El verano en el que el público decidirá si el boicot a los festivales de KKR va más allá del gesto: "Hay que hacer sacrificios"
Ahora que los espectadores saben qué festivales pertenecen al fondo de inversión con intereses en los territorios ocupados palestinos, ¿comprarán igualmente los abonos y entradas?

Madrid--Actualizado a
Mientras continúa el sufrimiento de los palestinos en Gaza, Superstruct Entertainment vende los abonos para sus festivales de música en España. El año pasado, los asistentes podían alegar que desconocían que Arenal Sound, O Son do Camiño, FIB Benicàssim, Viña Rock o Resurrection Fest pertenecían a una empresa del fondo estadounidense KKR, que se ha lucrando con la ocupación israelí a través de Axel Springer, según Who Profits y otras organizaciones.
Entonces, la pregunta era si el público que había comprado las entradas iría a los conciertos —la respuesta fue sí—. Sin embargo, en esta edición cabría plantearse si las adquirirá a sabiendas de los vínculos de KKR. ¿Pesará más el entretenimiento o la solidaridad con Palestina?
"Al final a la gente le da un poco igual. Lamentablemente, vivimos en sociedades en algunos aspectos muy egoístas, donde prima el propio interés. Hay personas que tienen más sensibilidad y son solidarias, pero la mayor parte de la población está desmovilizada y en muchos aspectos es bastante banal. Eso permite que ocurran cosas que no deberían ocurrir, porque no está dispuesta a comprometerse por causas que le son bastante ajenas", explica Alberto Priego, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE). En cambio, una encuesta del Real Instituto Elcano reflejaba hace meses que el 82% de los españoles calificaba como "genocidio" la actuación de Israel en Gaza. "Es un compromiso de palabra, no real. Somos solidarios de boquilla".
El periodista Nando Cruz se muestra cauto sobre la reacción del público, pues "no se puede generalizar ni pensar que todo el mundo va a actuar de la misma manera". Sin embargo, asegura que algunos espectadores que compraron anticipadamente el abono del Viña Rock, antes de conocer el vínculo con KKR y de hacerse público el cartel, intentan recuperar su dinero porque "no quieren ser partícipes" o, como reza una petición en Change.org para el reembolso de las entradas, "no estamos dispuestos a que nuestro dinero, destinado al disfrute de la cultura y la música, acabe indirectamente participando en el financiamiento del genocidio y la masacre de civiles en Gaza".
David Martín, impulsor de la campaña, deja claro en la plataforma que "de haber conocido esta información previamente, muchos de nosotros no habríamos comprado la entrada", por lo que exige el reembolso. "Si Viña Rock elige vincularse a fondos con este tipo de intereses, los asistentes debemos tener la libertad y el derecho a desvincularnos financieramente de este evento", añade, porque "no somos cómplices". También lo han hecho muchos grupos desde que el pasado mayo El Salto desvelase las relaciones de KKR con Israel y su participación en la "promoción inmobiliaria en los territorios ocupados ilegalmente en Palestina" a través de Axel Springer. Otros han cancelado su participación tras conocerse, con retraso, el cartel de este año.
Nando Cruz —que cuatro meses antes había informado en El Diario que KKR había comprado por 1.300 millones de euros Superstruct Entertainment— señala que el Viña Rock es el festival sobre el que se ejercen más presión y boicots, al mismo tiempo que "durante décadas ha estado más comprometido con causas como la Palestina". Ayuda que los grupos de punk y rock habituales sean más reivindicativos en sus letras y actitudes. "Sin embargo, cuánto más despolitizada es la música que suena en otro tipo de festivales, más despolitizado es también su público. Por lo tanto, entiendo que le importará poco y quizás acuda a ellos sin ser consciente de que ha comprado entradas para un festival que es propiedad de un fondo inversor cuestionado por sus negocios en territorios palestinos".
¿Sirve de algo que un espectador o una banda renuncie a un festival de KKR? "La decisión de ir o tocar en un festival no se debe tomar intentando calcular si va a tener un efecto o no, sino para determinar y hacer ver a la gente que te rodea de qué lado estás. No puedes calibrar de ninguna manera los efectos que pueda tener a corto o largo plazo", añade Nando Cruz, autor del libro Macrofestivales. El agujero negro de la música (Península). "Las asociaciones que trabajan en el boicot de determinados festivales y eventos eligen sus objetivos buscando el mayor impacto. Y tú, como espectador o grupo, si crees en esta causa debes confiar en la estrategia diseñada y decidir si participas o no. Ahora bien, en la vida no hacemos todas las cosas pensando en que van a tener un resultado inmediato, sino porque nos hacen sentir mejor".
Nacho Vegas y la lucha colectiva
El músico Nacho Vegas está convencido de que las decisiones individuales "no tienen tanta importancia" como las que "forman parte de una lucha colectiva y de un movimiento colectivo y organizado —como BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), No Music For Genocide o Musikariak Palestinarekin—, cuyas acciones tuvieron mucha fuerza y más sentido y repercusión". Los gestos personales "responden un poco a cómo lidiamos con nuestras propias contradicciones, por lo que tienen importancia para uno mismo, pero no una influencia o un recorrido más allá", cree el autor del disco Vidas semipreciosas, quien recuerda que el año pasado algunos festivales batieron récords de asistencia, al tiempo que hubo espectadores que "portaban banderas de Palestina".
"Sería bonito que hubiera un éxodo masivo que quisiera replantearse las cosas. Sin embargo, cada persona es soberana y no me atrevería a criticar a nadie por ir o dejar de ir a un festival de KKR. Tampoco a los músicos o a los compañeros de escena. En ese sentido, he percibido tres posturas: la de los artistas que decidieron cancelar sus actuaciones por una cuestión de principios; la de los que decidieron tocar y no se pronunciaron al respecto, aunque personalmente pudiesen estar en contra del genocidio; y la de los que tocaron, pero que sintieron la necesidad de justificarse y emitieron comunicados larguísimos. Esa fue la actitud que más rabia me dio, porque ellos no eran lo importante, ni tampoco su manera de intentar lavar su conciencia. Tiene que haber un posicionamiento, porque la aparente neutralidad está con los genocidas", añade Nacho Vegas.
El músico asturiano cree que la responsabilidad debería recaer en los promotores de los festivales. "Tienen que ser conscientes de que, si te vendes a un fondo buitre, te pueden pasar estas cosas, por lo que luego deben ser consecuentes. La actitud del Viña Rock fue cínica, mientras que el Sónar trató de llevarlo con más dignidad", concluye Nacho Vegas, quien recuerda que los tres fundadores del Sónar se desvincularon en octubre del festival barcelonés. En la pasada edición, también cancelaron su actuación una treintena de artistas. Luis Costa, DJ y autor del ensayo Dance usted (Cuadernos Anagrama), aventura que este año también podría haber "incidencias", aunque es "una incógnita". En 2025 acudieron 7.000 asistentes más que el año anterior, cuando el aumento fue de 32.000 personas.
Jazz Rodríguez cree que "la gente pone por encima su tiempo de ocio" y que quizás le dé igual que los festivales sean propiedad de KKR. "He escuchado a muchas personas que no están dispuestas a renunciar al Sónar por la causa palestina. ¿De verdad prefieres pasártelo bien a costa del sufrimiento del pueblo palestino? Me parece mal su actitud, pero tampoco juzgo a nadie", afirma la cantante y guitarrista de la banda Mourn. Sin embargo, no entiende que los grupos se presten a tocar. "Yo renunciaría. Aunque te haga ilusión, ya saldrán otros conciertos. No es bueno tocar en un festival que, en el fondo, ha financiado un genocidio. Lo comprendo si no tienes dinero o trabajo, pero el pueblo palestino es más importante que un concierto, pese a que hay gente que, sin tocar, no llega a fin de mes. En nuestro caso, no habríamos ido, porque no vale la pena".
Guillermo Toledo y los "sacrificios personales"
El actor Guillermo Toledo fue vetado en la industria audiovisual por su activismo, aunque ahora es aplaudida su interpretación de los generales Yagüe y Miaja en la exitosa obra teatral 1936. Su postura respecto a la reacción del público es clara: "Hay que estar dispuesto a hacer sacrificios personales en el activismo y en la militancia, de lo contrario no sirve absolutamente para nada. Si no estás dispuesto a perder el dinero del abono de un festival, explícame cuál es tu posición respecto al combate contra el genocidio del pueblo palestino". En el caso de los grupos, también considera que "hay que apelar a la responsabilidad personal y seguir presionando a quienes realmente pueden parar esto, que son los gobiernos".
"Ahora bien, pedirles que se movilicen y que tomen acciones reales en contra del genocidio, mientras tú sigues participando económicamente y limpiándote el culo con la campaña BDS —que está al alcance de cualquiera, con aplicaciones que te indican cuáles son las marcas que no hay que comprar o los festivales de música a los que no hay que ir—, pues me parece un poco hipócrita. Hay que poner el cuerpo sí o sí: desde los grupos hasta los propios organizadores de los festivales, pasando, por supuesto, por el público", concluye Guillermo Toledo.
Como recordaba en esta entrevista Jesús Núñez "el boicot a KKR es más simbólico que efectivo, sin embargo los símbolos también tienen importancia". El codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria añadía que la renuncia a un festival contribuye a hacer ver a la sociedad israelí que "lo que está haciendo su Gobierno en su nombre es inaceptable".

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