'Unsilence Gaza': el sonido como arma en medio de la diversión del Primavera Sound
Un túnel de 15 metros creado por un artista palestino traslada los horrores de la guerra en la Franja a los asistentes al clásico festival de música que se celebra en Barcelona.

Barcelon a--Actualizado a
Los asistentes al Primavera Sound caminan hacia el Fòrum con gafas de sol, vestidos de ropa colorida, jerséis atados a la cintura y la entrada en el móvil abierta como si fuera una brújula. La tarde cae sobre Barcelona con un calor que ya suena a verano, con la cerveza y la crema de sol como grandes protagonistas. Pero las ganas de fiesta impactan en la entrada del recinto con un túnel. Uno oscuro. Uno que no se olvida.
El túnel de Unsilence Gaza no es largo —unos 15 metros—, pero pesa como si tuviera 50. Pesa como una vida. Como una casa derrumbada. En el interior del mismo solo se puede ver un color: el negro. Al final, la salida. Y mientras lo recorres, te llenan dos minutos de sonidos tan desgarradores como reales: un niño gritando por su madre entre polvo y hormigón. Una bomba destruyendo vidas. Una sirena que no puedes esquivar. Los drones sobrevolando amenazantes las casas de la franja de Gaza. Es el eco de la guerra, de un genocidio, atravesándote los tímpanos. Y la piel. Y algo más que no sabías que podías sentir.
Las caras de la gente cambian antes y después de atravesarlo. Fuera, hay risas, gafas modernas, rostros de festival. Dentro, se genera un silencio de mentira. Algunas personas salen con la mirada perdida. Otras, directamente, no pueden entrar. Una chica con un top rosa y unas Converse blancas sale con los ojos llorosos. "No me lo esperaba así… pensaba que era más arte, no tan real", dice, mientras coge a su amigo. Él calla. Hay una especie de vergüenza colectiva, como si haber sentido ese horror durante 20 segundos fuese indecentemente poco comparado con vivirlo. Pero eso es exactamente lo que busca la experiencia: incomodar. Recordarte que el mundo arde mientras tú decides qué DJ viene después de Carolina Durante.
Creación de un artista palestino
El túnel, creado por el ingeniero de sonido palestino Oussama Rima, es una herida sonora. Se trata de una iniciativa diseñada por él e impulsada por las entidades NOVACT y Casa Nostra Casa Vostra. Forma parte de las acciones de concienciación que la Fundació Primavera Sound realiza en colaboración con asociaciones y artistas.
A la salida, hay un puesto discreto: venta de merchandising cuyos beneficios van destinados a la ONG Palestinian Medical Relief Society. Camisetas negras con tipografía blanca con el lema Unsilenced Gaza. El contraste con el resto del festival es brutal. Pasas de sentir el peso de la muerte sobre los hombros a una pista de baile donde suenan sintetizadores y donde la gente se mueve como si no hubiera mañana, recordándonos que nosotros tenemos tiempo para hacerlo, no como las 50.000 asesinadas por Netanyahu.
Más allá de las proclamas, hay un sentimiento. Una especie de desgarro dentro de la fiesta. Unsilence Gaza no cambia el festival, pero te obliga a mirarlo todo desde otro ángulo. A preguntarte cómo conviven los conciertos con la masacre, el baile con la destrucción, la cerveza de plástico con un infierno bajo asedio. Te hace pensar mientras bailas, y eso ya es mucho. Te incomoda mientras cantas, y quizá eso es el primer paso para entender.
Mientras cae la noche y el Fòrum se llena de luces, pienso en la frase que uno de los impulsores de esta acción nos comentó antes de entrar al túnel: "Aquí el sonido es un arma. Pero también es una denuncia". Y pienso que quizás, entre todo este ruido, algunas cosas por fin han empezado a escucharse.
"Oír el miedo"
Pero no todo el mundo está dispuesto a pasar por ahí. Algunas personas esquivan el túnel como si fuera una molestia. Se hacen selfies cerca, lo miran curiosas, pero no entran. Es un espejo incómodo en medio de la diversión, y no todos están dispuestos a mirarse en él. Otros, en cambio, salen con las palabras atascadas en la garganta. "No sabía que se podía oír el miedo", comenta un señor acompañado de su mujer. Se alejan rápido. Porque en este festival, el trauma colectivo se mezcla con el ocio en una misma playlist. Y eso duele, pero también despierta.
Lo que hace Unsilence Gaza es romper el relato oficial, ese que quiere convertir a Palestina en un conflicto lejano, incomprensible, inevitable. Aquí no hay explicaciones políticas ni cifras, solo el sonido del horror. Y, sin embargo, el contexto es imposible de ignorar. En plena ofensiva israelí, con miles de muertos, con hospitales arrasados y familias enteras enterradas bajo los escombros, esta instalación no es sólo arte: es resistencia. Es un altavoz para un pueblo que lleva décadas siendo silenciado y que, por fin, aunque solo sea por un instante, grita entre gente que los olvida por unas horas.
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