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Series HBO 'Los Gemstone', una comedia sobre televangelistas con tendencia al ridículo

HBO estrena este lunes la historia de una familia de predicadores evangelistas que son puro espectáculo antes sus fieles y ridículos en su vida ordinaria.

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Media: 4
Votos: 3

Foto de 'Los Gemstone' / HBO

Una familia de predicadores evangelistas insultantemente rica y exhibicionista con sus posesiones que hace gala constantemente de su habilidad para predicar más con la palabra que con sus actos. Ellos son Los Gemstone. Su vida de puertas para fuera nada tiene que ver con la de puertas para dentro. De cara a la galería (casi) todo son buenas formas y sermones electrizantes que arrancan aplausos en su entregado público. En la intimidad, dardos envenenados que vuelan de un lado a otro de la mesa. La serie se centra en la ostentación y en lo ridículos y patéticos que son la mayoría de sus personajes. Una producción que no deja de ser una comedia (con situaciones realmente dramáticas) que huye de adentrarse en el terreno farragoso que sería el de cuestionar el credo y las formas de la religión que predican. Hay cierto atisbo de enjuiciamiento al machismo del negocio, pero se pasa de puntillas sobre él y se da por cumplido con algún que otro comentario mordaz sin más. 

The Righteous Gemstones supone el tercer trabajo de Danny McBride para HBO tras Vice Principals y De culo y cuesta abajo y, visto un tercio del montante de su primera temporada (compuesta de nueve episodios), el resultado es divertido solo a ratos y algo difícil de digerir en ocasiones. El primer capítulo, de una hora de duración, se recrea en toda esa parafernalia de lujos de la que hacen gala sus protagonistas, con sus jets privados, sus mansiones, su bautismo en China de 5.000 personas en una piscina de olas descontrolada… Todo es una broma aquí. Ellos mismos lo son, aunque no sean conscientes de ello porque viven en su propia burbuja. A partir de ahí y con ese giro que pone sobre la mesa un chantaje que servirá de hilo conductor para toda la temporada, el resto de entregas se mueven en torno a los 30/40 minutos. 

Los componentes principales de esta familia de televangelistas son el patriarca, Eli Gemstone (John Goodman), y sus tres hijos. El mayor, Jesse, está interpretado por el propio McBride como un tipo seguro de sí mismo, de andares chulescos y maneras de ordena y mando como quien se considera el digno y único sucesor del negocio familiar. Ese en el que su hermana Judy (Edi Patterson), la mediana, no pinta casi nada por el simple hecho de ser mujer. Luego está el pequeño del clan, Kelvin (Adam Devine), cuya queja constante es que no le toman en serio y que mantiene una relación un tanto ambigua con un exsatánico con el 666 tatuado en el pecho llamado Keefe (Tony Cavalero). 

Los tres hermanos se ven envueltos al final del primer episodio en una trama de violencia y sabotaje después de que unos enmascarados amenacen al mayor con publicar un vídeo en el que se le ve dar rienda suelta a esos vicios que intenta ocultar. De salir a la luz arruinaría su vida y puede que la de su familia. Así que Jesse, Judy y Kelvin acuden al encuentro acordado con los chantajistas con un millón de dólares en bolsas de deporte y toda esa superioridad de la que alardean a sus espaldas. ¿Qué puede salir mal? Todo, por supuesto. Porque aquí la comedia se basa mucho en la torpeza y patetismo de los personajes, en sus excentricidades y en diálogos escritos para provocar la risa del grotesco y el absurdo.  

Lo mejor de Los Gemstone es Goodman, contenido la mayor parte del tiempo interpretando a un padre viudo que no sabe cómo sobrellevar la muerte de su esposa, verdadero pilar de la familia, y que tiene que cargar con tres hijos y varios nietos que podrían arruinarlo todo en cualquier momento. A ella, a Aimee-Leigh (Jennifer Nettles), se la ve en numerosos flashback que sirven para que Goodman de rienda suelta a su interpretación más genuina y salga del papel ‘más serio’ que se le reserva en el tiempo presente. Salvo en las ocasiones en las que se deja llevar por la complicada relación que mantiene con su díscolo cuñado, que hace que todo mejore cuando entra en escena y forma un gran tándem con el patriarca. Baby Billy Freeman, interpretado por un Walton Goggins con dentadura de anuncio de dentífrico y pelo canoso peinado como una estrella del rock, es el otro punto fuerte de The Righteous Gemstones.  

Si este nuevo estreno de HBO funciona como comedia o no es algo que en realidad deben jugar quienes la ven, uno por uno. Porque el humor, como suele decirse, va por barrios y la risa no es universal. Lo que a uno le puede parecer lo más divertido del mundo a otro puede horrorizarle. No existe una fórmula mágica y universal para hacer reír. Lo que se le puede aplaudir a la serie de McBride es lo mismo que se le puede echar en cara, que sus personajes sean tan caricaturescos y no se profundice más en ellos. Eso y, como ya se ha dicho, que no haya aprovechado para ahondar un poco en el tema religioso.  

Material, dado el tipo de negocio elegido por actor y guionista, hay más que de sobra. Hace solo unos meses, por ejemplo, en la BBC publicaban un extenso reportaje en el que se desmenuzaba cómo, especialmente en las décadas de los ochenta y noventa pero también en la actualidad, los telepredicadores han amasado inmensas fortunas a costa de sus fieles. Pero este no era el tipo de serie que buscaba su creador, ni siquiera como crítica de fondo. Quizá habría bastado con adentrarse mínimamente en la fe de sus personajes, que, por lo menos en los primeros compases, no queda claro que exista. Se desconoce si son creyentes convencidos o simplemente es lo que venden a sus fieles como el diseñador que vende ropa que no se pone.