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Música La música atronadora nos está dejando sordos

Consejos para proteger los oídos de los músicos y el público para seguir disfrutando de los conciertos. Algunos artistas y trabajadores de bares, discotecas y salas sufren pérdida auditiva. Y el mal uso de los auriculares también puede producir acúfenos.

Lux Interior, fundador de The Cramps junto a Poison Ivy.
Lux Interior, fundador de The Cramps junto a Poison Ivy.

Los obreros expuestos al ruido han sido históricamente los principales afectados de hipoacusia, es decir, la pérdida de audición. Sin embargo, las últimas décadas han traído consigo otras nuevas víctimas de los decibelios desbocados: los músicos y los profesionales que los rodean (desde los técnicos de sonido hasta los camareros de bares, discotecas y salas de conciertos), sin olvidarnos del propio público que frecuenta las actuaciones y los locales de ocio.

Los médicos consideran el ruido una "enfermedad emergente" que puede causar daños permanentes e irreversibles. Además de la predisposición individual, influye la intensidad y el tiempo de exposición. Así, un registro superior a los 85 decibelios (dB) de forma continuada implica un riesgo de pérdida auditiva; por encima de los 100 dB hay riesgo de pérdida inmediata; y si pasa de los 115 dB "siempre se produce un daño", advierte María José Lavilla, presidenta de la comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL).

El nivel de ruido recomendado por la OMS para garantizar nuestra salud es de 65 dB, pero se supera con creces en algunos conciertos en grandes espacios, pinchadas de DJ y fiestas patronales. No hace falta ser un un aficionado al heavy, al rock o a la música electrónica para sufrir las consecuencias. Si usted no se pierde una verbena durante el verano, sería bueno que se alejase lo máximo posible de los altavoces. Y si le da por echar un agarrado casero en estos tiempos de coronavirus, mejor que corra el aire.

Estas líneas no pretenden desalentar a los asiduos a los conciertos, que buena falta les hacen a los músicos, ni a los vampiros de la noche, necesitados de su trago de ocio nocturno, sino todo lo contrario. Pretenden aconsejar sobre la necesidad de protegerse los oídos y, de paso, sobre la conveniencia de bajar el volumen por el bien de todos, incluido el de los propios instrumentistas. "Yo pinché durante muchos años en Malasaña con equipos deficientes y sin protección, por lo que tengo un oído dañado", explica Álvaro Ruiz, un histórico del sector, fundador del Festimad y antaño programador del Ágapo y la sala Révolver.

Álvaro Ruiz, fundador del Festimad, junto a Marisa Ruiz

Ruiz sufrió una perforación de tímpano, aunque matiza que padecía del oído desde chico, si bien el entorno que frecuentó durante años terminaría haciendo mella. "Como yo, otros muchos colegas músicos y DJ también han sufrido problemas. No obstante, en las salas de conciertos los medios técnicos se han ido refinando y la legislación ha fijado un límite de ruido, pero en los ochenta no teníamos experiencia ni considerábamos que podíamos sufrir daños", explica este agitador musical de aquel Madrid en ebullición, quien tuvo que ser sometido a una timpanoplastia, una operación para la reconstrucción del tímpano.

"Los profesionales de los conciertos y de la hostelería sufren un ruido impulsivo. Las células del oído interno se dañan y la pérdida auditiva va acompañada de acúfenos, es decir, de la percepción de pitidos o zumbidos que no proceden de una fuente sonora externa", detalla Lavilla, miembro de la Unidad de Implantes Cocleares e Hipoacusias del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza. "Deben trabajar con protección, porque un simple tapón de silicona puede reducir 20 dB. Y el público tiene que alejarse de los bafles, porque a una distancia de diez metros recibe 60 dB menos. Sin embargo, la manía de ponerse en primera fila nos está dañando, incluso en las bodas". Sobre todo, cuando suena Paquito el Chocolatero.

La otorrinolaringóloga aragonesa recomienda a los profesionales que empleen protectores personalizados, porque de nada le sirven a un cantante unos tapones estándar que reducen los agudos, pero no los graves, añade. "Así, se ven forzados a gritar y, además del oído, terminan dañándose la voz. Hay que cuidarse, si bien una protección inadecuada es contraproducente", avisa Lavilla, quien aboga por una "dieta contra el ruido" que dosifique la exposición. "O sea, si trabajas en un entorno ruidoso, el resto del tiempo debes pasarlo en espacios más silenciosos".

Brian Jhonson tuvo que dejar AC/DC por su sordera. / REUTERS

El músico Juan Carlos Roldán tiene 39 años y lleva siete conviviendo con los acúfenos. Toca la guitarra y el bajo eléctricos, la caja de ritmos y, en su día, también la batería. "Terminas acostumbrándote. Depende del grado, aunque yo a veces atravieso fases críticas", explica el líder de Roldán y percusionista de Lorena Álvarez y su banda municipal. "En mi proyecto personal tuve que cambiar de estilo, hasta el punto de que ya no hay batería. Atrás quedan mis incursiones iniciales en el noise con los amplificadores a toda castaña". Un estilo que, como su propio nombre indica, significa ruido.

Inconsciente y sin protegerse durante años, ahora tiene machacado el oído derecho. "Cuando empecé a tocar, a los dieciséis, no se hablaba de los tinnitus. Te decían que te podías quedar sordo, pero no hacías caso, porque pensabas que eso le pasaba a la gente mayor", recuerda Juan Carlos, quien ya sufrió los acúfenos antes de alcanzar la treintena. Así describe la sensación: "Es como cuando sales de una discoteca y sientes un pitido, aunque en mi caso no se va nunca".

La primera vez que hizo aparición fue tras un concierto de un grupo hardcore. Sintió el dichoso ¡piiiiii!, mas no le dio importancia, hasta que días después se fue a grabar Tetrata a un estudio en Castro de Cepeda (León). "Me asusté cuando, en un sitio tan tranquilo, todavía seguía ahí". Después de recorrer las consultas de varios médicos y ser diagnosticado, le dijeron: "Tienes que aprender a convivir con ello". Adiós a la batería y hola a los tapones, con filtros cuando toca y convencionales cuando asiste como público a espectáculos, por no hablar de su giro estilístico. "Es casi música de sala de estar, hasta puedes escuchar las conversaciones de los asistentes".

Juan Carlos, el del medio de los Roldán.

Roldán considera que la contaminación acústica en las grandes salas es "insana" y aboga por una mayor información para que la población tome medidas. "Todo el mundo debería llevar tapones, aunque yo preferiría que bajasen el volumen", ironiza el bombo de Lorena Álvarez, sin evitar que se le escape la risa. "Además, subirlo a lo bestia no mejora la música, sino que la empeora, porque escuchas muchos graves y te pierdes muchos detalles". Juan Carlos acusa también los efectos del bullicio de la ciudad y de haber usado reproductores de música personal (RPM) desde la adolescencia, del walkman al iPod. "Los auriculares de botón son muy perjudiciales".

La nómina de músicos con acúfenos o tinnitus (una sensación auditiva que consiste en percibir sonidos que no proceden de fuentes externas) es ingente. Brian Johnson, cantante de AC/DC, tuvo que cederle el micrófono durante la gira de 2016 a Axl Rose, líder de Guns N' Roses, ante el riesgo de quedarse totalmente sordo. Eric Clapton también ha padecido lo suyo, como Anthony Kiedis (cantante de Red Hot Chili Peppers) o Pete Townshend (guitarrista de The Who).

"Rock duro, vida dura: algunas estrellas han sido unas desgraciadas y, siendo ricas, pagarían mucho por no escuchar ruidos", reflexiona Lavilla. Aunque los acúfenos los sufren artistas con y sin éxito, forrados y precarios, internacionales y circunscritos a un ámbito local. En España, por citar un ejemplo, Josele Santiago (líder de Los Enemigos) no oye bien del oído derecho, mientras que Pulpul (Ska-P) reveló en su día que un "ejército de grilllos" no paraba de crecer en su interior.

El problema, que no ha dejado de manifestarse, sobre todo en los artistas que llevan décadas sobre los escenarios, llevó a Jorge Escobedo (guitarrista de Sôber) a lanzar la campaña de concienciación #SalvaTusOídos, apoyada por Coque Malla, Chenoa, Mikel Erentxun, Obús o Antonio Orozco. Una iniciativa que trasciende su sector y pretende advertir a los empleados de empresas expuestos a ruidos de que, a su juicio, en general no son suficientemente precavidos. "Mi objetivo es prevenir las dolencias auditivas e inculcar a la sociedad el riesgo que corre, porque va ligada a otros problemas, como la pérdida del empleo o el aislamiento social".

Jorge Escobedo (a la izquierda.), batería de Sôber.

Escobedo recomienda a los músicos que toquen con sistemas de monitorización in-ear, que se introducen en el orificio de la oreja y garantizan un menor nivel de presión sonora sobre el escenario. "Para ellos el pinganillo y para el público los tapones, además de un volumen adecuado en cada momento y situación. Deben exponerse las mínimas horas al día por encima de los 80 dB y hacerse revisiones en el otorrino, porque hay ciertas frecuencias que se van perdiendo", explica el guitarrista de Sôber, quien apela al sentido común. "No tiene sentido irse al campo a correr con los cascos puestos durante dos horas, con lo bonito que es escuchar el silencio".

"Muchos músicos se quedaron tocados"

El mánager Carlos Mariño lo compara con el desconocimiento de las drogas duras en los ochenta para ilustrar la situación que se vivía hace décadas. "Ahora los músicos y los técnicos se cuidan mucho más, pero conozco a personas mayores a las que el ruido las pilló despistadas y se quedaron tocadas", comenta el director de la agencia de contratación Spanish Bombs, cuyo despegue se produjo tras el petardazo de Dover. Durante un concierto de la banda madrileña en Suiza, hace casi veinte años, percibió que allí ya tomaban medidas. "No superaban un determinado volumen y repartían tapones entre el público. Entonces nos llamó muchísimo la atención y con el tiempo lo terminamos viendo aquí".

Aunque él no padece de los oídos, pese a que suma cientos y cientos de bolos, considera que debería acotarse un espacio delante de las torres de sonido durante los conciertos. Eso sí, recuerda que las salas ya han reducido los decibelios para no molestar a los vecinos. También tendría que sumar su antigua faceta de DJ, de la que salió indemne. "Como no había un monitor de referencia, abusabas del sonido porque no escuchabas cómo sonaba. La gente te decía ¡bájalo, bájalo!, pero tú no eras consciente. Me cargué algun amplificador, aunque espero no haberme cargado ningún oído", bromea Carlos Mariño. "El secreto es que los míos generan muchísima cera, por lo que estoy bastante protegido", ironiza.

Carlos Mariño, mánager de Spanish Bombs.

Pese a que uno de sus artistas en nómina, el cantante y guitarrista Josele Santiago, se fastidió el oído derecho, el batería de Los Enemigos no ha sufrido la pérdida de capacidad auditiva, un milagro digno de la virgen de Lourdes. Cuando la banda madrileña pisa el acelerador, sus fans no sólo tiemblan de emoción. "Uso el in-ear desde hace casi tres décadas, cuando no lo utilizaba casi nadie. Quizás por ello mi oído sea excelente. De hecho, hace unos días me hice una audiometría y estoy perfecto", afirma Chema Animal Pérez, batería del grupo gestado en el barrio de Malasaña.

"Te aísla del sonido exterior y así puedes tocar más bajo. O sea, escucho por el pinganillo en vez de por el monitor, porque el sonido de la batería ya produce suficiente ruido. Puedes alejar el amplificador, pero no las cajas, los toms y los platos", advierte Chema, quien recurrió a ese sistema tras un problema que tuvo en el oído por culpa de una lesión que le provocaron unas pinzas. "Desde entonces, me cuido a tope. Debes moderar el volumen tocando, así como escuchando música a través de los auriculares y hasta del equipo de tu casa, porque un daño repetido en el oído puede ser irreversible. Es más, incluso en el coche, quienes abusan de los decibelios se pueden quedar sordos".

¿Corren más riesgo los baterías que otros músicos? "Sí, porque un guitarrista puede tocar con mucha fuerza, si bien tiene la posibilidad de bajar el volumen del amplificador. Pero si quieres que una batería de rock suene con energía, hay que golpearla, por lo que el ruido se produce delante de ti", concluye Chema Animal, quien conoce a muchos colegas que se han fastidiado los oídos o han perdido ciertas frecuencias, sobre todo las agudas.

Chema Animal Pérez, batería de Los Enemigos.

Que se lo pregunten Albaro Arizaleta, voz y batería de El Columpio Asesino, cuyos acúfenos han sido objeto del documental Oírse, dirigido por David Arratibel, quien también los sufre. "Le afectó muchísimo, aunque ahora está mejor. Lo que te da más miedo es que vayan a más. Por eso, cuando el médico te dice que es muy posible, te cagas por los pantalones y te quieres morir. Por eso, la clave está en aprender a ignorarlos", explica el miembro del combo pamplonica.

Arizaleta apostó en el 2005 por la música, pero había trabajado desde joven expuesto a ruidos, sin protección, en obras y fábricas. A veces se plantea si esa es la causa del maldito tinnitus o se inició en los escenarios, cuando ponía muy alta la claqueta (sonido repetitivo a una velocidad determinada que marca el ritmo al que deben ser interpretadas todas las notas). "Lo del oído es un misterio y no sé el motivo. En todo caso, el problema fue de menos a más".

Hace más de una década, sintió su primer pitido en la piscina. "Me emparanoié y luego empeoró. Pasé una época bastante mala, pues ni podía leer, porque en los momentos de silencio lo pasaba fatal. Para no enfrentarme a ellos, ponía una radio de fondo y recurría a otros trucos. No obstante, llegué a cuestionármelo todo". Hasta seguir tocando, aunque felizmente la banda navarra ha publicado este año Ataque celeste.

Albaro Arizaleta, voz y batería, junto a los integrantes de El Columpio Asesino.

"Cuando hablas con colegas y médicos, aprendes que lo más importante para estar bien es intentar pasar de los acúfenos, o sea, ignorarlos. Yo me he ido acostumbrado a ellos y siguen ahí, pero menos, quizás porque no me agobio tanto. Convivo con el tinnitus, que para mí es como una nota de violín infinita y en bucle. O como el sonido de una cafetera", describe Albaro, quien en su día decidió tomar medidas. "Como no había, me hice unos cascos herméticos, como de obra, donde metía un pequeño auricular. Luego me compré unos tapones personalizados que bajan las frecuencias", explica el fundador de El Columpio Asesino, quien recuerda el aparato que usaba para medir el tiempo como "un cencerro agudo muy agresivo, sobre todo cuando le dábamos zambomba".

"Si el ruido se repite, destrozará tus oídos"

La integrante de la Unidad de Implantes Cocleares e Hipoacusias del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza critica que se fabriquen productos, como los reproductores musicales, dañinos para la salud. Pese a la legislación de la Unión Europea al respecto, que limita los decibelios, considera que los aparatos deberían avisar a los usuarios: Oye, que llevas veinte horas haciéndote daño. "La UE recomienda que el volumen fijado de serie no supere los 85dB y que, en todo caso, no pase de los 100 dB. Sin embargo, esa es la teoría, porque no se está advirtiendo a los consumidores de una manera evidente".

Un ruido superior a 80 dB durante ocho horas cada jornada, cinco días a la semana, ya es perjudicial, insiste María José Lavilla, presidenta de la comisión de Audiología de la SEORL. Esa exposición a lo largo del tiempo podría provocar un traumatismo acústico crónico o hipoacusia, advierte la otorrinolaringóloga bilbilitana, quien subraya que tras el entorno laboral (construcción, industrias y empresas) la fuente del daño son los hábitos durante las "actividades secundarias", como el uso de reproductores personales, así como la música que se escucha en locales y conciertos.

Josele Santiago, de Los Enemigos, pinchando en el Agapo. / EL AGAPO VIRTUAL

"Por cada 3 dB que superen los 80 dB, debes reducir el tiempo de exposición a la mitad si quieres evitar el daño, es decir, sólo cuatro horas al día. Si subes a 92 dB, apenas media hora. Si escuchas tu canción favorita en bucle a 95 dB, no más de quince minutos. Y si vas a un pub o a una discoteca con 104 dB, no puedes estar sin protección más de dos minutos. Imagínate si eres un músico o te sitúas en un concierto en primera línea y suena a 140 dB... Si ese ruido se repite en el tiempo, te estarás destrozando los oídos", advierte Lavilla.

Los jóvenes, según los médicos, van a adelantar hasta veinte años la aparición de los problemas auditivos, o sea, cuando cumplan cuarenta. "La pérdida auditiva debido al envejecimiento (presbiacusia) empieza a manifestarse a los 55-60 años, pero se está produciendo un envejecimiento prematuro de las estructuras del oído. Comienza en las frecuencias agudas, las más vulnerables. Se pierden despacio y gradualmente, por lo que no nos damos cuenta. Cuando lo percibimos, ya están dañadas", advierte.

Oyes pero no entiendes. Escuchas pitidos en los oídos. Cuando hablan varias personas a la vez no eres capaz de seguirlas a todas. Y, a medida que pasa el tiempo, cuanta más audición pierdes, más ruidos oyes. "Termina afectando a la socialización. Y, en un presente inmediato o en un futuro a corto plazo, los ahora jóvenes serán los mayores afectados, porque usan los reproductores con auriculares de forma generalizada. Por ello, recomiendo la regla del 60-60: no usarlos más de 60 minutos al día a un volumen inferior al 60% permitido por el aparato, según lo que dicta la UE".

"Las salas pequeñas tienden a bajar el volumen"

María Costa, batería de Elvis Negro recomienda usar tapones, aunque reconoce que no está lo suficientemente concienciada. "A los músicos amateurs nos da pereza. Los probé en en el local de ensayo, pero la experiencia no me convenció porque pierde flow, potencia y vibración. Si ensayásemos, mucho, quizás lo haría, si bien por ahora he desechado la posibilidad tanto para los ensayos como para los conciertos. Eso sí, los técnicos siempre los llevan".

María Costa, batería de Elvis Negro.

Sus colegas músicas y el público cada vez los usan más. "Hay unos bastante caros, hechos a medida, que reducen los decibelios sin perder frecuencias, pero a mí me sigue faltando algo, no sólo ruido", explica. "Eso sí, los asistentes a las salas pequeñas que se sitúan cerca de los altavoces suelen ir con tapones. Y algunos que se los han olvidado se meten servilletas en la oreja, lo que ya me parece una guarrada", bromea María Costa, quien se inició en la batería en Franc3s y luego sembró la semilla de una banda femenina que no llegó a germinar en la escena coruñesa.

"Como espectadora, creo que se tiende a bajar el volumen. Una tónica general que empezó en Madrid y en Barcelona, hasta que ha llegado a otras ciudades. No obstante, creo que es para no molestar a los vecinos, porque la normativa se ha endurecido o simplemente se cumple. De hecho, ves limitadores de sonido en todas las salas y, al bajarlo, algunas bandas se quejan de que la gente habla muy alto, algo que también molesta a los fans de los grupos que van a escucharlos y no a charlar", concluye la batería de Elvis Negro, que acaba de publicar Fantasía.

En todo caso, si su banda prospera, tendrá que ir pensando en los efectos que producen los decibelios en el oído. "Cuando empiece a quedarme sorda, no me quedará otra que tomar medidas. De hecho, Marcos Romero, el fundador de la banda, piensa que ya estoy una tapia y siempre me grita: ¡Abuela, abuela!".

Cinco consejos para evitar los efectos nocivos del ruido

María José Lavilla, presidenta de la comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL), advierte de que la protección contra los ruidos excesivos es necesaria para evitar la pérdida auditiva. Por eso, recomienda a los artistas, a los trabajadores, al público y a quienes usan auriculares para escuchar música que tomen medidas a tiempo.

Algunos oídos están envejeciendo prematuramente: en el caso de los jóvenes, hasta veinte años, por lo que a los cuarenta podrían sufrir dolencias. "La pérdida auditiva va acompañada de acúfenos y de una incapacidad para la incomunicación social. Y, cuando el afectado trabaja, supone una incapacidad para su vida laboral", avisa la otóloga del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, quien da los siguientes consejos.

1. Baja el volumen

Parece obvio, pero es la clave para no dañar tus oídos. "La vía auditiva está afinada a un tono o a una frecuencia. Cuando lo pierde, intenta recuperarlo o sobrecompensarlo, generando a un sonido aberrante, al que llamamos acúfeno o tinitus", detalla Lavilla, quien recomienda bajar el volumen o (en el caso de los artistas, técnicos y demás personal del sector) usar aparatos que lo atenúan. "Ojo, porque cuanta más audición pierdas, más ruidos o pitidos oirás".

2. Reduce el tiempo de escucha

Dosifica el ruido. Arriba te indicábamos cuánto debes reducir el tiempo de escucha en función de los decibelios que recibe tu oído. "Claro que se puede seguir disfrutando de los conciertos, pero con cabeza y cuidándose. Si te pones delante, usa tapones. Y alterna esa actividad de ocio con otras silenciosas", explica la otorrinolaringóloga aragonesa.

3. Aléjate de los altavoces

Cada metro que te distancias de un bafle, la intensidad del ruido disminuye 6 dB. Saca la calculadora y echa cuentas.

4. Usa protectores auditivos

Si no tienes unos tapones a mano o no puedes gastarte el dinero en unos profesionales, siempre puedes recurrir a otras barreras caseras, como un trozo de algodón. Todos los trabajadores de discotecas, bares de copas y salas de conciertos, subraya la experta, deben llevar protección. "Un tapón de silicona le puede ahorrar veinte decibelios a un camarero. Mientras que los músicos deben optar por los protectores personalizados".

5. Evita los ruidos impulsivos

Si además de ser músico o asiduo a discotecas y conciertos, eres cazador o aficionado a estallar petardos, procura evitar los ruidos impulsivos de corta duración. O sea, deja a los animales en paz y apaga la mecha a tiempo.

La otorrinolaringóloga María José Lavilla, presidenta de la comisión de Audiología de la SEORL.

Cinco consejos para evitar los efectos de los auriculares

El uso de los reproductores personales está influyendo en el envejecimiento prematuro de los oídos, insiste María José Lavilla, integrante de la Unidad de Implantes Cocleares e Hipoacusias del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza.

Puedes comprar unos auriculares nuevos, pero tu sistema auditivo es para toda la vida, recuerda la otorrinolaringóloga, quien aboga por una "dieta contra el ruido" y ofrece estas recomendaciones, entre las que destaca la elección de los cascos: "Atención, los peores son los que se meten en el oído y el problema es que su uso se ha generalizado".

1. Baja el volumen

No superes el 60% del volumen máximo fijado por las autoridades de la UE. Si no sabes cuál es (85 dB), modera el sonido de tu disco o podcast preferidos, pero nunca sobrepases los 100 dB.

2. Reduce el tiempo de escucha

No escuches música más de una hora superando el 60% del volumen máximo. Un hábito entre la población joven (y no tanto), que se sumaría a la exposición al ruido en bares, discotecas y salas de conciertos. Por ello, la pérdida auditiva aparece cada vez a edades más tempranas: los cuarenta son los nuevos sesenta. Una generación de sordos prematuros.

3. No uses auriculares de botón

Los auriculares que se introducen en el oído (de tapón, de botón o de inserción, es decir, los in-ear o intraurales) son los más perjudiciales, aunque infelizmente su uso se ha popularizado. No ocupan sitio cuando los utilizas fuera de casa, mientras que en ella aumenta el uso de los inalámbricos. ¡Peligro! Son más dañinos, porque acercan todavía más el sonido al tímpano y, como se insertan en el conducto auditivo externo, reducen su volumen y aumentan el nivel de presión sonora.

3. Utiliza auriculares de diadema (mejor los que cubren la oreja)

Mientras que con los auriculares de inserción el volumen de nuestro conducto auditivo externo es de 3 cm³, con los de diadema es de 6 cm³. O sea, con los de botón la intensidad se duplica.

Hay dos tipos. Los auriculares de diadema circumaurales (over-ear) se apoyan sobre el pabellón auditivo y te aíslan del sonido exterior, por lo que te permiten evitar que subas el volumen del reproductor para evitar el bullicio ajeno. Hablamos de los que cubren totalmente la oreja, pues los supraaurales (on-ear) no llegan a taparla por completo, lo que haría más recomendables los primeros.

A su vez, hay dos modelos de circumaurales: los closed back, que bloquean por completo el ruido exterior ambiental, y los open back, que no proporcionan un aislamiento total. "Cuanto más te aíslen del ruido exterior, menos tendrás que subir el volumen".

5. Cuidado con los "auriculares inteligentes"

Ojo con los auriculares que nos venden como "lo mejor de lo mejor", advierte la otorrinolaringóloga aragonesa, quien explica las características que recomiendan los expertos para elegir unos u otros: la frecuencia, la impedancia (resistencia que ofrece el auricular al sonido que se envía) y la sensibilidad (volumen máximo en decibelios que puede emitir).

"Suelen estar limitados a 100 dB, pero hay algunos con salidas de hasta 130 dB, que precisamente son los más caros", advierte Lavilla, quien deja claro que no existen los auriculares inteligentes. "Los inteligentes debemos ser nosotros, eligiendo de manera adecuada el volumen y el tiempo de exposición. Cuidemos nuestros oídos, porque una vez que se pierden no hay marcha atrás".