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Pinocho llama a la resistencia: "No me apetece obedecer"

Matteo Garrone recupera la verdadera esencia del ‘Pinocho’ de Carlo Collodi en una película de acción real, una fábula tenebrosa y triste, con momentos aterradores, una atmósfera sórdida y una eficaz explotación de lo grotesco que, a pesar de todo ello, alcanza una profunda belleza.

Roberto Benigni y Federico Ielapi, en una escena de la película.- WARNER
Roberto Benigni y Federico Ielapi, en una escena de la película.- WARNER

"-¡Ahorquémosle! / Dicho esto le amarró las manos a la espalda, y pasándole un nudo corredizo por la garganta, le colgaron de una gruesa rama de un gran encino (…) No tuvo fuerzas para decir más. Cerró los ojos, abrió la boca, estiró las piernas, y dando una gran sacudida, se quedó rígido e inmóvil”. La inmensa mayoría de los que han hecho en algún momento de su vida referencias a Pinocho ni se imagina que éste, el que cuelga del árbol esperando la muerte, es “il burattino di legno”, la marionera de madera que quiere ser un niño y que creó Carlo Collodi en 1882.

Ahora el cineasta Matteo Garrone lleva al cine el cuento clásico, probablemente animado por un genuino amor al texto y seguramente muy consciente de que revelar la esencia de éste –una fábula tenebrosa que duele mucho y te sume en una profundísima tristeza- no conseguirá, a pesar de todo, cambiar la imagen edulcorada y engañosa que difundió por el mundo entero Walt Disney hace ochenta años.

Momentos aterradores

Pinocho no es un relato infantil (o no solo), no es una fábula sobre la mentira, nada es entrañable ni tierno ni maravilloso y, desde luego, casi toda su emoción se concentra en momentos aterradores. Pinocho no es el mentiroso compulsivo que habita en la cabeza de medio mundo, es una criatura frágil, recién llegada a este mundo, sometida a la miseria, el hambre, la pobreza, esclavo del trabajo infantil, enfrentado al crimen y la corrupción aún en su infancia… es un niño, tal vez un poco travieso, con una curiosidad natural que le empuja a abrir puertas que esconden secretos, pero un niño. Un pequeño asombrado por el mundo, un inocente.

Con la complicidad de Roberto Benigni que ahora es Geppetto, dieciocho años después de interpretar al mismísimo Pinocho en una película que dirigió también él, la adaptación de Matteo Garrone se ve hoy como una advertencia sobre la realidad, sobre el siniestro mundo con el que se van a encontrar los niños cuando salgan a la vida y una crítica a la educación del palo y la zanahoria y a la de la letra con sangre entra. Además, este ‘Pinocho’ es una urgente llamada a la desobediencia ante lo antinatural, la injusticia, lo cruel…“No me apetece obedecer”.

“Está dando una advertencia a los niños: cómo la vida puede ser violenta y peligrosa. ¡No tomes decisiones equivocadas! Creo que esta es la lección que da Collodi. Creo que hay algo de oscuridad, es necesario que los niños crezcan, aprendan, pero al final está la luz", dijo el cineasta tras la proyección de la película en el Festival de Berlín.

El cineasta Matteo Garrone con el niño Federico Ielapi, en el rodaje.- WARNER

Un cuento sórdido, pero hermosísimo

Pareciera que Collodi en su tiempo hubiera vislumbrado la existencia en el futuro de un creador, un cineasta como Garrone que hubiera mostrado al mundo las calamidades de Pinocho rodeadas de una atmósfera sórdida y, sin embargo, hermosísima, a la exacta medida de su cuento. Testigo excepcional de mundos demasiado oscuros, autor de la impresionante ‘Gomorra’, de la macabra y perversa ‘El cuento de los cuentos’ y de la brutal ‘Dogman’, Matteo Garrone, por su parte, parece ser –una vez que has visto su película- el discípulo aventajado del escritor florentino.

No solo ha seguido –hasta donde lo permite una adaptación al cine- la letra del texto original, sino que se ha inspirado en las ilustraciones que defendió siempre Collodi, de Enrico Mazzanti y las pinturas de los Macchiaioli, con los que luchó el autor en las guerras del Risorgimento. Todo ello, más un equipo técnico en perfecta sintonía, un maquillaje extraordinario y unos intérpretes a la medida, con un niño, Federico Ielapi, que tiene la mirada inocente, inquieta y pícara de la infancia, consiguen una fábula turbia, que impacta y también emociona y que saca máximo partido explotando lo grotesco y lo barroco del texto original.

Para todos los públicos

“Walt Disney traicionó la historia de Pinocho”, afirmó Benigni en Berlín, en una entrevista con el diario Telegraph. La intención ahora de Garrone y el actor no es ahuyentar al público infantil, su empeño se centra más bien en convencer a un público adulto de que sobreproteger a los niños tal vez no sea tan buena idea. Collodi no lo dudó y, aunque no escribió pensando en los lectores más pequeños, finalmente publicó el libro por entregas en el Giornale per i Bambini.
Garrone sí vaciló al principio con la película. Por ello, decidió hacer una proyección solo para niños al terminarla. En declaraciones realizadas en Berlín, el cineasta explicó que fue llamativo el silencio que todos mantuvieron durante las más de dos horas de duración del filme y que sus reacciones al finalizar le convencieron de que había subestimado la capacidad de entendimiento de los pequeños espectadores.

Y Garrone recordó cómo en su infancia se identificó con Pinocho, aunque ahora se sienta Gepetto. “Es una historia que resuena con los niños de todo el mundo –dijo a Variety-. Contiene el deseo de libertad, de escapar de las reglas. Y también de debilidad ante las tentaciones”.