¿Vino o cerveza? Dos series embriagadoras entre barriles, viñedos y herencias
Estas son las dos interesantes series sobre dinastías, ambición, secretos y herencias que triunfan en Netflix y Apple TV: 'La casa Guinness' y 'Las gotas de Dios'.

Madrid-
Una serie corta, entretenida e ideal para ver en un fin de semana: ¿copa de vino o pinta de cerveza?
Concretamente, negra, de cuerpo oscuro y espuma cremosa. Si le va el sabor tostado, con ecos de café y cacao amargo, no cabe duda de que debería atreverse con La casa Guinness (Netflix). La descripción gustativa es un guiño irónico a la segunda opción, de la que hablaremos más abajo.
Ahora toca La casa Guinness, ocho episodios de menos de una hora que describen la batalla sucesoria que se desata en la familia cervecera tras la muerte del patriarca. No del fundador, sino de su nieto Benjamin, padre de Arthur y Edward Guinness, responsables de la expansión internacional de la cerveza irlandesa.
Aunque la producción es británica y fue rodada en localizaciones del Reino Unido, la acción transcurre en el Dublín de 1868. Inevitablemente, la estética nos remite a Peaky Blinders, uno de los ganchos de la serie, pues ambas comparten creador, Steven Knight.
Sin embargo, la comparación es odiosa, ya que la magnífica serie de la BBC ambientada en Birmingham puso el listón muy alto. Comparten lo canallesco, la lucha de clases, los bajos fondos, el ambiente fabril e insano, la sordidez y hasta elementos políticos, como la causa de la independencia irlandesa.
Ahora bien, la lucha de la familia Shelby por llegar de abajo arriba resulta más atractiva, aunque los salones de La casa Guinness emparentan con Downton Abbey y, salvando las distancias, sus intrigas fraternales son dignas de una Succession victoriana.
Hay amores ocultos y amores proscritos —mejor evitar los detalles para no destripar el argumento—. El vividor Arthur (Anthony Boyle) y el negociante Edward (Louis Partridge) son los encargados de dirigir la familia, donde llevan las de perder su hermana Anne (Emily Fairn), apartada de la fábrica y encomendada a las obras sociales, y su hermano Benjamin (Fionn O’Shea), anulado por la botella.
En cambio, no hay un personaje tan fascinante como Tom Shelby —ni un actor como Cillian Murphy—, por no mencionar su sobresaliente cohorte de secundarios.
Si acaso, Sean Rafferty, un capataz sin escrúpulos que le hace el trabajo sucio a los Guinness interpretado por James Norton, cuyas "feromonas chisporrotean positivamente fuera de la pantalla", como escribe un generoso Jack Seale en The Guardian, donde califica la serie como "un divertimento al que es difícil resistirse" y como la "cúspide" de la carrera de Steven Knight.
Curiosamente, La casa Guinness emparenta con otra interesante serie no solo a través del alcohol, sino de las herencias, un drama en todas las familias, poco importa su condición. La alternativa a la cerveza negra puede ser cualquiera de los vinos de nombre impronunciable que van de la copa a la boca —y de esta, a la escupidera— en Las gotas de Dios (Apple TV).
Una producción franco-japonesa protagonizada por Camille (Fleur Geffrier) e Issei (Tomohisa Yamashita), hija alejada y alumno aventajado del reputado enólogo Alexandre Léger (Stanley Weber), quien antes de fallecer organiza una competición entre ellos para decidir quién heredará su fortuna y su gran bodega.
No conviene profundizar en el tema de la herencia para no destripar la serie, que acaba de estrenar su segunda temporada, donde los protagonistas se enfrentan a un nuevo reto y en la que el actor español Pedro Casablanc borda el personaje de un bodeguero gaditano. Ahora bien, la forma en la que Alexandre, autor de la prestigiosa Guía Léger, cede su legado evidencia una mente retorcida.
Aunque el espectador no se haya vuelto bobo con esto de los vinos —incluso si es abstemio—, la serie puede enganchar porque resulta original, si bien está basada en un manga de Tadashi Agi ilustrado por Shu Okimoto. Tiene un punto culebroncete, pero más allá de los blancos, los tintos y los espumosos hay una reflexión sobre la tradición, la familia, la paternidad, la maternidad y el trauma, que afecta a unos hijos que luego serán padres.
Creada por Quoc Dang Tran y dirigida por Oded Ruskin, Las gotas de Dios también puede verse de un tirón de viernes a domingo o a sorbos durante el resto de la semana: ocho episodios de menos de una hora por temporada. Los usuarios de Filmaffinity le han otorgado un meritorio 7,2, apenas cinco décimas por encima del 6,7 concedido a La casa Guinness.
Pueden imaginarse el tono de la crítica especializada: "Una experiencia multisensorial realmente única", "un auténtico festín para los sentidos", etcétera. Caten la primera temporada y luego ya ven por qué serie se decantan.

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