Una sonrisa en plena decadencia: László Krasznahorkai, el Nobel que no quería ser escritor
El escritor húngaro, dueño de una mirada que se aproxima al terror apocalíptico y la sordidez de lo cotidiano, nos ofrece con su literatura un panorámica que sublima lo grotesco.

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Bella y grotesca. Así ha quedado –grosso modo– enmarcada la literatura del húngaro László Krasznahorkai, flamante ganador del Nobel de Literatura 2025, por los voceros y adalides –algunos improvisados– de la cultura. Bello y grotesco ha sido verles pronunciar –no sin dificultades– un apellido de cierta exigencia fonológica que ha provocado leves atragantamientos e incluso episodios de atoramiento labiodental.
"László Krasznahorkai es un gran escritor épico en la tradición centroeuropea que se extiende desde Franz Kafka hasta Thomas Bernhard, y que se caracteriza por el absurdo y el exceso grotesco", ha detallado, flemática, la Academia Sueca en su comunicado. "Sólo quería escribir un libro, no quería ser escritor, lo que no quería era ser nadie", ha reconocido el galardonado ante los medios poco después.
Nombrar para existir. Escribir no para ser escritor sino para tener una voz. De eso va lo de Krasznahorkai, de supervivencia, de robarle unas migajas a ese vacío absurdo que es el paso del tiempo, a esa deriva ciega que llamamos vida y por la que el autor hace desfilar a sus personajes como si de un reto abrumador se tratara, sellados por el desencanto y la melancolía.
También va de un compromiso innegociable. El del autor con su obra, porque, como dijo en su día Leonardo Cohen, "si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro los límites estrictos de la dignidad y la belleza". Un camino que Krasznahorkai emprende de la mano de personajes desolados provistos de una locura dulcemente cómica.
Cuando lo real se torna desquiciante, cuando lo que acontece abraza la distopía, la ficción es, también, augurio y síntoma. Lo fue Kafka con su angustia existencia y su burocracia opresiva. Y lo es, a su modo también, Krasznahorkai, dueño de una mirada que se aproxima al terror apocalíptico y la decadencia con esa mueca sombría tan sórdida como humana que esbozan sus protagonistas.
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