EL gran ERROR DE MI VIDA
Marwán: "Mi gran error es no haber mandado a tomar por culo a más gente"
Es uno de los poetas españoles contemporáneos más vendidos. En su poesía y su música subyace una constante intifada.

Es duro y frágil a la vez, como algunos poetas malditos. Pero duro y frágil siempre al mismo tiempo, no por rachas. Se nota en esto su sangre palestina: sangre heredada de niños con piedras. Marwán, poeta y cantautor, que viene a ser casi lo mismo, nació en Madrid en 1979 de padre palestino, huido de la criminalidad israelí, y madre española. Es uno de los poetas españoles contemporáneos más vendidos. Llegó a ser número uno en ventas en México. En su poesía (y su música) subyace una constante intifada. Como piedras duras arrojadas por las manos débiles de 20.000 niños palestinos muertos.
Como poeta has vendido muchos libros. Eres una anomalía. Está mal visto que los poetas vendan muchos libros, ¿sabes? ¿Te sientes un bicho raro?
¿Un bicho raro? La verdad es que sí. Sé que es algo absolutamente anómalo vender muchísimos libros de poesía. Bastante inusitado, quitando alguna excepción como Joaquín Sabina, que vendió en su momento 200.000 libros, o Luis García Montero...
Pero Sabina era ya un tío muy consagrado.
Sí. O sea, yo en realidad era músico, tenía éxito en la música. Llenaba salas bastante grandes en Madrid, de más de 1.000 personas. Pero la verdad es que el éxito que tuve con la poesía fue fulgurante y absolutamente inesperado.
Cuando los críticos afirman que eres un poeta urbano, intentan decirlo todo, pero no dicen nada. Te hago una pregunta que hacía y se hacía Federico García Lorca. ¿Qué es ser poeta?
No te sabría decir qué es ser poeta. Directamente uno escribe poemas, aquello que lo emociona, tratando de dotarlo de imágenes un poco extraordinarias. Supongo que ser poeta tiene que ver con la capacidad de expresar de un modo extraordinario aquello que es quizá más ordinario. Esa es la capacidad del poeta, ¿no? Hablar de lo que acontece, hablar de la realidad, de la experiencia humana, de cualquier aspecto que a priori forma parte normal de la vida y convertirlo en algo extraordinario. En mi caso, a través de símbolos casi siempre.
Cualquier vida es extraordinaria. Cualquier experiencia es extraordinaria.
Sí. En definitiva, sí. Pero muchas veces hace falta tener esa mirada. La mirada del artista, la del que sabe traducir: el poeta, el cantante, el escultor, el cineasta. La del que convierte en extraordinaria una experiencia a través del artefacto artístico. Muchas veces vivimos experiencias de vida sin percatarnos de la magia escondida. A través del acto artístico nos convertimos más en protagonistas de nuestra vida, y a través de la poesía y las canciones, uno rescata la épica de esos momentos aparentemente triviales.
Tú dices sentirte apátrida y a mí me das mucha envidia. Yo no soy nada patriota. Y mira que soy gallego, así que no me faltan razones para serlo. Pero a mí no me dejan ser apátrida. ¿El apátrida es más libre?
Pues depende. Escribí un poema que se llama El apátrida. Viene a contar que no encajo en los cánones que algunos quieren imponer o en las formas que algunos quieren dictar. También lo soy un poco como músico. En estos momentos en los que cuidar la palabra, en los que escapar de las hamburguesas musicales es difícil, te conviertes en un apátrida. No hay muchas ventanas para hacer canción de autor hoy en día. Aparte, mi padre es apátrida de verdad, porque es palestino. Lo llevo por partida doble, ¿no? Siempre me he sentido un poquito bicho raro. Aunque soy nacido aquí y mi madre es española, fui un niño de los 80 que se llamaba Marwan Abu-Tahoun, y que sufrió racismo. Eso me hacía sentir diferente y bicho raro. Vivir eso con una sensibilidad muy acusada, siendo un niño bastante quebradizo, no me hacía sentir parte de la comunidad o de la normalidad. Sí, me han hecho sentirme apátrida. Y, como poeta, también.
Seguramente el éxito ha contribuido a que dejes de sentirte un bicho raro. O quizás no.
En cierto modo, sí. Que se congreguen tantas personas alrededor de tus poemas o tus canciones te hace sentir que formas parte de algo. Que la gente se junte alrededor de tus poemas, que en tus conciertos coreen tus canciones o se acerquen para decirte cosas bonitas, a uno lo reconcilia. Es normal.
Pero intentas regresar al apátrida cuando escribes sobre tu tierra de origen, sobre tu padre. Canciones políticas como Nana urgente para Palestina o Los hijos de las piedras, sobre la segunda intifada. Un apátrida que escribe así sobre su tierra no es un apátrida. Me estás engañando.
Bueno, un poquito. Pero Palestina es una tierra existente e inexistente a la vez. Es una tierra negada por el reconocimiento internacional, una tierra negada porque no pueden vivir en paz, una tierra negada porque está ocupada y es una tierra negada porque es una tierra abandonada. Pensando en Palestina, me vuelvo a sentir bastante solo a veces. Como cuando era niño.
¿Ya eres mayor?
Hombre, tengo mis años. Hostia, tengo 47 años.
Los poetas nunca crecen.
Eso es verdad. Los artistas en general nunca crecen. Siempre tenemos la sensación de estar empezando. Ayer terminé mi nuevo disco, y me lo mandaron ya masterizado. Y tengo la sensación, tío, de estar empezando otra vez. Es acojonante, después de ocho discos.
¿Cómo se va a titular? ¿Y cómo va a ser?
Todavía no desvelo el título. Sí te voy a decir que es un disco muy de amor. Porque bueno, es lo que he vivido. Generalmente soy muy fiel en mis discos a lo que voy viviendo. Cuando vivo etapas de amor, o desamor, escribo más sobre eso porque soy muy sentimental, y ocupa mucho espacio en mí, en mi cabeza, en mis quebraderos de cabeza y en mis reflexiones. En otros momentos en que, a lo mejor, he tenido una vida más plácida a nivel amoroso, he escrito más canción social. Como en 2020, cuando saque El viejo boxeador, donde hablo sobre los haters, sobre la autenticidad, sobre la resiliencia, sobre la esperanza.
Empezaste haciendo bolos en bares, ¿no? Recitando en antros poemas y cantando tus canciones. Siempre que hablo con músicos les pregunto lo mismo. ¿No echas de menos aquellos tugurios de música y poesía tan cercanos? Se pierde tanto con la fama… Un músico cuyo nombre no te voy a decir me contaba que al abandonar aquello se sentía culpable de vender su arte a la burguesía.
Yo creo que no. El hecho de tener más público o disfrutar de éxito en cuanto a números, no es vender tu talento a la burguesía. A mis conciertos no creo que, precisamente, lo que vengan sean muy burgueses, ¿sabes? Viene gente muy de a pie, gente humilde, gente con conciencia social. Pero, incluso, si en algún momento los que se acercaran a las canciones que salen de mi corazón fueran gente más pija o más burguesa, también tienen derecho a disfrutar de esto. Es verdad que yo, en ese sentido, prefiero que venga gente más llana. Gente con inquietudes sociales que tienen unos valores y no viven en la superficialidad. A mí me encanta tocar en garitos pequeños y, de hecho, en mis giras por Latinoamérica, todavía sigo tocando en sitios pequeños. Disfruto de los sitios pequeños y de los sitios grandes. Hace un año y medio, hice un concierto brutal en el WiZink Center para 7.000 personas y fue apoteósico. Sinceramente, creo que se me da muy bien el tú a tú de cerca, pero también se me da muy bien el tú a tú a lo macro, y pocos artistas lo pueden conseguir. Convertir un gran recinto en un lugar íntimo. Solo algunos cantautores tenemos esa capacidad. Y yo sigo buscando eso. Y no creo que sea venderse el hecho de tener éxito. Joder, también tengo derecho.
Ya te advertí que te iba a hacer preguntas en plan cabrón.
Lo sé, lo sé. Y me las haces en plan cariñoso. Pero yo te las tengo que responder deshaciendo la cabronada.
En tus textos, sean poemas o canciones, siempre buscas la sencillez, lo coloquial. No tienes ni siquiera miedo a caer en el tópico, porque el tópico te funciona. Te llamaban poeta de internet en plan despectivo. Los poetas de ahora no queréis entrar en la academia. ¿Qué buscáis los poetas de ahora?
Yo no necesito pertenecer a la academia, como dices tú. O tener ningún visto bueno. Es algo que me da igual. Durante un par de años, sí me calaron las críticas. Ahora me dan tan igual… Me la pela tanto la opinión de los demás... Y, con respecto a lo que dices de caer en lo coloquial, sí he perseguido, quizá he abusado, de buscar la claridad. Siempre trato de buscar lo coloquial dentro de lo poético. Quizá muchas veces no he escrito poesía, he escrito más prosa poética, cosas que sinceramente me tocaran. En algunos casos supongo que habré fallado, no habré estado tan fino. Pero en otros casos creo que he hecho una poesía sencillamente bella. Puedo escribir de un modo mucho más críptico, más metafórico, pero no me interesa.
Ya que me he dedicado a meterte en problemas, ahora te cedo el turno. ¿Qué cosas me han faltado en esta entrevista?
Palestina. Hablar más de Palestina. Yo soy un activista que he dedicado, dedico y dedicaré mi vida a Palestina. Y creo que deberíamos hablar de cómo la canción de autor ha claudicado un poco con respecto a la canción social. En general, los cantautores también somos bastante víctimas de este siglo que nos ha tocado vivir. En el siglo pasado, la ciencia principal era la sociología, los movimientos sociales. Los cantautores eran el brazo armado de esos movimientos sociales y políticos. Ahora son la música urbana y el individualismo los brazos armados de este sistema. Los cantautores hemos claudicado, hemos dejado un poco de lado la canción social, nos hemos centrado demasiado en la canción relacional. Que tampoco está mal: en el fondo, los problemas que se dan a nivel social también tienen un nivel más micro, en la pareja, por ejemplo. Los cantautores tenemos una deuda con la canción social o la canción protesta…, o la canción propuesta. Yo debería hacerlo un poquito más.
¿Cuál fue el gran error de tu vida?
No haber confiado más en mí. Haber escuchado demasiado a gente. Es el gran error de la vida de casi todo el mundo. Tenía que haber hecho menos caso a muchas personas, tío, y haberme hecho más caso a mí en muchas ocasiones. Quizá la falta de autoestima. El gran error de mi vida es no haberme querido un poquito más, no haber mandado a tomar por culo a más gente. Y esto te lo digo totalmente en serio.


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