Público
Público

Premio Pepe Carvalho Claudia Piñeiro: "La clave de la novela negra es mantener el suspense y la tensión dramática"

La escritora argentina acaba de recibir el 14º Premio Pepe Carvalho de Novela Negra y ha aprovechado su visita a Barcelona para presentar su último libro 'Quién no' (Alfaguara, 2019) una colección de cuentos escrita "a lo largo de todos estos años "y que ahora ven la luz para dar a conocer Piñeiro en otra faceta, la de autora de cuentos.

Publicidad
Media: 5
Votos: 2

La escritora argentina Claudia Piñeiro. / ALEJANDRA LÓPEZ

Claudia Piñeiro (Argentina, 1960), una de las escritoras argentinas más traducidas, es una mujer con un discurso político potente, tal como demostró hace unos meses en un enérgico discurso en el Senado argentino a favor de la despenalización del aborto, a quien preocupa "y mucho" el viraje que está dando el mundo hacia la derecha más absurda, pero que también se reconoce optimista en tanto que "la vida se rige por ciclos".

Reconoce que excepto Betibú (Alfaguara, 2011), una de sus novelas que ha sido llevada al cine, como también lo ha sido Las viudas de los jueves (Premio Clarín de Novela 2005), cuando tiene que escribir un libro, no lo hace nunca con conciencia de estar escribiendo novela negra: "simplemente toma la forma de novela negra". Ha visitado Barcelona para recibir el Premio Pepe Carvalho y participar en la BCNegra.

Acaba de recibir el Premio Pepe Carvalho de Novela Negra, ¿como ve el estado del género?

 La novela negra interesa y entretiene a la gente, es un género popular, en el sentido más amplio de la palabra, y siempre ha tenido éxito, pero sí es cierto que en estos momentos vivimos un momento de reivindicación. El negro, además, es un concepto literario muy amplio que comprende desde las novelas de enigma tradicionales hasta las novelas de Chandler, Simenon o Hammet, las de Benjamin Black o las de Lemaitre. Dentro de la novela negra hay de todo.

¿Es fácil escribir novela negra?

Como todos los géneros, se hace buena novela negra y mala novela negra, pero sí que es un género en el que si hay una buena trama y unos buenos personajes puede salir algo con cara y ojos. Fíjate que en las plataformas digitales, la mayoría de contenidos que incluyen tramas criminales tienen mucho éxito. Las historias que explican la violencia en diferentes partes del mundo gustan al público y no es demasiado difícil encontrar una historia que se sostenga.

"La base del suspense es el pasado que vuelve, no el crimen", aseguraba hace unos años en una entrevista. ¿Qué debe tener una buena novela negra?

Aunque el género ha expandido sus límites y es complicado hablar de algo en concreto, pienso que es clave dosificar el suspense: el escritor debe saber qué información dar y cuál no y trabajar en base a ello. Una buena novela negra debe mantener la tensión dramática y hacer un tratamiento exquisito de los personajes. De hecho, a mí, lo que más me interesa de las novelas son los personajes, entenderlos.

Usted ha asistido a muchos talleres literarios, un tema sobre el que hay mucho debate. En Estados Unidos son muy populares, pero hay un sector que dice que no sirven para nada

Los escritores no podemos vivir de los libros que publicamos y en Argentina hay grandes escritores y escritoras que se han pasado la vida enseñando a escribir. Muchos de ellos, además de ser excelentes escritores, son excelentes profesores, como Sacomano o Abelardo Castillo, por poner dos ejemplos. Con los grandes escritores aprendes mucho, pero también es cierto que hay una serie de talleres literarios que están destinados a que la gente vaya a pasar el rato.

En Estados Unidos, grandes escritores y escritoras han salido de másters de escritura creativa

"¿Qué hacen los grandes maestros? Indicar las lecturas más apropiadas para el escritor asistente al taller. Al fin y al cabo, sólo se aprende a escribir leyendo"

En Argentina no hay este tipo de estudios, todo está más enfocado a la crítica literaria. No creo que ningún taller pueda formar a ningún escritor que no llegue con una base sólida. Además, esta base se ha de ir puliendo con lecturas. ¿Qué hacen los grandes maestros? Indicar las lecturas más apropiadas para el escritor asistente al taller. Al fin y al cabo, sólo se aprende a escribir leyendo. Yo escribí Las viudas de los jueves cuando estaba en el taller de Guillermo Sacomano, quien en un momento determinado me recomendó la lectura de El tiempo perdido de Proust. Y acertó.

Acaba de publicar un libro de cuentos, el primero. ¿De dónde salen? Algunos podrían ser el inicio de novelas

Estos cuentos los empecé a escribir hace un tiempo, cuando iba a talleres literarios, donde me pedían textos breves para leer en clase. Hace muchos años que escribo cuentos pero mi cabeza siempre trabaja en modo novela: he tenido que hacer un esfuerzo para reducir la idea a una anécdota que pueda tomar la forma de cuento. Es posible que sí, que si hubiera dejado mi cabeza trabajando, de algunos de estos cuentos salieran novelas.

Es interesante la capacidad que tiene, en pocas páginas, de crear personajes con una personalidad muy marcada que son rápidamente identificables para lector. En pocos párrafos consigue que el lector empatice con ellos

Siempre pongo mis personajes ante un abismo; no me interesa su descripción física o psicológica, sino qué decisiones toman ellos cuando se encuentran en una situación límite. A partir de estas decisiones que ellos toman, que el lector cree un vínculo.

¿No le da pudor maltratar así sus criaturas? En 'Elena sabe' (Alfaguara 2007), su novela más devastadora, pone a una madre y a una hija en una situación tan límite que da angustia incluso seguir leyendo hasta el final

"En Argentina, hubo un momento en el que había un rechazo a que la literatura fuera transmisora ​​de emociones: la literatura debía ser algo distanciado, con aires intelectuales"

Hay que confiar en el lector y pensar que es capaz de soportarlo todo. Yo he escrito mucha dramaturgia y con colegas actores lo hemos hablado muchísimas veces: la gente quiere salir del teatro y cenar. Se quiere que la gente ría y que salga tranquila de un teatro, de una novela; pero en mi opinión, ésta no es la función del teatro, el cine o la literatura. En Argentina, hubo un momento en el que había un rechazo a que la literatura fuera transmisora de emociones: la literatura debía ser algo distanciado, con aires intelectuales. Mucha gente opina que Elena sabe es mi mejor novela, mucha de otra me dice que no la han podido terminar de leer.

¿Por qué tanto dolor en 'Elena sabe'? 

Quería retratar no sólo el dolor psíquico sino también el físico, el dolor del cuerpo enfermo de una mujer que sufre Parkinson. Mi madre estuvo enferma de Parkinson y me di cuenta que la gente por la calle no la miraba. Esto lo ilustra perfectamente Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas. Primero habla del cáncer y luego hace un retrato del sida. Sontag dice que las personas sanas tendemos a apartarle la mirada a la persona enferma: no queremos mirar a las personas enfermas porque pensamos que las incomodaremos. En Elena sabe quería obligar al lector a mirar en un primerísimo primer plano un cuerpo enfermo y que fuera el lector que decidiera si quería transitar este cuerpo o no.

Es una crítica brutal al individualismo y a la sociedad en la que vivimos. Cuerpos desvalidos, el abandono de la administración, las cargas familiares...

Esta era la intención. La novela debía titularse Los cuerpos de los otros, pero en ese momento se estrenó una película alemana con un título similar y lo cambié. Quería retratar el cuerpo de una mujer enferma apropiado para un sistema de salud, la Iglesia, los médicos. Me interesaba explicar cómo hay personas que tienen derechos sobre los cuerpos de los demás. También quería retratar como hay cuerpos enfermos que se aferran a la vida, como hacía mi madre. Ante el drama que esconden algunas enfermedades, también hay una mirada de supervivencia.

Los cuerpos apropiados... Usted es argentina y durante el debate del aborto hizo una intervención muy enérgica en el Senado argentino a favor de su despenalización

"Estamos en un contexto de reaparición de un discurso político y retrógrado. En el caso de Latinoamérica está relacionado con el adelanto de algunas iglesias que han ocupado el lugar del estado"

Las leyes se aprueban a través de procesos. El proceso de aprobación de la ley del aborto en casi todos los países ha sido rechazado en un primer momento. En Uruguay, un país que nosotros desde Latinoamérica, miramos como un modelo a seguir, el proyecto de despenalización del aborto también fue rechazado en varias ocasiones, también en Irlanda. Nosotros nos entusiasmamos, pero tenemos que seguir trabajando en esta línea. Es cierto que el contexto no nos favorece, debido a la reaparición de un discurso político retrógrado y violento por parte de la derecha, que pone en cuestión los derechos de diferentes colectivos: de las mujeres, la comunidad LGTBI o las comunidades indígenas. Es un escenario alarmante, no sólo en Latinoamérica, sino en todo el mundo. En el caso de Latinoamérica se dan unas condiciones particulares relacionadas con el adelanto de algunas iglesias que han ocupado el lugar del estado. Por ejemplo, el estado deja de asistir a la gente con pocos ingresos y dejan la tarea en manos de la Iglesia evangélica o católica, se retira de la educación y da subvenciones a las escuelas religiosas y así con todo. Además, determinados estamentos no están siendo responsables con sus discursos políticos y públicos; y eso es muy peligroso. Mira lo que pasó en Ruanda. El avance del discurso del odio me preocupa, aunque sé que es un ciclo y que la historia da muchas vueltas. Hasta hace poco había una serie de derechos que habían sido consensuados por casi todo el mundo y ahora se empiezan a cuestionar. ¿Qué ha pasado? Tenemos que buscar el origen en la falta de educación. En el caso de Argentina, la educación se ha degradado muchísimo.