Miguel Ríos: "El marxismo está más vigente que nunca porque ahora hay un precariado absoluto"
El eterno roquero vuelve a vivir en la carretera para presentar su último disco, El último vals.

Madrid--Actualizado a
Ejemplo de ética y coherencia, Miguel Ríos (Granada, 1944) es un referente moral y profesional, el roquero por antonomasia, uno de los artistas españoles más respetados. Para muestra, El último vals (Altafonte), un disco en el que echa la vista atrás sin renunciar a la crítica de los males del presente, ni tampoco a su calidad musical, de impronta rocanrolera. De gira por los teatros más emblemáticos del país, Miguel Ríos vuelve a vivir en la carretera.
Este disco lo va a pillar con 82 años sobre el escenario, más de medio siglo después de debutar con Mira hacia ti. De Granada a la luna... Cuando mira hacia abajo, o hacia atrás, ¿qué ve?
Veo la fascinación de un chaval de dieciséis años que llegó a Madrid en 1962 a grabar un disco con Philips Records. Venía deslumbrado por la meca de Memphis y, para mí, todo lo que salía de ahí era como una buena nueva.
¿Qué descarta y con qué se queda?
Me quedo con lo vivido, aunque algunos acontecimientos personales, como el nacimiento de mi hija Lúa [al micrófono de la banda Goldlake, junto al guitarrista Carlos del Amo], son más trascendentes que la vida misma. Pese a que en mi carrera he tenido algunos baches, porque entonces aquella cultura nos era ajena, he sido un artista que ha tenido mucho éxito y que ha hecho cosas únicas en este país. No puedo olvidar cuando iba en una limusina por Nueva York mientras escuchaba en la radio el Himno a la alegría [la versión en inglés, A Song of Joy, fue número uno en países como Estados Unidos o Reino Unido]; o el día que me senté a escribir Bienvenidos con Tato Gómez, con ese hondo mensaje de agradecimiento a mi público: "Buenas noches, bienvenidos, hijos del rock and roll".
¿Qué le quedaba por contar en El último vals, cuya rampa de salida es un canto a la vida?
El disco responde a una situación muy vital en la que relato lo que veo desde la atalaya de la edad tardía. Antes me preguntabas que mirase hacia atrás y, precisamente, este álbum es memoria pero también presente, porque aborda los malos tratos o los desastres que los neofascistas están provocando a la gente que viene a nuestro país a buscarse la vida, algo que tanto hicieron los españoles que emigraban. No podía perder el tiempo en hablar de futilidades.
Como esas vidas de quienes soñaban con un futuro mejor y que, en vez de arribar a La buena orilla de Canarias, fallecieron en su cayuco a miles de millas de distancia, en la costa de Brasil. ¿Cómo debería reaccionar la "Vieja Europa" ante una situación dramática que no cesa?
Ha reaccionado muy mal a muchas cosas. Hoy la ultraderecha está haciendo estragos en el pensamiento unitario y necesario de la defensa de los derechos inamovibles del ser humano, mientras que la Vieja Europa ha reculado y no ejerce de custodio de su bienestar. Así, ha abandonado totalmente a Gaza de una forma muy despiadada y está ayudando a Ucrania porque teme ser invadida por Rusia, pero de una forma muy timorata, sin los auténticos valores de fraternidad que la movían. Los gobernantes han sido muy torpes con la inmigración, porque es necesaria en un continente de viejos que necesita mano de obra. Sin embargo, si busca preservar el lema ario de la pureza de sangre, estamos jodidos, porque el mundo nunca será así y solo tendrá posibilidades de sobrevivir a través del mestizaje. Por lo tanto, a Europa la veo chunguilla…
También advierte de las consecuencias de la crisis climática en la anticapitalista No es la tierra, estúpido. ¡Eres tú! ¿Cómo se combate a los negacionistas? Y, más difícil todavía, ¿cómo se les convence?
La izquierda ha perdido la batalla del relato hace mucho tiempo. Son negacionistas de conveniencia, o sea, sacan pasta del deterioro [del planeta]. Estamos ante un deadline climático, por lo que el desastre está servido. Los negacionistas tienen que tener un interés, porque no se puede negar la evidencia a no ser que ganes dinero, aunque entonces serían unos desalmados por anteponer sus intereses a la vida.
En La cuenta atrás alude al "cortejo tóxico y mortal / violencia o soledad". ¿Ha habido una regresión o una involución? Ante el repunte de relaciones tóxicas entre los más jóvenes, ¿cree que, en vez de progresar, hemos desaprendido?
Los hombres de mi generación nos hicimos machistas por orden de la madre. O sea, ella no quería que ayudáramos a nuestras hermanas en las tareas domésticas. En mi casa, había miedo a la homosexualidad, que era un anatema. Soy el séptimo hermano de una familia con cinco chicas y dos chicos. Yo fui absolutamente educado en el machismo y es muy cómodo ser machista, excepto que el hombre esté muy concienciado. Como los alcohólicos anónimos, deberíamos decir: "Mi nombre es Miguel Ríos y soy machista". Y luego intentar mejorar cada día con una actitud perenne [al igual que el adicto que lleva años sin beber, aunque se reconoce como tal].
Tras la lucha feminista por la igualdad y los avances de los últimos años, ¿advierte una regresión entre los más jóvenes?
No tengo mucha relación con gente de esa horquilla de edad, pero uno lee que el porno está llevando a los jóvenes a imitar conductas de maltrato. Como decía antes, para un hombre resulta mucho más cómodo ser machista. Lo que te aparta de eso es tu conciencia y tu trabajo. La reflexión te lleva a no admitir determinados comportamientos en las relaciones. Ante el sesgo de dominación del varón, la mujer ha tenido que decir: "Oye, tío, ¿de qué vas?". Ese momento, el día en que ella se plantó y dijo "no te dejo pasar ni un milímetro más", es un hito en la humanidad.
Usted defiende el pago de impuestos para contar con una sanidad y una educación públicas de calidad. Una reivindicación cuerda y sensata que, en estos tiempos, podría pasar por rebelde, extremista y a contracorriente.
Estamos viviendo una vida que creíamos haber superado. El poder está movilizando una ingente cantidad de recursos para llevarnos a una autocracia de una forma peligrosa e indigna, mientras que la humanidad no reacciona de manera colectiva. Ante la deriva individualista que fomenta la ultraderecha, cada vez se hace más necesario un gobierno más global regido por leyes universales.
¿Dónde ha quedado la libertad a la que usted tantas veces le ha cantado?
Formalmente, la libertad existe, porque yo me siento libre. Sin embargo, a nivel colectivo, asistimos a una pérdida de la capacidad de asociación. Si la libertad es la posibilidad de unirnos, la derecha y la ultraderecha la entienden como ir de cañas.
Siempre ha remontado el vuelo y nunca ha sufrido un aterrizaje forzoso. En cambio, durante una actuación con Ojete Calor en el Wizink, sufrió una caída en pleno escenario [Miguel Ríos se carcajea al recordar el suceso]. ¿En qué le hizo pensar ese traspiés? Aunque de lo malo también se puede extraer algo bueno, como una canción donde se ríe de sí mismo. ¿Qué le quita y que le da el paso de los años?
Te quita agilidad. Ahora bien, esa caída fue inesperadísima, porque habíamos pactado que se abriría una trampilla [por la que saldrían al escenario Carlos Areces y Aníbal Gómez] en un momento determinado de la canción Bienvenidos, pero el artilugio comenzó a bajar antes de tiempo. Yo quería acercarme al público y, en ese momento, tropecé con ese artilugio, aunque reaccioné levantándome con cierta gallardía. Volviendo a la pregunta, con los años he aprendido que el óxido no para de comerte por dentro y que pierdes muchísimas facultades. Todo va más lento en tu cabeza y, sin embargo, el exterior sigue a la misma o incluso a más velocidad. Por otra parte, la edad te da la posibilidad de contar lo que quieres sin temer represalias. Sentirte libre a los 81 años es muy sano.
Miguel Ríos y Enrique Morente. Los Ángeles y Carlos Cano. 091 y La Guardia. Lagartija Nick y Los Planetas. Niños Mutante y Lori Meyers. Para no extendernos, la cantera no se agota. ¿Qué tiene Granada para ser cuna del arte y la canción?
Mucha inquietud y una universidad que la mantiene conectada con la universalidad que siempre ha tenido la ciudad, destino de muchas personas desde los tiempos de los viajeros románticos, que le han aportado un carácter cosmopolita. Ahora bien, aunque soy de Granada y presumo de mi patria chica, yo me hice en Madrid. No obstante, en algunas canciones he reflejado las sensaciones de aquel niño granadino.
En el disco hay recuerdos de juventud, amores entre los que no corre el aire y desamores que no tienen arreglo, heridas del corazón…
El último vals es realmente eso: la disposición que tenemos a enamorarnos y a no ser correspondidos, a entregar más pese a que luego suframos el desamor.
Usted ha dicho adiós en más de una ocasión y siempre ha regresado. En este disco hay…
Ojo, quiero aclarar que yo me he ido solo una vez. Me quieren etiquetar como el Antoñete del rock and roll, que va y viene [risas]. Yo me fui en 2011, con la gira Bye Bye Ríos, y luego volví, pero con fama de informal [risas].
Y ahora ha regresado al estudio para grabar un álbum que tiene un poso de nostalgia y melancolía. Entiendo que su lema es vivir con las botas puestas.
Sí, aunque más que a la nostalgia apelo a la memoria, porque forma parte de ti, ha construido tu edificio y te retrotrae a lo que eres. Lo que me jode de la melancolía es que pretende volver a lo que fuiste. En cambio, yo solo busco recordar —con alegría, pena o rabia—, porque regresar a un sitio donde ya has estado no creo que sea muy recomendable.
Después de tantos vaivenes y contratiempos, el sector y la industria musical ahora se han topado con la inteligencia artificial (IA). ¿Cómo se puede blindar la creación, el arte y la cultura? ¿O encuentra aspectos positivos en el uso de las nuevas tecnologías?
No soy muy ducho en la materia, pero la IA me da un poco por culo. Si te lo ofrecen mascado, ¿dónde quedas tú y la construcción de lo que quieres hacer desde tu interior, no desde el interior de alguien que quiere interpretar lo que tú eres? Ante los avances en la suplantación —no solo de la imagen, de la voz y del estilo musical, sino de todo—, lo veo muy jodido. Deberíamos haber legislado antes la inteligencia artificial. Sin embargo, como nadie le ha puesto puertas al campo, habrá que vivir con esta distopía.
Usted sostiene que España entierra mal a sus artistas, aunque peor ha desenterrado a las víctimas del franquismo de las fosas y cunetas. ¿En este país vive o muere la inteligencia?
España entierra mal a sus artistas, pero desentierra peor a los republicanos de las fosas. Antes se les negaba la existencia y ahora se mantiene el mantra de que "se lo merecían". Desenterramos peor que enterramos, que ya es decir. Fíjate en el funeral de Johnny Hallyday. Yo no quiero esas exequias para mí, basta que me cremen y esparzan mis cenizas. En cambio, el entierro de Johnny Hallyday muestra el respeto del Estado por la creación, porque Francia le rindió un homenaje fastuoso. Hay culturas que no tienen ápices de envidia en su constructo como pensamiento, pero España sí.
Ha denunciado el auge del fascismo y la ultraderecha, así como el poder que ejerce el capitalismo para frenar el avance de las políticas progresistas. La prensa conservadora no ha tardado en atacarlo por declarar en una entrevista reciente que siempre votará al PSOE.
Me pueden llamar de todo, porque no hago caso. Es más, soy un tipo que siente aversión a saber no solo lo que dicen de mí, sino incluso a leer lo que he dicho. Yo lo pienso, lo siento y lo manifiesto, sin embargo luego no me recreo en ello. Cuando emites una opinión, estás expuesto a las críticas, pero me importan una mierda.
Usted no se ha hecho más conservador con el paso de los años. Morirá roquero y de izquierdas.
Yo no entiendo aquella frase atribuida a Winston Churchill: "Si a los veinte años no eres de izquierda, no tienes corazón. Si a los cuarenta años no eres de derecha, no tienes cerebro".
¿Y a los ochenta años?
Pues a mis 81 años el pensamiento marxista está más de actualidad que nunca, porque ahora no existe un proletariado, sino un precariado absoluto. Y no se ha impuesto por gracia divina, sino porque algunos tipos se lo llevan crudo mientras dejan a mucha gente desamparada.





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