Donde hubo fuego quedan brasas: 30 años del movimiento bravú
Periodistas y músicos de varias generaciones analizan el movimiento musical que llenó escenarios, encadiló a Manu Chao y llegó a los libros escolares y a la programación infantil de la Televisión de Galicia.

Pontevedra-
Era un sábado de invierno de 1994 en Compostela. Convocados por el músico y escritor Xurxo Souto, un puñado de chicos de un montón de grupos de toda Galicia se sentaron alrededor de una mesa alargada en el Tumbadiós, histórica taberna de la rúa do Vilar de Santiago, conocida por un licor que hacía hervir hasta las tripas.
En la cabecera de aquella mesa, presidiendo a toda aquella chavalada, un mito de la música gallega: Suso Vaamonde. El cantautor tuvo la idea de recoger en un álbum recopilatorio un tipo de música que resonaba por todas partes: el emergente rock bravú, un rock cantado en gallego e infestado de guitarras eléctricas que hacían retumbar los techos de uralita de los establos de toda Galicia.
En aquel encuentro estaban miembros de grupos como Os Diplomáticos de Monte Alto, Os Rastreros de Chantada, Skornabois de Lourenzá u O Caimán do Río Tea, de Ponteareas. También había representación de otros grupos peculiares que llegaron a grabar discos pero que luego no se subieron al carro del bravú, como los Kaos, de O Morrazo, u Ollo ó Can, de O Porriño.
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Suso Vaamonde era respetado por su pasado en el grupo de cantautores de Voces Ceibes y por su actitud rebelde en plena Transición, pero también ya algo viejote para aquellos chicos que irradiaban la insolencia propia de la juventud. Allí, en la cabecera de la mesa del Tumbadiós, comenzó a trazar un discurso alrededor de la evolución de la música gallega y vino a concluir: "Estáis llamados a ser los nuevos Voces Ceibes". En ese momento hubo risas disimuladas y toques con la pierna por debajo de la mesa, como diciendo: "¿Pero qué carallo dice este tipo?".
Clarividencia para impulsar nuevas ideas
Vaamonde tenía tanta clarividencia para impulsar buenas ideas como facilidad para acabar echándolas por tierra. Era cercano, generoso y cariñoso con los grupos nuevos y disfrutaba ejerciendo el rol de productor que descubría talentos. Así nació Unión Bravú, un álbum referencial, impulsado por Edicións do Cumio, que enfadó algunos de los grupos allí reunidos. "Le teníamos mucho aprecio a Suso y tenía buenas ideas, pero a veces no terminaban bien. El disco no tenía el diseño que habíamos hablado en el Tumbadiós y en la portada hasta salieron nombres de grupos que después no estaban dentro ", recuerda Xurxo Souto.
Cualquier movimiento musical que se precie, nace y crece indisolublemente asociado a bares de referencia, la tascas iniciáticas. Y el universo del bravú se asienta en una trilogía tabernaria: el citado Tumbadiós de Santiago, el Parrús de A Coruña y el Caballero de Viana en Chantada (Lugo). Allí, en Chantada, es donde se sitúa precisamente el mito fundacional del rock bravú, en la noche de Santos de 1994, cuando en esa taberna se reúnen, con Os Rastreros como anfitriones, un puñado de grupos, agitadoras como Sofía de Labañou, periodistas como Alberto Casal o escritores como Manuel Rivas.
Allí, en el día de la génesis, ya hubo varios puntos de inflexión y debate. "Alguien lanzó la cuestión de si éramos nacionalistas y anarquistas. Hubo debate, pero acabamos por tirar por lo que nos unía: el rock y cantar en gallego", rememora Souto sobre aquella noche, de la que también recuerda otros líos, como cuando "uno de los Skornabois de Lourenzá les afeó a los Yellow Pixoliñas de Monforte que habían cantado dos temas en castellano en el primero disco". A lo mejor por eso, los monfortinos, y otros grupos coetáneos como Heredeiros da Crus o Zënzar, que hacían todos rock en gallego, fueron por libre alejados del paraguas del bravú.
"Hay gente que pudo ser perfectamente bravú, pero que no quisieron estar bajo esa etiqueta por decisión propia, como los Zënzar", explica Laura Romero, bajista actual del histórico grupo de Cerceda, autora de A culpa foi de Zënzar, 35 años de rock en galego. "Todo el rock en gallego que se hizo en aquellos años lleva la huella del momento. Pero hay algo más importante. Para mí el movimiento bravú es una expresión artística, más que un movimiento musical", explica esta artista e ilustradora.
Hilo histórico de la música en gallego
Cuando Vaamonde, en la reunión del Tumbadiós, citaba a los Voces Ceibes como precedente, estaba tirando de un hilo histórico de la música en gallego, del que también habían formado parte otros grupos antes de llegar a la eclosión bravú. "Lo cierto es que es todo un continuo. Sin antecedentes como Os Resentidos o Radio Océano, el bravú no existiría, así como el bravú fue también antecedente de todo lo que tenemos hoy en día", reflexiona el periodista musical y escritor Xavier Valiño, autor del que puede considerarse el primer libro que analiza este fenómeno, Rock Bravú, a paixón que queima o peito (Xerais, 1999), y cuya idea partió del también periodista y escritor Santiago Jaureguízar. "Supuso algo inédito: la normalización del gallego como herramienta para expresarse en el ámbito del rock", explica Valiño, que ha publicados más de una docena de libros alrededor de temas musicales.
El 1994, año que marca el acta fundacional del bravú, es un momento de apoteosis grunge, con las camisas de leñadores marcando tendencia, unos looks de calculado desaliño y las melenas largas y desordenadas al estilo de Kurt Cobain, el líder de Nirvana que se suicida ese mismo año.
Galicia miraba con interés otros movimientos del Estado, como el rock radical vasco, con grupos que mostraban el camino. Es el caso de Negu Gorriak y su antecedente, Kortatu. "Estábamos en una cuenta atrás que no podía esperar más. Cataluña y sobre todo Euskal Herria ya tenían su movimiento de rock en lengua propia, y nosotros no. Miles de chavales deseábamos eso en Galicia a principios de los 90, pero no teníamos ni idea de cómo se podía hacer", explica el periodista Rodri Suárez, autor del libro Non temos medo. Memoria oral dos Diplomáticos de Monte Alto, editado por Nicetrip.
"Más que un movimiento musical, el bravú es una expresión artística» (Laura Romero)
Suárez dice que nada sería igual si no hubiera aparecido la figura de Xurxo Souto, líder de Os Diplomáticos de Monte Alto. "Apareció un genio como Xurxo, sin el cual resultaría imposible explicar lo que pasó. El bravú fue un movimiento transversal y popular que no buscaba liderazgos, y eso fue gracias a la generosidad y modestia de un agitador con tanto talento como él", loa el periodista coruñés. "Tenía el papel de un ideólogo que empujaba a la gente a crear y que se apoyaba en los mejores, como hizo en Os Diplomáticos con las composiciones de Rómulo Sanjurjo. Ellos son lo más parecido que tenemos en Galicia a unos Jagger y Richards, pero con vino en vez de jeringas», bromea el que fuera propietario del bar Parrús.
Xurxo Souto
El bravú posiblemente no hubiera sobrevivido sin el papel de Xurxo Souto. Comunicador pasional, eficaz agitador, empático con la gente joven y líder del grupo de referencia. Souto también trabajaba entonces en los medios de comunicación y tenía idea de cómo conseguir cierta difusión. Casi como un misionero, comenzó a predicar con entusiasmo un discurso alentador que fue gasolina para hacer carburar los demás grupos.
"Lo más importante es que sudedió. Fue una anomalía en los 90 y el gallego pasó de pronto a ser una lengua cool, asociada a la creatividad. Tronzó el discurso de que el gallego no servía para las músicas emergentes", reflexiona Xurxo Souto en perspectiva 30 años después. La aparición de grupos procedentes de villas pequeñas acabaría llamando la atención de otros chavales que vivían en ellas por influencia de la televisión y del Xabarín Club, que también nace en 1994.
"Fue una anomalía en los 90. El gallego pasó a ser 'cool'. Tronzó el discurso de que nuestra lengua no servía para las músicas emergentes" (Xurxo Souto)
"En mi libro de texto escolar salían Os Diplomáticos y Os Rastreros. Cuando eres un chaval quieres alejarte de lo que sale en los libros porque entonces eso suponía un asunto de viejos, algo ajeno para mí", dice Nuno Pico, uno de los grandes referentes de la música actual en gallego con su grupo Grande Amore, que descubrió de verdad el bravú años más tarde. "Fui entrando a través de grupos que vinieron después, como Terbutalina o Familia Caamagno, y cuando llegué al bravú, flipé, porque hasta entonces lo ignoraba", recuerda. Le pasó lo que sigue pasándole aún a muchos chicos y chicas en Galicia: desconocía lo que sucedía junto a su casa. "Yo soy de O Valadouro (Lugo) y descubrí que a 15 minutos de mi casa, en Lourenzá, estaban Os Skornabois, que habían evolucionado hacia unas cosas de electrónica experimental brutal", reconoce.
Una de las cuestiones que con el paso de los años más reflexiones críticas provoca sobre el bravú es la ausencia total de mujeres en los grupos, algo que también merece ser analizado treinta años después. "En los 90 no era fácil encontrare mujeres en el rock, con lo cual el bravú no iba a ser una excepción. No lo veo como exclusión, porque 30 años después sigue sin haber muchas mujeres en el rock. Otra cosa es en otros estilos", afirma la artista e ilustradora Laura Romero, componente de Zënzar y coautora con la escritora Iria Pedreira del libro Ferreñas e Rock and roll (Edicións Baía), que da visibilidad a las mujeres músicas en Galicia a lo largo de varias décadas.
Evolución y readaptación
La falta de mujeres entre los grupos rock del movimiento bravú es un tema del que no huye Xurxo Souto. "Nosotros decíamos que no éramos machistas, pero pienso que sí que lo éramos en ese momento. Después necesitamos un proceso de decodificación, de readaptación a la evolución en estas tres décadas", apunta Souto con conciencia crítica, al mismo tiempo que lo lleva a una reflexión alrededor de las letras y sus relatos.
"En el bravú había unas letras de más contenido social. En la música en gallego de hoy el discurso es combativo también, pero por otras vías. Combaten el neomachismo y el neofascismo, y eso me parece interesantísimo", analiza Souto. "Las temáticas cambian en la música y en el arte en general. Hay cambios de temática porque hay un cambio de punto de vista generacional", dice Laura Romero desde su perspectiva también como creadora.
La nueva y exitosa hornada de grupos que cantan en gallego tres décadas después parece renunciar al rock, pero ha encontrado un filón en la reinterpretación contemporánea de la música tradicional y en un discurso que abraza la diversidad sexual sin complejos. Desde el camino abierto por las Tanxugueiras hasta la vibrante ola postanxugueiras en la que están Fillas de Cassandra, Caamaño & Ameixeiras, Mondra, De Ninghures o el propio Grande Amore. "Cada uno va desarrollando sus propias narrativas, pero en el fondo, antes y ahora, consiste en contar cosas que te pasan", resume Nuno Pico.
"Vivimos un momento increíble, donde un montón de grupos beben de las coplas tradicionales para hacer un discurso renovado donde la diversidad sexual traza una nueva revolución", indica Xurxo Souto, que no tiene ninguna duda en señalar a la artista que para él es el punto de partida clave desde lo bravú hasta la música actual: Mercedes Peón. "En el bravú fue una referencia absoluta por la manera en el que bebía de la creatividad popular. Después exploró la electrónica y el relato de la diversidad sexual, y es la persona que marcó la senda de toda la música que se hace hoy en Galicia", sentencia el líder de Os Diplomáticos. "Solo dos artistas marcaron este punto de inflexión en la musica gallega reciente, Mercedes Peón y Narf".
Xabarín
Aunque el bravú fue un movimiento que nació en las márgenes y de manera espontánea en diferentes villas de Galicia, hubo una clave incuestionable en su posterior difusión: la creación del Xabarín Club en la Televisión de Galicia y su método de repetición de videoclips con karaoke. Temas como O Sacristán de Basán, de Os Rastreros; Xabarín que te vin, de Yellow Pixoliñas y, sobre todo, Estou na lavadora, de O Caimán do Río Tea, se convirtieron en himnos coreados a raudales por el público infantil.
"La televisión ayudó a visibilizar los grupos, pero hoy en día las bandas pueden trabajar en las redes y trazar sus caminos. Pueden salir de vez en cuando en la TVG, pero si mañana se apagara la tele, seguirían igual, porque no dependen de ella. Es otra anomalía maravillosa", compara Souto entre los años del bravú y el momento actual.
Por lo general, los movimientos culturales no duran más de diez años, pero lo importante es que dejen huella. Y es indiscutible que el bravú lo hizo. Al final, igual Suso Vaamonde no iba tan desencaminado cuando anticipó que el bravú podía ser comparable a lo que supusieron en su día los Voces Ceibes. A lo mejor porque Suso sabía, mejor que nadie, que en la historia de la música gallega donde hubo fuego, siempre quedan brasas.
Josefa, déjanos abierta la puerta de la cocina
Una mañana de invierno de 1999 entré por vez primera en la cocina de la señora Josefa de Bastavales. Debería de ser enero, calculo. Me llevó Xosé Manuel Pereiro hasta allí, hasta aquella casa al pie de las campanas de Bastavales, por corredoiras estrechas y viñas que tejían un techo natural. Yo había escuchado hablar de la señora Josefa, pero era la primera vez que iba a estar con ella. Fuimos a su casa para hacerle una propuesta arriesgada: debutar como reportera en un programa de televisión, aunque tuviera entonces cerca de 70 años.
Entramos en su cocina y ya nos sacó el licor café por la mañana. La conversación no comenzó muy bien. Josefa me preguntó cuantos años le echaba. Yo, inocente de mí, le eché de más, para su disgusto. A pesar de patinar un poco en la introducción, la cosa fue fluyendo. Como pasaba siempre con Josefa, primero era tímida y decía que no se acordaba de nada, ni de letras, ni de canciones, ni de dichos. Pero cuando arrancaba era imparable. La conversación fluyó, pero sin una respuesta concreta para nuestra propuesta. Se echaba el tiempo encima y Pereiro decidió ir directo:
– Entonces, ¿qué, Josefa?
– ¿Qué, de que?– respondió ella.
– ¿Viene o no viene?.
– Pues si hay que ir, se va.
Y así, con ese primer contrato verbal firmado en el viento dentro de su cocina, fue como la señora Josefa de Bastavales comenzó a trabajar de reportera en el mítico programa de TVE-Galicia ¡Qué Serán?, dirigido por el propio Pereiro y Luis Lavandeira. Pero alguien tenía que tutelarla, guionizar sus reportajes y enseñarle unas nociones mínimas de televisión. Pereiro me apuntó con el dedo, y lo que tomé como un "no me queda más remedio" pasó a ser un proceso divertido y entrañable, casi como una relación de abuela y nieto. Así comenzó mi relación con la señora Josefa y mi trabajo como guionista y tutor a su lado.
No voy a negar que los comienzos fueron sufridos. En los primeros reportajes que hicimos, Josefa ponía muchas veces el micro donde no era. Cuando hablaba ella, le ponía el micro al entrevistado, y cuando hablaba el entrevistado, pegaba el micro a su propia boca. Para montar aquello y no descartarlo sudamos tinta, como se puede ver en el reportaje del grupo Berrogüetto. Pensé en cómo solucionarlo y desarrollamos un método didáctico propio. Cuando ella arrancara a hablar, yo estaría fuera de plano agarrándole la chaqueta y, cuando tuviera que ponerle el micro a los entrevistados, yo la trincharía por detrás con mis dedos. Ese era la señal.
Logramos una entrevista con Elíades Ochoa, que se había hecho mundialmente famoso con el filme Buenavista Social Club. Antes de comenzar, le anticipábamos un poco de que íbamos a hablar. Josefa cogió el micro para hacer la presentación y hacerle una pregunta a Elíades. Como no cambiaba el micro para ponerlo en la boca del cubano, yo la trinché por detrás. Ella movió el micro con tanta energía que quedó registrado como Elíades aparta la barbilla hacia atrás pensando que le quería pegar. A veces, Josefa se desmoralizaba y decía que no servía para esto, pero nosotros, en el equipo, sabíamos, que era una maravilla y hasta transgresor tener a una vieja pandereteira de Bastavales entrevistando a estrellas de la música mundial.
Otro día fuimos a un festival en Cangas do Morrazo, llamado Herba e Son, con el objetivo de entrevistar la Los Van Van, leyendas de la salsa cubana. Como guionista responsable de la pieza, se me ocurrió una osadía, o inconsciencia, para tratar de ir un pasito más allá con una pieza que tuviera una buena entrada, un buen contenido en medio y un buen desenlace. Era al lado de la playa, con mucha gente acampada. Josefa saldría de una tienda, como si estuviera allí acampada, haría el reportaje y volvería a su tienda a dormir. Ella no iba muy convencida, pero accedió a grabar en una de aquellas tiendas, donde el humo denso olía a una fragancia que hacía honor al nombre del festival.
Cuando estaba grabando la introducción saliendo de la tienda, Josefa se enredó un pie con uno de los cordeles de amarre, cayó hacia delante y la tiró abajo. No fue una caída grave ni nada por el estilo, pero Josefa se enfurruñó y estuvo a punto de abandonar la carrera de reportera. Aun así, incluso logramos el objetivo de entrevistar a los míticos Van Van.
A Josefa íbamos a buscarla a casa en un coche de la tele, conversábamos muchas veces en su cocina de Bastavales y giramos por Galicia adelante muchas horas. Allí comencé a conocerla de cerca. Había nacido en Tordoia, había trabajado duro en el campo y se había quedado viuda con seis hijos que mantener. "Yo estaba en un pozo y la música me hizo volar", dijo en aquella maravilla de programa que era el Alalá de la TVG. Su pandereta la salvó, la hizo volar y la aferró la un universo de canciones en las que ella hacía un papel de médium de la tradición oral heredada de los ancestros.
El archivo de Alalá contiene un registro excepcional, el de una de las visitas de Manu Chao a la cocina de la señora Josefa, aquella cocina que le resultaba tan familiar. Manu tenía una casa en Bastavales, casi puerta con puerta con la de la señora Josefa, y la cocina de ella casi era como la suya. Por eso, un día, después de tiempo sin ir, le dijo a Manu aquello de: "¿Por dónde andas, Manu, que estás desaparecido?". Y allí nació aquella canción mítica, Desaparecido, y posiblemente la nueva vida de la Josefa artista, que llegó a girar con Manu Chao y con músicos como Amparanoia y Macaco, además de la troupe del bravú, que la arropó para llegar a lugares como Lyon, mientras ella los mantenía la base de caldo.
Solo por esto, la cocina de la Señora Josefa de Bastavales debería ser patrimonio cultural de Galicia. La cocina de puertas abiertas donde Manu escuchó puñados de canciones tradicionales gallegas, por donde pasaron Mercedes Peón, O Pinto d´Herbón, las Jarotas de Ribeira, Manolo Maseda, Xabier Díaz, el propio Souto y un montón de gente más.
La cocina de Josefa, igual que las cocinas de Maruxa das Cortellas, de Concha de Luneda o de Rosa de Moscoso, deberían ser Patrimonio Inmaterial de Galicia. La antorcha del patrimonio oral se mantuvo encendida en estas cocinas que siempre tenían las puertas abiertas, la fuente en la que tantas y tantos bebieron. Este año se va a dedicar el día de las Letras Gallegas a todas estas mujeres. Será de nuevo un buen motivo para volver a recordar nuestra pandereteira de Bastavales.
Por eso hay que pedirle a Josefa, que por algún sitio andará volando con su pandereta como si fuera una alfombra mágica, que nos deje siempre la puerta de la cocina abierta, que tengamos siempre lugares como esos a los que ir a buscar canciones y donde haya quien nos cuente historias junto al fuego. Buen viaje por las nubes sobre las campanas de Bastavales, Josefa.







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