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El nuevo Robert Capa

Se han descubierto en México tres cajas con 120 rollos de negativos de fotografías

SARA BRITO

 




Lo primero que vio Trisha Ziff de los negativos de Robert Capa encontrados en México fueron tres contactos. O más bien, las fotocopias de tres contactos. Era abril de 2007 y ya habían pasado tres meses desde la llamada que el director del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, Brian Wallis, le había hecho a su colaboradora y amiga, la comisaria inglesa -nacionalizada mexicana- Trisha Ziff.

En 1995 comenzó el rumor. El profesor Jerald R. Green, del Queens College, recibía una carta desde México en que un cineasta le contaba que había heredado de su tía -hija de Francisco Aguilar González- unas cajas con fotografías de la Guerra Civil Española. El contacto se quedó en eso, en un aire que empezaba a saber otra vez de la vuelta de un misterio.

La noticia llegó al Centro Internacional de Fotografía de Nueva York -fundado por Cornell Capa, hermano del fotógrafo-, pero por mucho que se intentó contactar con el heredero del acervo, no hubo respuesta.

Había que tomar la sartén por el mango y certificar si de veras no era sólo un rumor que los archivos perdidos de Capa podían estar en manos del heredero de un diplomático mexicano: el general Francisco Aguilar González. Esos negativos que se creían perdidos, y que el mismo biógrafo del fotógrafo húngaro, Richard Whellan, había dado por muertos, por desaparecidos, como tantas otras cosas durante la guerra.

Ahí entró la labor de la comisaria Trisha Ziff, primera persona en ver los negativos y en certificar que el legado era de Capa. Benjamin Tarver -la identidad, desvelada ayer, del heredero del general- accedió después de meses de negativas y dudas. En abril de 2007, dio a Ziff tres fotocopias, que ella mandó a Nueva York.

 



'Enseguida se vio que era Capa', cuenta Ziff en conversación desde su casa de Ciudad de México. Entre esos primeros contactos que la comisaria vio emocionada había fotos del frente de Segovia, otra de un funeral en Madrid y esa Gerda Taro dormida en pijama que ha sido una de las primeras -y más hermosas- imágenes que trascendieron desde que el domingo pasado se desveló el hallazgo.

Sin ‘Muerte de un miliciano'

 




Si bien no se sabe aún qué proporción de los 3.500 negativos es de Capa y cuál de Gerda Taro y de David Seymour, Ziff asegura que no está la serie de negativos de La muerte de un miliciano, que se esperaba pudiera desvelar si la famosa fotografía fue preparada o no.

Para la comisaria, lo verdaderamente relevante es 'lo que nos va a enseñar este archivo del trabajo de Taro y del proceso de trabajo de los tres fotógrafos de guerra'. Pero la especialista, va más allá del valor artístico. La memoria que nos trae, eso es lo importante.

'De este inmenso archivo aprenderemos algo que hemos perdido y que es vital que recordemos: esa libertad y esa implicación ideológica de estos tres reporteros de guerra, que nos entregan unas fotografías que no están pasadas por el filtro de los grandes grupos mediáticos', dice una apasionada Trisha Ziff.

La historia de las cajas podría ser ésta. A las manos del general, que servía de diplomático en Marsella entre 1939 y 1940, llegaron las cajas que el amigo de Robert Capa, Imre Weisz, habría recogido del cuarto oscuro de París donde el húngaro había tenido que abandonarlas. El acervo de Capa fue otro más de los miles de exialiados a los que México abrió las puertas.

El domingo se hizo público un terremoto. Aquellos negativos de la Guerra Civil que Robert Capa había dejado atrás en un cuarto oscuro de París en 1939 no estaban desaparecidos, como se creía. El hallazgo se produjo en México el año pasado, pero no fue hasta el domingo cuando se supo que uno de los eslabones perdidos más dolientes de la historia de la fotografía del siglo XX habían estado ocultos en este país desde 1940. Tres cajas con 127 rollos de fotografías de Robert Capa. Tres cajas llenas de memoria que ayudarán a comprender mejor al hombre que nos enseñó que la fotografía de guerra es mejor cuanto más cercana e implicada en el conflicto. La comisaria inglesa, nacionalizada en México, Trisha Ziff ha sido quien manejó el hallazgo desde México y quien llevó personalmente el archivo al Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. El archivo cuenta además con obra de Gerda Taro –fotógrafa y amante de Capa fallecida en 1937 en Brunete– y David Seymour, ‘Chim’.  Aún está por ver qué proporción de los 3.500 negativos son de Capa.