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Superhéroes para salvar el estado de bienestar

El Capitán América se suma a una campaña que combate el suicidio adolescente

 

ROBERTO ARNAZ

A pesar de que viven preocupados por usar sus superpoderes para hacer el bien, mantener oculta su identidad y combatir a malvados villanos, los superhéroes también tienen su corazoncito, y lo demuestran colaborando con causas sociales. Se acabó el luchar sólo contra seres de otro planeta, científicos locos o despiadados mutantes, ahora los principales enemigos de los grandes héroes del cómic son más mundanos: los suicidios, el paro o la crispación política, asuntos hasta ahora más propios del cine de Ken Loach que de la Marvel.

El último en bajar al mundo real ha sido el Capitán América, que ha aprendido que la crisis económica o la depresión son rivales más peligrosos que Cráneo Rojo. En el número especial Un poco de ayuda, el superhéroe más patriótico de Estados Unidos se las ingenia para evitar el suicidio de un adolescente harto de los devaneos amorosos de su madre, de recibir malas notas en el colegio y del rechazo de su novia. Una historia que se repite con demasiada frecuencia entre los jóvenes del país. Según los datos del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC), cada año acaban voluntariamente con su vida aproximadamente 4.400 menores, de los que el 84% son varones y sólo el 16% mujeres. "Los superhéroes libran muchas batallas, pero hay pocas que sean tan importantes como la lucha contra los suicidios", asegura Tom Brevoort, vicepresidente de Marvel.

La figura del héroe pretende ser una influencia positiva para el adolescente

El cómic relata la historia de un joven que está a punto de tirarse desde lo alto de un edificio, cuando se encuentra con el Capitán América en plena lucha con sus enemigos y, de repente, se convierte en la única esperanza para salvar al superhéroe.

Desde Marvel confirman que esta humanización se debe a que "ahora los superhéroes sufren más de cerca los problemas de la sociedad", a la vez que aseguran que ver que sus personajes preferidos pasan por los mismos problemas "refuerza el vínculo con los lectores". El psicólogo Tim Ursiny, que debuta en el mundo del cómic como guionista de esta historia de apenas 11 páginas, reconoce que "es fundamental ser conscientes de la influencia positiva que puede suponer para un adolescente la figura del héroe".

Peter Parker, álter ego de Spiderman, se quedó sin empleo en mayo

Sin embargo, el suicidio no es la única amenaza. El álter ego de Spiderman, el fotógrafo Peter Parker, se quedó sin empleo en mayo como consecuencia de la crisis económica. De nada le sirvió haberle echado una mano al presidente Obama el día de su investidura.

Justo hasta que en noviembre, de manera fortuita se encontró en el metro con el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que le ofreció un puesto en su gabinete, según reflejó el cómic de ocho páginas ¡Estás Contratado!. "A lo largo de nuestra historia hemos tratados temas tan espinosos como el suicidio, la adicción a las drogas o el abuso infantil", explica Brevoort, para quien esa vertiente social del héroe "es una de las razones por las que nuestros personajes continúan siendo relevantes".

Parece que los superhéroes se han olvidado por el momento de las amenazas del espacio exterior para centrarse en lo que pasa en su ciudad y su vecindario, y no sólo en las viñetas del cómic. Arropados por el éxito de la película Kick-Ass, una nueva hornada de vigilantes de carne y hueso se han lanzado a las calles de las principales ciudades estadounidenses para protegerlas de la violencia. Los integrantes de este movimiento, bautizado como Real Life Super Heroes, responden a nombres como DC Guardian, Citizen Prime, NYX o Knight Vigil. Algunos incluso tienen planta de héroe, como Phoenix Jones, el guardián de Seattle. A sus 22 años, este musculado joven afroamericano saltó a la fama hace nueve meses después de conseguir espantar a unos delincuentes que intentaban robar el coche por la fuerza a un hombre.

Jones trabaja por el día en una tienda de cómics y por la noche se enfunda su traje negro y amarillo fabricado en goma a prueba de balas para combatir la delincuencia. Sin embargo, a pesar de sus bíceps, su spray de pimienta y su pistola taser, el bien no siempre sale triunfante. El pasado fin de semana vio como le rompían la nariz mientras trataba de mediar en una pelea de bar entre dos hombres, uno de los cuales llevaba pistola. Para evitar males mayores, la policía ya ha pedido a este trabajador autónomo de la lucha contra el crimen que cambie la capa de superhéroe por un teléfono móvil, con el que la próxima vez debería avisar a los verdaderos profesionales.