El saqueo del Partenón: así acabaron en el Museo Británico los frisos que reclama Grecia
El expolio llevado a cabo por el Reino Unido provocó daños en el templo de la Acrópolis de Atenas y abrió una disputa legal sobre la devolución de los mármoles que sigue sin resolverse.

Madrid--Actualizado a
En 1801, Thomas Bruce llevó a cabo uno de los grandes saqueos de arte antiguo de la historia: los mármoles del Partenón. Atenas estaba bajo control otomano y el séptimo conde de Elgin aprovechó su condición de embajador británico para extraer la mitad de las esculturas del templo de la Acrópolis: unos 75 metros de friso, 15 metopas y 17 figuras de sus frontones lucen hoy en el Museo Británico.
En realidad, su intención era decorar su mansión escocesa de Broomhall, pero debido a sus problemas financieros optó por convertir su casa londinense en un museo privado para exhibir los mármoles y hacer caja. El proyecto tampoco se materializó y, arruinado, pensó en venderlos al Gobierno del Reino Unido, aunque por el camino desaparecieron algunas piezas que habían sido almacenadas sin cuidado en el patio trasero de una vivienda.
Antes de encontrar una solución para afrontar sus deudas, el aristócrata escocés se había revelado como un tipo ambicioso, hasta el punto de que intentó llevarse, piedra a piedra, el templo de Erecteón. Cuando vio que no era posible, se conformó con una cariátide, aunque sus hombres se hicieron con antigüedades por toda Grecia. ¿Cómo fue posible cometer un expolio semejante? El Gobierno y el Museo Británico argumentan hoy que Elgin tenía un firmán (decreto del sultán) que autorizaba la extracción de los mármoles del Partenón.
Katia Fach Gómez y Catharine Titi ponen en duda la legalidad de sus actos en el libro Arte secuestrado (Península), donde abordan el abuso de poder de los países colonialistas con la excusa de conservar en sus museos el patrimonio de la humanidad, de los bronces de Benín al busto de Nefertiti. "Nunca apareció el supuesto firmán de Elgin, lo que desde el punto de vista de la legitimidad legal histórica plantea serias dudas", deja claro Katia Fach, experta en litigación internacional, arbitraje, mediación y derecho del patrimonio cultural.
Habría, eso sí, una carta del gran visir en funciones —no del sultán— dirigida a los funcionarios otomanos en Atenas, que fue traducida al italiano, por lo que no lleva sello ni firma. También se especula con que no se trataría de una traducción sino de un modelo, ya que faltan por cubrir los nombres, que sí aparecen rellenados en una traducción al inglés. Sea como fuere, ¿a qué autorizaba ese texto? Pues a hacer calcos, tomar medidas y buscar piedras con inscripciones entre los escombros, pero no a desmontar el Partenón.

Sin embargo, la traducción del italiano al inglés modifica el significado de "qualche", de modo que da a entender que los hombres de Elgin podían acaparar "cualquier" trozo de piedra con inscripciones y figuras, cuando solo se refiere a "algunos" o a "unos pocos". Años después, la Sublime Puerta —el Gobierno del Imperio otomano— negó que el embajador tuviera derecho a apropiarse de los mármoles. Katia Fach recuerda que el expolio, además, se cometió en un territorio ocupado por una potencia extranjera.
"En un debate parlamentario sobre la compra, algunos políticos británicos se opusieron claramente, cuestionando la falta de transparencia en la extracción de las piezas. Es decir, ya en la época hubo voces, aisladas pero firmes, que pusieron en duda el traslado de los mármoles de Grecia al Reino Unido. Por ello creemos que no fue completamente legal, lo que justificaría que la restitución esté hoy sobre la mesa en las negociaciones entre ambos países", explica la profesora de derecho internacional privado en la Universidad de Zaragoza.
Sin embargo, la Ley del Museo Británico de 1963 impide la devolución a Grecia, excepto que el Gobierno aprobase una nueva norma que lo permita. "Además de ser muy antigua, parte de la sociedad británica desearía una actualización del marco legislativo que apoyase la devolución de los mármoles", explica Katia Fach, quien considera que "no tiene sentido que un monumento concebido como una unidad esté disgregado, pese a que el Museo Británico defienda que el reparto en dos enclaves facilita su acceso".
Daños en el Partenón
Para facilitar el transporte, los hombres de Elgin serraron los bloques del friso, retiraron una cornisa y rompieron el entablamento que sujetaba metopas, lo que debilitó la estructura y provocó derrumbes. Tras su traslado a Inglaterra, en 1816 el Parlamento británico aprobó la compra de las piezas, que Grecia reclama para exponerlas en el Museo de la Acrópolis, con una galería que se alinea visualmente con el Partenón, al tiempo que cuestiona que el Museo Británico, donde se eliminó su pátina policromada, sea el mejor lugar para preservarlas.
"Los mármoles han sufrido diversos incidentes a lo largo del tiempo, lo que plantea dudas sobre su seguridad y demuestra que estar en un museo del llamado primer mundo no garantiza una protección absoluta. Durante mucho tiempo se ha usado el argumento de que devolver piezas a países menos desarrollados implica un riesgo para su conservación, pero pierde fuerza en el caso del Museo de la Acrópolis, diseñado específicamente para albergar los mármoles en unas condiciones técnicas óptimas", razona Katia Fach.
Tanto ella como Catharine Titi sostienen en el libro Arte secuestrado que la devolución a Grecia debería llevarse a cabo por la debilidad del fundamento legal de la extracción, por el daño causado al Partenón durante el desmontaje de los mármoles y por el principio de unidad, reforzado por la infraestructura adecuada con la que cuenta Atenas. Además, su vuelta a casa "sería una señal poderosa de que el movimiento hacia la restitución del patrimonio cultural no solo continúa, sino que va en aumento", asegura Katia Fach.
"No son simples objetos, sino símbolos de culturas que han sufrido conflictos y traumas históricos", añade la profesora de derecho internacional privado, consciente de que el Museo Británico "teme sentar precedentes y abrir la puerta a una avalancha de reclamaciones, un planteamiento hipotético y exagerado". Por ahora, explica, las negociaciones entre Reino Unido y Grecia son muy discretas y las filtraciones apuntan a un préstamo temporal o a un intercambio cultural, no a una restitución permanente.
Catharine Titi, nacida en Tesalónica, se muestra muy optimista. "Cree que los mármoles se devolverán y que lo único que queda por determinar es cuándo. Sin embargo, también considera que aceptar un préstamo temporal podría sentar un precedente negativo y dificultar una restitución definitiva, que es la única solución plenamente satisfactoria desde la perspectiva griega", apunta la especialista en litigación internacional, quien recuerda algunos precedentes de restituciones exitosas.
"Por un lado, destacan los bronces de Benín, piezas africanas que están siendo devueltas por museos franceses y alemanes. Un ejemplo muy positivo de cooperación internacional y de buena voluntad, tanto institucional como privada. Por otro, los Países Bajos han adoptado una política y una legislación muy innovadoras en materia de restitución, tras reflexionar críticamente sobre su pasado colonial. Han decidido devolver de forma incondicional las piezas cuya adquisición consideran injusta y ya han restituido numerosas obras a Indonesia", concluye Katia Fach.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.