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La mirada indígena de América Latina

Ospina ha ganado el Rómulo Gallegos con 'El país de la canela'

PAULA CORROTO

Llega vestido de traje, pero en su muñeca, el ensayista, poeta y más reciente novelista William Ospina (Colombia, 1954) esconde una pulsera de colores que remite al estilo de las ropas andinas. La imagen podría quedarse en anécdota si no fuera porque se adapta perfectamente al personaje de El país de la canela (La Otra Orilla), novela con la que ha ganado el último premio Rómulo Gallegos: un mestizo, hijo de indígena y europeo, que se lanza a una travesía por el Amazonas en busca de su identidad.

Esta controversia preocupa al escritor. De ahí que esta novela sea la segunda parte de una trilogía que reflexiona sobre la conquista de América Latina en el siglo XVI. La primera, Ursúa, fue publicada en 2005 y la tercera, La serpiente sin ojos, ya está en proceso de escritura.

"En Colombia crecimos con la idea de ser europeos y cerrando mucho los ojos al componente indígena y africano de nuestra cultura", reflexiona Ospina. Y afirma que, precisamente esta negativa a "aceptar la complejidad de nuestra composición es una de las causas de la violencia colombiana y de no aceptarnos los unos a los otros".

Esta obsesión con el continente europeo no es para él una cuestión clasista o racista, sino cultural. "Los clasismos y racismos se enmascaran de muchas maneras. Si tú le dices al mundo que sólo los que parezcan efebos son dignos de considerarse seres humanos, ya estás ejerciendo un fascismo", manifiesta Ospina, conocedor de que América Latina es el continente donde más operaciones de cirugía estética se realizan en todo el mundo.

El escritor cree que el debate no está en elegir entre indigenismo o europeismo. "No somos españoles, pero tampoco somos indígenas. Y también sería un error olvidar el aporte de la cultura europea, como por ejemplo el español", señala. Otra cosa, sin embargo, es adoptar posturas como la europea con respecto al caso del secuestro de Ingrid Betancourt. "En Colombia, es una más de los 2.000 secuestrados que ha habido en el país", apunta.

La mirada hacia la naturaleza americana debe concretarse para Ospina en una unión del continente en materia económica y política. Según relata, en contraposición a Europa, "América Latina siempre ha estado unida por la cultura. Alfonso Reyes no se entendería sin Darío y García Márquez tampoco sin Borges, pero nos haría mucho bien una unión política y económica". Cree que los gobiernos latinoamericanos están por la labor, "pero no basta con el discurso. Es necesario tomar decisiones".

En El país de la canela, el mestizo acaba comprendiendo sus orígenes a través de la pérdida de una de las dos tradiciones. "En la tercera parte intento averiguar cómo es posible la reconciliación con la parte que se rechaza", explica.

Será un paso más en esta exploración sobre la novela, género que no había tocado hasta 2005, pero que le parece "un gran espacio de libertad sin límites. Me ha gustado la experiencia, así que es fácil que caiga de nuevo en la tentación", cierra.