veces haciendo preguntas periodísticas te das cuenta de que resoluciones o propuestas de policías o de fiscales no se aguantan por ningún sitio. No tenemos que hacer ni de policías ni de jueces, pero sí que tenemos que hacer de periodistas, y tienes que poner en contradicción cosas que te dan como ciertas y que no concuerdan.
Tura: El papel del periodista puede ser muy importante en casos de personas desaparecidas o de cadáveres sin identificar. Recuerdo perfectamente el caso de una familia que vino al diario y nos trajo la foto de una persona del Maresme que había desaparecido. Publicamos la fotografía y días más tarde la Guardia Civil desde Tarragona nos envió unas fotos pidiendo la difusión de unos elementos que llevaba un cadáver que habían encontrado en el mar y que no habían podido identificar. Uno de los elementos era un reloj, y yo me percaté de que era el mismo que el que llevaba el señor desaparecido del Maresme en la fotografía que nos dio la familia. Y efectivamente, una prueba de ADN confirmó que era la misma persona.
En el libro destapan la incompetencia de la policía y de los jueces en algunos casos no resueltos. El caso de Isabel Ordoñez es un ejemplo. ¿Los casos que prescriben es porque la justicia no puede, no sabe o no quiere resolverlos?
Tura: Sea como sea, es porque la justicia se ha quedado corta. A veces hay elementos que te hacen sospechar. La sensación en el caso de Isabel Ordóñez es que no se quiso ir más allá. Cuando ves que la justicia no pone todos los medios, no te da confianza. En otras ocasiones se ha hecho todo el posible, pero ha faltado otra cosa que es primordial, como un golpe de suerte.
Jordi: En muchos casos hay incompetencias. A veces una mala investigación evita esclarecer un crimen, a veces un mal juez o una mala instrucción lo puede hacer volar todo por los aires, como el caso de Elena Jubany. Pero siempre tiene que haber un punto de suerte, o en todo caso que no haya mala suerte. Y te preguntas, ¿como puede ser que cosas tan importantes como la libertad de una persona o la resolución de un crimen pueda depender de esto? Pues sí, porque hay muchos casos que no se han resuelto por pura mala suerte, otros por incompetencia, pero también hay algunos en los cuales no se ha querido entrar a fondo, porque siempre ha habido manos poderosas y oscuras que en determinados casos han frenado determinadas investigaciones.
¿Esto pasa?
Jordi: Sí, sí, pasa.
A pesar de la prescripción de los casos, ¿la verdad siempre acaba ganando?
Tura: La verdad no prescribe, y los periodistas tenemos la obligación de buscarla. Que un crimen prescriba y quede impune no impide que puedas intentar esclarecer qué pasó. Al menos intentas hacer justicia social para compensar la justicia que no tuvieron las víctimas en su momento. De alguna manera, si no se olvida el caso, no se olvida a las víctimas.
En el libro destacan mucho la importancia del "cómo" se cometió el crimen. ¿Por qué?
Tura: Saber el como te permite muchas veces saber las carencias que hayan podido haber durante la investigación. También es muy importante poder llegar a averiguar el porqué una persona se aboca a cometer una atrocidad, a pesar de que no siempre se encuentra una explicación.
Estos días se ha hablado mucho del libro en el que José Bretón explica cómo mató a sus hijos. Finalmente, Anagrama ha decidido suspender su publicación [Esta entrevista se hizo antes de la decisión de la editorial]. ¿Qué opinan como periodistas de sucesos y autores de crónica negra?
Jordi: Es un tema delicado. La realidad es la que es. Hay gente que en nombre de un supuesto bonismo o de una supuesta progresía está coartando la libertad de expresión. Pero también es cierto que hay unos límites. El primero es el respecto a las víctimas, sobre todo cuando son víctimas inocentes y menores. Pero esto no evita poder explicar una verdad que es dura. La guerra también es dura y hablamos de ella. Un atentado también es duro y hablamos de él. Ahora bien, un libro de estas características no puede servir para la revictimización, en el caso del libro que comentas, de la madre de las criaturas. Si el libro explica cómo se hizo y que pasó, pues mira, también lo hizo Truman Capote con Sangre Fría. Otra cosa es que el asesino intentara justificarse o perjudicar a la madre, entonces aquí entraríamos en un límite moral.
Tura: Aquí hay otro debate, que es si los condenados por crímenes tienen derecho o no a la libertad de expresión. El autor es un elemento muy importante de un caso. Esta gente tienen privada la libertad personal, pero no se les ha limitado ningún otro derecho fundamental como podría ser la libertad de expresión. ¿Por qué no se puede entrevistar e intentar buscar dentro de la mente de una persona que ha cometido un crimen? Yo entrevisté a Joan Vila, y a raíz de esto, el fiscal de la causa consideró que la entrevista tenía valor probatorio y me citó como testigo.
Jordi: La libertad de publicación e información es un derecho básico e incuestionable en una democracia y en un estado de derecho. En todo caso, los límites que pueda haber los tienen que marcar los tribunales en última instancia. Yo siempre he defendido que la mejor regulación que tiene que tener el mundo del periodismo es el Código Penal, pero también hemos visto periodistas que han publicado noticias falsas, que los han denunciado y después el tribunal no ha hecho nada. Son debates interesantes que obligarán a los tribunales a definirse de una forma u otra.
Intuyo han quedado muchos casos en el tintero. ¿Habrá un tercer libro?
Jordi: De crímenes no resueltos hay muchos, de desaparecidos, también.
Tura: Hemos hecho Sense càstig, Sense pietat, pero también podríamos hacer el Sin nombre, el Sin rastro… hay mucha materia y mucho misterio en casos que todavía están abiertos. Por desgracia, de materia no nos faltará, y los casos no se acabarán nunca.


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