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Muere la coreógrafa que unió el teatro y la danza

La artista alemana Pina Bausch que protagonizó la revolución de las artes escénicas contemporáneas hace 40 años, fallece de un cáncer fulminante

GUILLEM SANS MORA

"Esta mañana murió Pina Bausch, la bailarina y coreógrafa del Tanztheater de Wuppertal. La muerte la alcanzó con rapidez cinco días después de un diagnóstico de cáncer. Hace sólo dos domingos estuvo en el escenario con su compañía en la ópera de Wuppertal". Con esta breve nota, el Tanztheater de Wuppertal anunció en la tarde de ayer la noticia del fallecimiento su directora, a los 68 años de edad. Pina Bausch inició en los sesenta la gran revolución de las artes escénicas.

"De existir el Nobel de Danza, nadie lo hubiera merecido más que ella", comenta hoy miércoles en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung el veterano crítico de danza Jochen Schmidt. Pina Bausch revolucionó la danza moderna al incorporar la pantomima, el canto y la palabra a sus coreografías, una técnica de montaje sólo conocida antes en la novela, el cine y las artes plásticas.

Los montajes de Bausch abolieron la narración cronológica. "Mis piezas no crecen desde el comienzo hasta el final, sino desde dentro hacia fuera", dijo la coreógrafa alemana en una de las pocas entrevistas que daba, y que Schmidt incorporó a su Historia de la danza teatral alemana contemporánea, publicada en 1992. El crítico sitúa la influencia de Bausch en una línea que va de Vaslav Niyinksi a principios del siglo XX, hasta el posmoderno Cunningham, hoy un anciano de 90 años de edad, pasando por Martha Graham y George Balanchine a mitad de siglo.

El director del Ballet de Hamburgo, John Neumeier, dedicó a Bausch la representación de anoche en su teatro, un montaje de La consagración de la primavera en versión de Millicent Hodson, inspirado a su vez por la coreografía original de Niyinksi, estrenada en 1913. Para Neumeier, la coreografía de Bausch sobre la famosa pieza de Stravinski es "una de las cumbres de la danza teatral contemporánea".

Los inicios de la vida y la carrera de Bausch están vinculados al populoso Land industrial alemán de Renania del Norte-Westfalia, en el oeste del país. Pina (abreviatura del nombre de Philippine) Bausch nació en 1940, donde su padre regentaba una pensión.

Aún entre las ruinas de la II Guerra Mundial, a partir de 1955, Pina estudió danza en la Escuela Folkwang de Essen y tuvo allí de profesor a Kurt Joos, quien la recomendó para una beca en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York para traerla luego de vuelta a Alemania en 1962. Empezaron entonces sus primeras giras en los países de habla alemana, que culminaron en el Festival de Salzburgo de 1968, su primera gran plataforma internacional, a la que seguirían otras como Aviñón, en 1983.

El director del Teatro de Wuppertal, Arno Wüstenhöfer lanombró en 1973 directora de coreografía y ballet, dándole la máxima autonomía. A finales de los ochenta, la compañía de Bausch actuaba regularmente en París y Nueva York y agotó entradas meses antes de la función en países como Israel, Japón, Italia y España.

En 1998, cuando celebró su primer cuarto de siglo de trabajo, Pina Bausch ya había revolucionado el mundo de la danza moderna.

El arrollador afán innovador de Bausch se manifestó ya en sus primeros montajes, como Los siete pecados capitales, de Bertolt Brecht y Kurt Weill, en 1976. Los ensayos generales de Bausch se hicieron legendarios porque hasta el último momento no se fijaba la cronología de las escenas y la pieza aún no tenía título. Sus montajes sobre óperas de Gluck sumieron en el desconcierto al público. Pina Bausch generó división.

La artista contaba con un fiel grupo de entusiastas en Wuppertal, pero también con detractores tradicionalistas que reaccionaron a la novedad no sólo con legítimos abucheos, sino también con vulgares escupitajos y llamadas nocturnas para aterrorizarla, según refiere Schmidt.

En medio de esa división de opiniones, Bausch recibió sus primeros galardones en el extranjero. La artista también hizo incursiones en el cine, como actriz en el barco de aristócratas que ideó Fellini para su película E la nave va (1982) o con Almodóvar en el rodaje de Hablé con ella, para abrir la película con Café Müller, una pieza de la primera época de la coreógrafa alemana.