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The Black Keys agitan su cóctel de rock, blues y funk en Madrid

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Brío y distorsión guitarreros, una percusión explosiva, rock, blues y funk, todo eso agitado, que no removido, ha dado de sí esta noche el único concierto en España de la banda de rock del momento en EEUU, The Black Keys, que han recalado en Madrid para actuar ante unas 16.000 personas.

De 'Howlin' for you' a 'Everlasting night', sin olvidar su último gran éxito internacional, el contagioso 'Lonely boy' (chico solitario), el dúo formado por Dan Auerbach (voz y guitarra) y Patrick Carney (percusión) ha tirado millas durante hora y media en un viaje sin vuelta atrás ni paradas, de Nueva Orleans a Los Angeles, haciendo bueno el título de su último trabajo, 'El camino'.

¿Pero de dónde surge el repentino estrépito por este grupo que lleva publicando discos desde hace más de una década?

The Black Keys surgieron a principios del siglo XXI, en medio de una oleada de bandas que recuperaron la vigencia del rock y, pese a su lenta evolución, han demostrado una mayor perdurabilidad que muchos de sus más llamativos compañeros de promoción, algunos ya desaparecidos (The White Stripes) y otros desahuciados del gancho demostrado en sus primeros discos (The Strokes).

Su estilo, que al principio cumplía a rajatabla los parámetros del garage rock (grabaron su debut 'The Big Come Up' y álbumes sucesivos en el sótano de Carney), se mueve entre ese tipo de rock sucio y testicular, el blues clásico y las cadencias más cercanas al funk electrificado que podría musicar un filme de Quentin Tarantino.

En total, poseen siete discos de estudio, aunque el repertorio de hoy ha estado compuesto básicamente por temas de los dos más recientes.

Por un lado, 'Brothers' (2010), que les deparó tres premios Grammy, a destacar el de mejor interpretación de un dúo o grupo por 'Tighten Up' y el de mejor álbum de música alternativa.

En esa progresión ascendente, 'El camino' (2011) les llevó a su posición más alta en ventas en EEUU (número 2) y tras su lanzamiento fue considerado por numerosos críticos musicales como uno de los mejores trabajos del último año.

Así han alcanzado una categoría que hoy les ha permitido actuar no en un pequeño club, sino en el Palacio de los Deportes de Madrid con todas las entradas agotadas, una hazaña que superaron al vender en apenas 15 minutos todo el aforo de su concierto en el Madison Square Garden de Nueva York.

Esta noche, como en todas las de la gira, 'Howlin' for you' ha sido el tema escogido para darle al arranque una potencia festiva, con las atronadoras descargas en la batería de Carney, que ocupa no en vano un lugar tan destacado como el del vocalista.

Con 'Run Right Back', miles de puños han emergido golpeando el aire bajo el galopante ritmo del primer tema de la velada extraído de 'El camino'.

'¡Cantad con nosotros!', pedía Auerbach desde el micrófono antes de entonar 'Dead and Gone', con su espíritu de huida por paisajes agrestes del Medio Oeste.

Él mismo se encaminaba después hacia el público y, con porte chulesco y una imposible camisa negra de flecos blancos, se ha marcado un breve solo de guitarra, la introducción a 'Gold on the ceiling', en el que su guitarra manda y gruñe como el motor de una ranchera por la Route 66.

Sin la asistencia de los dos músicos que les acompañan en las giras al bajo y a los teclados, han acometido entonces con puro músculo uno de sus temas más tempranos, 'Thickfreakness', que daba título a su segundo álbum.

Entre tanto ímpetu, se han agradecido las cadencias más sugerentes de 'Girl on my mind' o la dylaniana 'Little Black Submarines', que el público ha aplaudido efusivamente a su término, igual que el final 'interrptus' de 'Ten Cent Pistol'.

Pero han sido la premiada 'Tighten up' y sobre todo 'Lonely boy' las que han devuelto el movimiento a la masa congregada en la pista, con sus líneas de bajo ágiles y rimbombantes y un estilo descarado, excéntrico incluso, el mismo que les permite desplegar una inmensa bola de discoteca para el fin de fiesta.

Así, con 'I got you', 'Everlasting light' y un luminoso con su nombre al más puro estilo bar de carretera han echado por fin el freno a esta carrera de bólidos que contó con unos copilotos de excepción, los británicos The Maccabees como teloneros.