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Talento, reconocimiento y falta de ayudas: así es nuestro cine de animación

Los éxitos internacionales de 'Klaus' y 'Buñuel en el laberinto de las tortugas' evidencian el buen momento de forma de nuestro país en el apartado de los dibujos. Un éxito que queda eclipsado por la falta de fondos que vive el sector.

'Buñuel en el laberinto de las tortugas'
Un instante en 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'.

La animación patria anda de enhorabuena. Klaus, una entrañable historia de amistad entre un cartero y un fabricante de juguetes, alcanzaba el pasado sábado un hito sin precedentes en nuestro país. La cinta, dirigida por Sergio Pablos, triunfó en los permios Annie, considerados coloquialmente como "los Oscar de la animación", al llevarse siete galardones, incluido el reconocimiento a mejor película.

Además, este largometraje de Netflix, el primero animado de la plataforma digital, también se llevó los premios de dirección, animación de personaje, diseño de personaje, diseño de producción, storyboarding y montaje. Ahí es nada. Una noche de ensueño sólo empañada por su derrota en los Goya, donde competía junto a Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo y Buñuel en el laberinto de las tortugas, adaptación en película de animación del cómic homónimo sobre la creación del documental Las Hurdes. Tierra sin pan.

Finalmente fue esta última producción la que se llevaría el ‘cabezón’ a mejor película de animación. Un galardón más para un exitoso palmarés que ya cuenta con el Premio del jurado en el Animation Film Festival de Los Ángeles y con el galardón de Mejor film de animación en los Premios del Cine Europeo. Todo eso ocurrió en una noche en la que la animación española presentó sus credenciales tanto a nivel internacional como dentro de nuestras fronteras. Dos trabajos excepcionales que evidencian el buen estado de forma pero que no logran eclipsar las enormes dificultades que tienen nuestros creadores a la hora de sacar adelante sus proyectos.

Para muestra, un botón; de toda la producción cinematográfica de 2019, los académicos goyescos tuvieron que cribar entre una cincuentena de documentales, eligiendo finalmente a cuatro, y entre 150 largos de los que sobrevivieron los cinco finalistas. En el apartado del cine de animación, en cambio, los datos fueron más bien exiguos: tan sólo recibieron tres candidaturas, Buñuel en el laberinto de las tortugas y Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo y Klaus. Poco o nada había que elegir; las tres candidatas pasaron a convertirse en las tres nominadas.

'Klaus'

Algo falla cuando el reconocimiento es creciente, el talento indudable y la competencia tan reducida. Pierre Roca, director del International Animation Summit, que congrega esta semana en Barcelona a lo más granado de la industria y a lo más prometedor de las aulas, apunta a diversas causas posibles. Por un lado, a una suerte de alergia a la coproducción, si en países como Francia o Bélgica numerosas producciones se llevan a cabo de forma conjunta, España ha sido tradicionalmente como un llanero solitario en términos de producción.

"Hoy día es casi imposible hacer un corto de forma unilateral, creo que es algo que poco a poco se ha ido entendiendo en nuestro país, a fin de cuentas un película de imagen real independiente puede rondar entre los 6 y los 10 millones de euros, mientras que la inversión en un largo de animación está entre los 12 y los 20 millones", apunta Roca. Unas cantidades difícilmente asumibles cuando el flujo de financiación procede de un único bolsillo.

Según el último Libro Blanco del sector, publicado en 2018 por la Federación de Animación Diboo, el presupuesto medio para este tipo de producciones se sitúa, en España, rondando los 12 millones de euros. Las ayudas, además, son irrisorias si las comparamos con otros países europeos. Si la media aquí por proyecto está en 25.000 euros, una producción holandesa podría recibir del Estado en torno a 400.000 euros en ayudas. 

Por otra parte, el hecho de no contar con una industria asentada, sino con profesionales que han ido haciendo la guerra por su cuenta, convierte a nuestro país en un lugar vulnerable ante los ciclos económicos. "La industria de países como Holanda, Bélgica, Inglaterra o Francia supo sobreponerse tras el batacazo del 2010, sin embargo en países como España, Italia o Grecia supuso un corte en la producción de la que, ahora, una década después comienzan a recuperarse".

Fotograma de 'Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo'.

Lo sabe bien Raúl García, el primer español que trabajó en Disney y que dejó su huella en producciones ya clásicas como La Bella y la Bestia, Aladdin, El Rey León, El Jorobado de Notre Dame, Hércules o Pocahontas: "Recuerdo que cuando pusimos en marcha Kandor Graphics en Granada hace una década, aquel estudio tenía vocación de continuidad, tal es así que cuando hicimos La dama y la Muerte, que luego se convirtió en el primer cortometraje de animación española en estar nominado a los Oscar, nuestra idea era seguir produciendo pero vino la crisis y no hubo modo de continuar".

Eran los tiempos Chico & Rita, la cinta que dirigieron Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando y que supuso nuestra puesta de largo en los Oscar al optar a una estatuilla por primera vez en el apartado de mejor película de animación. Principios de una era que era todo augurios, pero que se vio empañada rápidamente por la crisis económica. Ahora, una década después, vuelven los brotes verdes pero el sector teme que suceda de nuevo, que no sea más que "la suerte de los diez años".

Pierre Roca tiene razones para el optimismo. El director de L'Idem Barcelona se basa en la tradición de nuestra animación a la hora de plantear un escenario más o menos alentador. "Las majors americanas están orientadas a una audiencia muy familiar, en cambio la producción en España se ha dirigido históricamente a un público adulto y esto es muy interesante porque ahora se valora mucho más ese público en nuestro ámbito", apunta Roca.

Boceto para 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'.

Talento a espuertas

Tanto Raúl como Roca, ambos desde su experiencia profesional, inciden en la creciente profesionalización y el indudable talento que tienen los animadores españoles. Un talento hasta la fecha con tendencia a subirse al avión y emigrar pero que, de un tiempo a esta parte, está encontrando la posibilidad de dar rienda suelta a sus conocimientos jugando de local: "Cada vez son más los productores a la caza del talento autóctono, y lo mejor es que son proyectos que se van a desarrollar en casa, esto es algo importantísimo porque va generando un caldo de cultivo interno muy necesario", explica Roca.

Raúl, por su parte, más allá de reconocer y congratularse por la buena marcha de nuestra cantera, incide en la importancia de una figura de la que, por desgracia, adolece nuestro país: "Es muy importante el talento, algo que afortunadamente no nos falta, incluso llevando a cabo tareas que anteriormente no desempeñábamos ya que éramos por lo general mano de obra barata en el sector, ahora en cambio ocupamos espacios más especializados, pero lo que seguimos sin tener es esa figura del productor que pelee las batallas que hagan falta por conseguir fondos". Así el dibujante se dedicará a lo que mejor saber hacer: dibujar.