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"No querría vivir en un mundo sin fe"

En plena madurez, Billy Bragg lanza nuevo disco, ‘Mr.Love & Justice'

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En su primera canción, The milkman of human kindness, ya ironizaba sobre su propio papel de cantautor pop con conciencia de clase. Cinco lustros más tarde, Billy Bragg, el bardo pop de Barking (¿o era más bien punk?), rubrica una madurez con futuro gracias al cálido Mr.Love & Justice. Un disco de plenitud junto a su actual banda, The Blokes.

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¿En qué se diferencian aquel lechero de la humanidad y este ‘Mr. Love & Justice'?

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A fallback.

Los dos son Billy Bragg, pero el lechero no tenía familia y buscaba relaciones sentimentales cortas, de usar y tirar. Mr. Love & Justice ya sabe lo que es haber pasado tiempo con alguien y ha formado una familia.

El sentido del humor de ambos es parecido.

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El humor que comparten es importante porque si pretendes hablarle a la gente de cosas serias será mejor que los entretengas. De lo contrario, desconectarán enseguida y no van a seguir escuchando.

Usted se disfrazó de abeja para dar un concierto para niños junto a Los Carradine en el pasado Primavera Sound. Eso es entretener.

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Lo pasé muy bien con Los Carradine. Creo que vestirse de insecto es bueno para el ser humano. Todo el mundo debería hacerlo al menos una vez en la vida. A mí me ha ido mejor desde entonces.

Cierto, acaba de sacar su mejor disco desde ‘Workers Playtime'...

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Gracias, eso espero. Estoy particularmente satisfecho. Creo que estoy cantando mejor últimamente y puedo por fin revelar mi pequeña parte soul, que antes era incapaz de expresar.

¿La edad le mejora la voz?

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No es que me esfuerce en ser mejor técnicamente, pero ahora me fijo en cómo canto e intento acompañar al texto en lugar de entrar en colapso con él, que es lo que hacía de joven. Antes no pensaba nunca en cómo decía lo que decía. El qué era lo único que me parecía importante.

Suena más cercano. Casi se le escucha el vaho.

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He tenido tiempo para planificar. Sabía lo que quería. Durante la primera semana grabamos sólo instrumentos acústicos, que dejan más espacio. Eso me permitía respirar. La electricidad llegó después. Algunos temas, como If you ever leave, quedaron zanjados en esas primeras tomas. 

Tras la caída de la U.R.R.S. dijo que sólo se dedicaría a cantarle al amor.

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Hay un punto en el que amor y política confluyen. Tanto en política como en las relaciones sentimentales necesitamos que nos lleguen noticias de fuera. Necesitamos perspectivas externas para contraponerlas a nuestro caso y poder ver el asunto desde otro punto distinto. No cambia tu lugar pero sí tu perspectiva. Eso es lo que me dieron a mí The Clash.

¿Cómo se lo dieron?

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Cuando tenía 16 años, los adultos que trabajaban conmigo en la fábrica exteriorizaban su racismo y su sexismo sin problemas. Yo nunca dije nada porque me sentía en minoría, fuera de lugar. La primera vez que ví a The Clash en directo dejé de sentirme en minoría. El mundo no cambió pero mi perspectiva, sí. Hay que tener claro aquello que no es posible: no podemos cambiar el mundo. Pero también hay que entender lo que sí es posible: ofrecer nuevas perspectivas. Esa fue la lección que tomé.

‘I keep faith' (mantengo la fe), canta ahora.

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No sé si querría vivir en un mundo sin fe, que dependiese únicamente de la razón. La fe es un antídoto. Y no me refiero a la fe religiosa, sino a la fe en la humanidad. En que las personas deben articular sus propios asuntos. El lenguaje del marxismo ya no sirve pero el problema que lo originó sigue allí.

Dígame algo malo acerca de Billy Bragg que haya oído por ahí.

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Lo peor: "Billy Bragg es un cantautor político". Si todo el mundo dijera esto no me escucharía nunca nadie. Para aliviarme, siempre pienso lo mismo del que dice una sandez: "Fucking torie!". Así se me pasa. Aunque el que lo diga no sea torie, da igual.

Un anuncio inglés sugiere que, como Inglaterra no se clasificó para la Eurocopa, los ingleses deberían animar a la selección española. ¿Lo hará usted?

En mi casa eso no es problema. Mi suegro era de Madrid y mi mujer apoya a la selección. Además, soy del Westham. Estoy acostumbrado a animar a un equipo subestimado.

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