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El periodismo según Jesús Quintero: "¿Dónde están las grandes preguntas?"

El periodista fallecido este martes creó escuela con sus entrevistas, en las que siempre era capaz de sacar lo mejor del entrevistado. En su muerte toda la profesión alaba su trabajo. "Referente" y "maestro" son las palabras más repetidas.

Jesús Quintero
Jesús Quintero, en el plató donde presentaba su programa de televisión, 'El loco de la colina', en una imagen de archivo. Archivo / EUROPA PRESS

"Un periodista es un psicoanalista, un confesor", afirmó Jesús Quintero en el año 2020 cuando ya estaba retirado de la primera línea del periodismo, el oficio al que dedicó toda su vida y toda su pasión. La frase resume perfectamente la trayectoria profesional de uno de los periodistas españoles más reputados y reconocidos de los últimos 50 años.

Quintero creó escuela con sus entrevistas, en las que siempre era capaz de sacar lo mejor del entrevistado. Él preguntaba pero al mismo tiempo tejía complicidades, hasta convencer a su interlocutor de que aquello no era una entrevista, sino una confesión. En su muerte toda la profesión periodística alaba su trabajo. "Referente" y "maestro" son las palabras más repetidas.

No son pocos los que consideran que Quintero fue el mejor entrevistador del último medio siglo de periodismo en España. Con un estilo propio, reinventó y renovó el género de la entrevista. Él mismo explicó, en una famosa intervención en la Universidad de Málaga en la que se lamentaba de la degradación en la que había caído el periodismo en los últimos años, las claves de su éxito como entrevistador: "¿Dónde hay una escenografía, dónde hay atmósfera, dónde hay clima, dónde están las grandes preguntas?", se preguntaba antes de afirmar que en la televisión actual "no hay creadores" y que "el 99% del periodismo de hoy en España es basura". "Voy a escribir un libro sobre el tema que se llamará Los hijos de la gran puta", apostillaba con vehemencia en aquella ocasión.

Las entrevistas de Quintero eran envolventes, casi hipnóticas, precisamente porque tenían una escenografía y una atmósfera muy especiales que él explotaba como nadie.

Envuelto en las volutas de humo que desprendía un cigarrillo que llevaba casi siempre en la mano y con un llamativo fular siempre enroscado al cuello, Quintero hacía las preguntas que nadie había hecho antes. Siempre eran desconcertantes, imprevisibles, pero sobre todo inteligentes. A veces podían parecer impertinentes o indiscretas, como cuando le preguntó a Lola Flores si había probado las drogas alguna vez o a José María García si era honrado, pero nadie se molestaba precisamente porque esa "atmósfera" embargaba al entrevistado. Todos se abrían y confesaban con naturalidad sus pensamientos a Quintero, quien desde el otro lado de la mesa, con un punto de socarronería en los ojos, miraba profundamente a su interlocutor y le invitaba a seguir confesando incluso sin decir palabra, valiéndose sólo de esa mirada profunda y una sonrisa picarona.

Quintero demostró que el silencio también puede preguntar. Esos silencios largos y profundos fueron marca de la casa, un gesto personal e intransferible que nadie más ha podido (ni podrá) repetir. Con ellos preguntaba pero también escuchaba. "Uno de los mandamientos del periodismo es escuchar", dijo una vez.

Quintero entrevistó a toda las personas que merecían ser entrevistadas en España desde los años 70 del siglo XX hasta el final de la segunda década de este. No sólo hacía las preguntas que nadie había hecho antes (o que simplemente nadie se había atrevido a hacer), sino que siempre tenía al personaje del momento o a aquel que nunca antes había concedido una entrevista. Nadie se le resistía: por sus micrófonos pasaron políticos, artistas, escritores, actores, vedettes, asesinos, ladrones, policías, ganadores, perdedores, tahúres, toreros, timadores y toda clase de villanos, muchos de ellos de guante blanco. Lo mejor de todo es que Quintero no daba puntada sin hilo y nunca callaba lo que tenía que decir. Decía verdades a la cara de quien fuera a través de sus preguntas.

Su olfato periodístico y su talento le permitieron sacar en televisión personajes anónimos con mucha calle, mucha vida y mucho sentido común. Personajes que pasaron a la historia de la televisión por su humanidad, su gracia y su desparpajo: ahí están El Risitas, El Peíto o El Penumbra.

Quintero empezó a desarrollar su faceta de entrevistador en la radio, pero fue en la televisión donde su fórmula alcanzó su máximo esplendor. El loco de la colina, aquel programa de radio que arrancaba con la sugerente canción de Pink Floyd Shine on your crazy diamond, puso a Quintero en el mapa de los grandes comunicadores. En 1988 cruzó la frontera catódica y estrenó El perro verde en Televisión Española. Fue entonces cuando le llegó el éxito de masas y ya nunca abandonó la caja tonta, que empezó a serlo un poco menos con él dentro.

Desde entonces hizo otros 16 programas para televisión. Uno de los más recordados fue Cuerda de presos, emitido por Antena 3 entre 1995 y 1996, un talk-show en el que visitó las cárceles españolas para hablar con algunos de los criminales más sanguinarios del país. Tuvo mucha repercusión la entrevista que le hizo en su celda a Rafi Escobedo, condenado por el asesinato de los marqueses de Urquijo. "¿La cárcel te está destruyendo?", le preguntó Quintero a Escobedo. "Ya me ha destruido. Yo ya no soy nada", confesó Escobedo. Días después de la emisión de esa entrevista Rafi Escobedo se suicidó.

Este fue uno de los momentos irrepetibles que a lo largo de su carrera Quintero dejó para los anales de la televisión en España. Auténticos monumentos del zapping. Busquen en Youtube y tendrán para elegir. Nosotros dejamos alguno por aquí.

El periodista fallecido este martes creó escuela con sus entrevistas, en las que siempre era capaz de sacar lo mejor del entrevistado. En su muerte toda la profesión alaba su trabajo. "Referente" y "maestro" son las palabras más repetidas.

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