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"El mundo libre quiere ya un incendio"

El grupo Triángulo de Amor Bizarro, con el mejor debut nacional de este año, publica sus maquetas.

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Cada temporada aparecen decenas de debuts discográficos, pero sólo muy de vez en cuando uno de esos grupos logra que todas las miradas se giren hacia él. Es lo que ha ocurrido con el gallego Triángulo de Amor Bizarro, que a principios de 2007 publicó una colección de diez canciones intensas, abrasivas, vigorosas. Un disco que emanaba frescura, que irradiaba energía, que descubría a una banda macarra y vulnerable a partes iguales.

“Algo nos vieron, quizás que tenemos muy claro lo que hacemos. Siempre hemos querido sonar a nosotros mismos, a lo que nos gusta”, explica Rodrigo, voz y guitarra. Su sonido no inventa nada. Se podría decir que hacen un revival del sonido indie de mediados de los 90, con claras influencias de grupos como Surfin’ Bichos, Mercromina y Los Planetas, por parte nacional, y de Jesus & Mary Chain y Primal Scream, desde el extranjero. 

Dulce estruendo

Amigos del ruido, la intensidad y la melodía, su nombre ya circulaba de boca en boca antes incluso de que publicaran su primer disco homónimo con Mushroom Pillow. La culpa la tuvo una estupenda maqueta que ahora recuperan en El hombre del siglo V, junto a algunas canciones inéditas que se quedaron fuera de su primera referencia.

“Hay mucha gente que dice que las versiones de la maqueta son mejores que las del disco, pero vamos, ni de lejos. Si hemos hecho este disco es porque así soltábamos todo lo que hemos grabado, y de esta forma con el próximo álbum no tendremos tentación de echar mano de nada del
pasado”, cuenta Rodrigo.   

Triángulo de Amor Bizarro, que antes de tomar prestado el nombre de la canción de New Order se llamaban Los Jíbaros –“un nombre que nos gusta mucho más, fue una mala idea cambiarlo”, dice Isabel, bajista y voz–, suenan violentos. Canalizan su agresividad en forma de canciones-eslogan adictivas y vibrantes.

Como ejemplos, excitantes proclamas del tipo “llevar navaja siempre es conveniente”, “el mundo libre quiere ya un incendio”, “lo malo del Gobierno es que gobierna”, “el mejor sitio para descansar es la universidad” o “portaos bien, hijos de puta, Jesús os mira desde las alturas”; todas ellas cantadas a gritos por sus fans en sus atronadores conciertos. “Es más desahogo que violencia. Habitualmente en el pop se usa un lenguaje que no es el de la calle. No queremos metáforas”, comenta el cantante Rodrigo.

Se trata de la angustia juvenil, que en el pasado descargaban los grupos en la adolescencia y ahora se ha atrasado hasta casi los treinta, la edad media del grupo. “Somos una generación engañada, la generación de la fiebre de las carreras, del empleo para progresar en la vida. Pero yo me quedé en el limbo cuando terminé Económicas. Luego dices, ¿para qué?”, confiesa Rodrigo. Quizás por eso su público roza la treintena, aunque sus canciones podrían ser un revulsivo para los que no han cumplido los veinte.

RADIOGRAFÍA BIZARRA

Una continuación del ‘indie’, cliché por cliché

1. AMATEURISMO
Rodrigo: “Cuando empezamos no nos planteamos hacer carrera. Fuimos aprendiendo a tocar a medida que montamos el grupo”.

2. ABURRIMIENTO
Isa: “Montamos el grupo porque nos aburríamos muchísimo. Decidimos que dedicaríamos nuestro tiempo libre a ensayar”.

3. ANTI-VIRTUOSISMO
Rodrigo: “Somos muy talibanes. No permitimos solos de guitarra”. 

4. SUPERVIVENCIA
Isa: “Sobrevivimos con lo mínimo. Tiramos con los ingresos del grupo. No necesitamos más”.