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Sherlock, Castle, Patrick Jane o Félix Einstein: ¿Qué hay que tener para ser consultor policial en una serie?

Una habilidad especial, problemas de conducta y buena presencia son básicos a la hora de convertirse en agente sin placa en una serie de televisión. Le pasa al protagonista de ‘Einstein’, la nueva serie de AXN, y a muchos de sus compañeros de profesión televisiva.

La televisión está repleta de personajes con diferentes habilidades que ayudan a la Policía.

El biznieto del mismísimo Albert Einstein aterriza este miércoles en AXN (a partir de las 22:15 horas). Se llama Félix (Tom Beck), tiene un coeficiente por encima de la media, una cátedra propia, un imán para el sexo opuesto, ve el mundo en fórmulas, una enfermedad terminal y serios problemas con la autoridad. Y claro, con un perfil así, no es de extrañar que rápido se convierta en el aliado forzoso del cuerpo de policía.

Porque este descendiente de Einstein no es el primero, ni será el último, civil al que los guionistas han convertido en la mejor baza de la ley para resolver los casos más complicados. El mundo de la ficción televisiva está plagado de ejemplos que se ajustan a un arquetipo establecido que, en ocasiones, incluye un componente fantástico o de ciencia ficción.

De hecho, casi podría decirse que del catálogo de ayudantes del cuerpo sin placa, el de Einstein es uno de los casos más ‘normales’. Después de todo, su principal baza para que le fichen es una inteligencia por encima de la media. Como le ocurre a Sherlock –siempre robándole el mérito y eclipsando al pobre Lestrade– o al desquiciado Walter Bishop, que aún sin una parte de su cerebro es más inteligente que nadie. Eso por no hablar de la siempre resolutiva doctora Brennan de Bones. Porque para que la policía decida recurrir a un personaje fuera del departamento como asesor en casos complicados este ha de cumplir un requisito básico. A saber, tener una habilidad especial fuera de lo común.

La inteligencia o la capacidad deductiva puntúan alto, pero se lleva más lo de los poderes, por decirlo así. El abanico de posibilidades es infinito, mentalistas (El mentalista), diablos capaces de sacar la verdad a los sospechosos simplemente preguntando (Lucifer), zombis que se apropian de los recuerdos del dueño del cerebro que se acaban de comer (iZombie), enfermeros capaces de leer la mente (The Listener) o consumidores de una potente droga que aumenta su capacidad física e intelectual hasta niveles sobrehumanos (Sin límites). Y eso sin contar con superhéroes como The Flash o Supergirl, que ponen sus poderes al servicio del orden y el bien común y trabajan codo con codo con la policía o con una agencia gubernamental especial. Claro, que Barry ya era miembro del cuerpo antes, aunque como forense, no como agente.

Luego existe una versión mucho menos relacionada con la ciencia ficción, la fantasía o la superinteligencia que tiene que ver más con la habilidad del personaje para esquivar las trabas legales por razón de su profesión. En estos casos lo mismo sirven curas (Don Matteo, Granchester) que periodistas (El caso) o escritores (Se ha escrito un crimen), por ejemplo. En el plano más esotérico se sitúa el Ichabod Crane de Sleepy Hollow resucitado varios siglos después de su muerte. O ese hombre lobo que ayuda a un descendiente de los Grimm que se gana la vida como policía y que de pronto se encuentra con personajes sacados de cuentos infantiles sembrando el caos.

Comprobada la habilidad especial, llega la hora de hacer el oportuno fichaje. Algunos, como los protagonista de The Listener, El Mentalista, Lucifer y Castle (cuya habilidad es la de tener don de gentes y, como escritor, un sexto sentido para elucubrar hipótesis) lo hacen casi de motu proprio. Porque ellos son así, les gusta hacer el bien y compartir su talento. O, simplemente, porque disfrutan presumiendo de ser más listos que la policía como Sherlock.

Sin embargo, muchos de ellos, la mayoría casi podría decirse, se convierten en ayudantes del agente de turno obligados por sus problemas con la ley. Le pasa a Félix, el protagonista de la serie alemana que ahora estrena AXN. Le han cazado robando medicamentos y para evitar la cárcel, es reincidente, acepta echar un cable al departamento. Y, como él, se ve casi en la misma tesitura Peter Bishop, al que obligan a ejercer de niñera de su desquiciado padre para ayudar a la agente Oliva Dunham con caso muy, pero que muy raros. Que luego le coja el gusto al trabajo no quita que le obligasen a ello. Brian Finch (Sin límites) se convierte en consultor policial también después de un embrollo legal.

En el extremo opuesto está Liv (iZombie) que se dedica a la consultoría policial precisamente para evitar problemas con la ley. Necesita comer cerebros para sobrevivir y no convertirse en el típico zombi incapaz de articular palabras y en permanente estado de descomposición. Así que reinventarse como forense es el trabajo perfecto. Sesos frescos a cualquier hora, sin necesidad de convertirse en una asesina en serie y, ya que está, decide sacarle provecho a sus visiones echando un cable al paria de Babineaux. Eso sí, el detalle de su dieta rica en proteínas se lo ahorra haciéndole creer que es vidente.

La presencia lo es (casi) todo

Habilidad especial. Hecho. Problemas de conducta. Conseguido. ¿Cuál es el siguiente atributo? Buena presencia. Hay otros requisitos, vendrán después, que pueden ser opcionales, pero este, junto con los dos anteriores, son indispensables. Basta echar un vistazo a las series mencionadas hasta el momento en este reportaje para comprobarlo. Tom Beck (Einstein), Tom Ellis (Lucifer), Joshua Jackson (Fringe), Rose McIver (iZombie), Craig Anthony Olejnik (The Listener), Benedict Cumberbatch (Sherlock), Jake McDorman (Sin límites), Simon Baker (El mentalista), Verónica Sánchez (El caso), Emily Deschanel (Bones), Grant Gustin (The Flash), Melissa Benoist (Supergirl)… y así la lista podría seguir y seguir.

Algunos combinan buena presencia con encanto y en otros, gustos a parte, tiran más de lo segundo como puede ser el caso de, por ejemplo, Nathan Fillion (Castle). En realidad, la mayoría, salvo casos como el de Sherlock, aúnan ambas cualidades en la misma persona. Por cierto, de esta lista se infiere también que en gran parte de casos, el consultor suele ser él y la agente, ella. Eso y que, en ocasiones, llevar una doble vida es algo intrínseco a la habilidad. Porque no se puede ir por ahí diciendo que se es capaz de leer la mente, que se comen cerebros o que se viaja entre mundos paralelos por mucho que Lucifer pregone a los cuatro vientos que es el señor del Inframundo.