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Nolan orquesta un final épico para acabar la trilogía de Batman

Hoy se estrena ‘El Caballero Oscuro. La leyenda renace' con nuevos personajes y aroma a despedida.

MARÍA JOSÉ ARIAS

Hace siete años, el director Christopher Nolan cogió al personaje creado por Bob Kane y Bill Singer en 1939 y se lo llevó a su terreno poniendo en marcha una de las sagas más exitosas sacadas del mundo del cómic. La de Nolan es una franquicia con entidad propia que ha servido para lavar la cara a un héroe maltratado por la pantalla. A las puertas del estreno de El Caballero Oscuro. La leyenda renace toca hacer balance de lo que la saga ha supuesto para el cine, no en términos económicos, sino de calidad. Porque más allá de ser una franquicia de lo más rentable en la taquilla, el Caballero Oscuro ha supuesto un antes y un después para este tipo de películas (léase de superhéroes o héroes enmascarados procedentes de las viñetas).

La trilogía de Nolan ha supuesto para la historia cinematográfica de Batman lo que en su día significaron las novelas gráficas de Frank Miller y Alan Moore para el cómic. Ellos cogieron a un personaje en sus horas más bajas y lo relanzaron a base de historias adultas, de calidad y con un profundo calado psicológico. Primero fue Miller con su Batman: The Dark Knight Returns (1986) y después (1987) Moore con Batman: The Killing Joke. De estas dos novelas y alguna más ha bebido directamente el Caballero Oscuro de Nolan, que, igual que le ocurrió al del cómic, ha tenido que luchar para resurgir de las cenizas. Esas a las que le condenaron las inclasificables adaptaciones que en los noventa hizo Joel Schumacher con Val Kilmer y George Clooney en el traje de Batman.

Antes que él, Tim Burton había hecho de las suyas con el personaje. Sin cebarse como lo hizo Schumacher, el principal problema de las películas burtonianas fue que en ellas Batman no era más que una comparsa al servicio de los villanos. Tanto el Hombre Murciélago como Bruce Wayne (Michael Keaton) eran dos personajes planos. Sabida es la atracción que Burton siente por los monstruos y los freaks, por eso no extraña en realidad que prestase más atención a personajes como el Joker, el Pingüino o Catwoman que al protagonista de todo. Con Nolan llegó el equilibrio que Warner estaba buscando para relanzar una franquicia que, en las manos adecuadas, podría recuperar la senda del éxito.

Aun así y visto con la perspectiva del tiempo, lo cierto es que el arranque de la trilogía se antoja un tanto flojo. Batman Begins fue la presentación, una tímida declaración de intenciones de lo que estaba por venir. Había que lavar la cara al personaje y romper con todo la anterior. Christian Bale era el nuevo Batman, mucho más creíble en el papel que Michael Keaton, hasta ese momento el más acertado de todos los que se pusieron el traje. Quizá el error, por llamarlo de alguna manera, de Batman Begins fue el villano elegido. Para quienes nunca habían abierto un cómic, Ra's Al Gulh era un desconocido. Personaje creado en los setenta, no tenía el tirón comercial del Joker, Catwoman y compañía.

Sin embargo, a Nolan le venía regalado para explicar quién era Batman y cómo Bruce Wayne había llegado a convertirse en él. Presentado el personaje y reinventada la saga, llegó el órdago en forma de segunda entrega. Tres años después de Batman Begins se estrenó El Caballero Oscuro. Y en ese momento fue cuando nació la leyenda de ese millonario que combate el crimen disfrazado de murciélago. Hizo (según los datos facilitados por Warner Bros.) más de un millón de dólares de taquilla a nivel mundial y, lo que es más difícil, consiguió el aplauso de la crítica y un Oscar de peso (el de Mejor Actor Secundario para Heath Ledger).

El Caballero Oscuro supuso un hito en el cine proveniente del cómic y puso el listón de la calidad muy por encima de lo que estaba. La segunda entrega de la trilogía no era un blockbuster sin más. Detrás de la espectacularidad de sus escenas y de la parafernalia de Batman había un guión con personajes muy bien trabajados y que evolucionaban al tiempo que la trama. El gran acierto de El Caballero Oscuro estuvo, sin duda, en la elección del villano. El Joker siempre fue el enemigo ideal para Batman, su némesis perfecta. Descontrolado e impredecible, Ledger caló al personaje desde la primera toma y construyó un payaso tan cruel como divertido. Nada que ver con el histrionismo de Jack Nicholson en la primera de Burton.

El Caballero Oscuro acababa con Jim Gordon (Gary Olman) explicándole a su hijo porque Batman debía huir pese a haberle salvado a él y a la ciudad. 'Porque tenemos que perseguirle. Porque es el héroe que Gotham se merece, pero no el que necesita ahora mismo; así que lo perseguiremos, porque él puede resistirlo. Porque no es un héroe, es un guardián silencioso, un protector vigilante. Un Caballero Oscuro', decía.

Ocho años después de aquella huida, Nolan y Bale retoman la acción con un Batman desaparecido y un Bruce Wayne aislado del mundo en su reconstruida mansión. Desde que cargase con las culpas de Harvey Dent/Dos Caras, el multimillonario vive encerrado en el ala oeste de su casa sin relación con el mundo exterior. La mujer a la que amaba ha muerto y Gotham ha sido limpiada de criminales gracias a la Ley Dent.

Ya nadie necesita en ninguna de sus dos versiones. O al menos eso cree, porque la llegada del misterioso Bane y la sugerente Catwoman harán que el héroe y el hombre que hay tras la máscara despierten. Ambos resurgen para poner el broche a una trilogía poderosa que cuenta con un final de traca a la altura de las circunstancias y con muchos guiños y sorpresas dedicados a quienes han visto las anteriores. Toda la película tiene sabor a despedida. La leyenda renace no supera a El Caballero Oscuro, pero se mueve en los mismos niveles y su última hora de metraje es un auténtico ejercicio de pirotecnia. La pregunta ahora es, ¿habrá vida para Batman después de Nolan?